ETAPAS DURAS
Por Miguel Leal Cruz
Ya hemos aludido a una de las Leyes impuestas por el régimen del general Franco que con más contundencia fue aplicada (sin miramiento alguno) entre los súbditos españoles del momento (que osaran o pretendieran vulnerar la normativa impuesta): La Ley de Peligrosidad Social (derivada de la llamada de Vagos y Maleantes, como se ha dicho) Mas, el temor a esta ley era mínimo (asimilada a un niño de pecho, decían) si comparamos con el Decreto-Ley surgido a iniciativa del mismo general en Burgos, el 13 de septiembre de 1936, que declaraba ilegales a todos los partidos políticos, agrupaciones sociales y demás organizaciones que integraban el Frente Popular. Esta represiva norma fue reforzada en 1939 con la llamada Ley de Responsabilidades Políticas, que daría a la jurisdicción militar específica amplios poderes para juzgar a aquellos más comprometidos con el bando republicano (legal) que se opusieron con responsabilidades de mando al llamado Nacional. De aquí surgiría el Tribunal de Orden Público (TOP) modificada en 1963 y en vigor como instrumento represivo hasta el año 1976 para ser paulatinamente desmantelado a lo largo de los primeros momentos de la transición política (pero cuyas normas y costumbres permanecieron en algunos lugares, ocurría con las preceptivas firmas de amnistiados en las Comisarías por motivos políticos hasta bien entrado 1977)
De esta última etapa recordamos con destino en la Ciudad Condal, cómo cualquier motivo (que supusiera una sospecha de ser un acto anti-régimen) era suficiente para que la Brigada Político Social (BIS) se pusiera en funcionamiento inmediato, ya fueran cantantes, profesores, artistas o estudiantes. Como integrante de la misma (por poco tiempo) se apreció cómo el llamado Grupo Séptimo interrogaba a una estudiante que apenas llegaba a 16 años (menor de edad penal) sin tortura física aparente, para que dijera quién o quiénes había arrojado octavillas de “propaganda ilegal” en la Plaza de la Universidad y proximidades. Como quiera que la misma no decía nada (además era norma entre estudiantes en similar situación), la colocaron sobre una silla de pie y la dijeron que así permanecería hasta que “hablara”. Al principio lo tomó con calma pero a medida que pasaban las horas tornó en disgusto para convertirse en auténtica tortura. Como maestro de escuela que fuimos no logré soportar aquello y no pude por menos que marchar del lugar totalmente conmovido (y desilusionado).
Pocos días después desde dicha Brigada los mandos de dicho Grupo apremiaban (a la hora de salida) para subir al interior de una gran y lujosa “limusine” americana de color negro con la misión de ir a “detener comunistas”, cuya “célula” había sido detectada y denunciada por un confidente en un sector de la ciudad. Dije a uno de los jefes de la brigada, llamado un tal Nene (pro régimen hasta la médula que tenía una bala alojada cerca del corazón, herencia de la guerra “incivil”, pero permaneciendo vivo hasta aquel momento) que no podía ir porque esperaba mi novia afuera en el coche estacionado sobre la acera. A los pocos días fui relevado de la Brigada (no habían transcurrido tres meses) sin que se me dijera la causa, pero sí me causó cierta alegría que recordamos transmitía a otro que también había sido rebotado por “tibio”, decían. Más tarde superada la transición me alegraría aún más…, pero…
En la universidad sita en Pedralbes, estaba matriculado en Filosofía por aquellas fechas (me daba clases Julían Marías padre y un tal Palomeque Torres , este último caído en desgracia porque los estudiantes le descubrieron determinadas actuaciones políticas anti catalanas en su próximo pasado) presenciamos como dos policías del llamado Grupo de estudiantes, eran reconocidos como tales en la barra del bar universitario, a los que llamaron “cabrones fascistas”. Lograron huir, pero rodeados uno de ellos disparó al techo con su arma reglamentaria y así evitó el linchamiento hasta la llegada de refuerzos (estacionados siempre en lugar próximo) requeridos por alguien. Los mismos habían estado momentos antes en una asamblea ilegal celebrada en una de las aulas para, en consecuencia, informar a la Superioridad en la citada Brigada política. En la Central de la Avenida de José Antonio, otros dos estuvieron a punto de ser aplastados por un gran y pesado banco de madera arrojado por estudiantes díscolos desde la segunda planta hasta el patio dónde aquellos se encontraban (cientos de anécdotas universitarias que trataré de plasmar en una determinada edición)
Sin embargo, hallándonos en la Comisaría del distrito Sur, como jefe del servicio teníamos que “hacer desaparecer” cientos de banderas rojas (pegadas a un palo c/u) intervenidas en una manifestación, y como no era tarea fácil dejamos gran parte de las mismas en los puntos de recogida de basura próximos. A los pocos días comenzaron a aparecer por El Paralelo y aledaños jóvenes (de ambos sexos) vestidos con camisas o blusas rojas cuya similitud con la tela de las banderas (en la tierra de la industria textil) era para sospechar por que no era precisamente el color que más furor hacían en la época, pero…
En otra de las numerosas manifestaciones anti-régimen recordamos (por cierto se fijaba la hora por panfletos repartidos en los barrios obreros y en poco más de quince minutos, una determinada calle vacía (elegida) se llenaba totalmente de “elementos disidentes”, con desafío a las fuerzas de Orden Público (Policía Armada a pie) pero apoyada por fuerzas motorizadas y muchos “policías secretas”, cómo el conductor del vehículo en que íbamos fue rodeado siendo necesario hacer uso de armas reglamentarias con tiros al aire, pero el citado conductor, en un despiste, fue golpeado con el pesado teléfono del propio vehículo policial a donde unos manifestantes habían logrado llegar (con las manos). Intentó disparar a bulto siendo evitado por otro componente de la patrulla (pero que si llega a hacerlo no pasaba nada en aquellos tiempos). Si bien hacemos constar que unos veinte o treinta Policías armados con porras, gases, escudos y otras armas, lograban dominar y doblegar a más de mil quinientas personas (casi siempre), con cientos de detenidos.
Pero más llamativo resultó el incidente habido durante una manifestación (autorizada) ¡¡de policías!! por la Vía Layetana barcelonesa, convocada como consecuencia del asesinato de otro policía en Madrid durante el Primero de mayo de 1973. A esta manifestación se sumó toda clase de elementos adictos, franquistas y asimilados (requetés, falangistas, somatenes y otros) que aprovecharon la ocasión para demandar aumento salarial (que sí surtió auténtico efecto). Transcurría sin novedad por la citada calle hasta Correos cuando un despistado se coló en la misma preguntando sí aquello era anti régimen, de ORT, comunista o de la CNT. Recibió tal cantidad de golpes, patadas y palos (con porra metálica americana de bolsillo) que aún se ignora como pudo salir vivo de allí “el rojo y atrevido elemento” como se decía.
Recordamos que no fue detenido él mismo porque aquello más bien causaría risa en el juzgado correspondiente del TOP (a pesar de la nefasta seriedad que implicaba dicho tribunal)
*La Gaceta-El Mundo, dic. 2006
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20 de julio de 2011
Ley Franquista y moralidad
Por Miguel Leal Cruz
El régimen del General Franco (1938-1975) se basó en dos o tres leyes políticas claves (inventadas por él en Burgos al finalizar la guerra incivil entre españoles) junto a otras creadas más tarde como relleno (Leyes Fundamentales)
Durante la etapa final de su prolongado mandato, a partir de 1969 (ya con Ley de Prensa o Ley Fraga) hacían furor dos disposiciones muy duras: La Ley de Peligrosidad Social y la de Orden Público. La primera llamada también “Vagos y Maleantes”, daba cobertura a la Policía (en general) para cometer las mayores injusticias y contrafueros con vulneración jurídica de todo tipo (jamás igualada en estados normales de derecho), que hoy espantarían a los mismos franquistas demócratas de toda la vida, ahora.
Hallándonos en una de las diferentes unidades de destino (no en lo universal) en la llamada Ciudad Condal mediterránea, la Superioridad ordenaba que cada sábado se efectuaran redadas policiales (a bulto) bajo tres prismas: Homosexuales, prostitutas o delincuentes callejeros. En la primera de aquellas y como responsable del servicio en uno de los distritos más “inmorales” de la amplia ciudad, cumplimentábamos la referida Ley de Vagos y Maleantes aplicada a varios detenidos por homosexualidad. Entre aquellos que traían a Comisaría los diferentes coches patrullas destacó sobremanera uno especialmente que nada más entrar en las dependencias policiales pidió hablar con el jefe. Atendido que fue prontamente apuntaba que él era A. Alirio… el director del Ballet Nacional Español y que su detención era un error y un abuso de autoridad…Requerido el jefe de la patrulla que lo detuvo (al que dijimos que cómo nos complicábamos la vida con aquello..) replicó: ¡…pero es que fue sorprendido en el cine Arnaut agarrado al falo de otro de los detenidos al que le hacía un felat…! El inmoral no se arredró y dijo que quería hablar con el Comisario Jefe. Se le apunto que se encontraba ante el Jefe y que a aquella hora de la madrugada el máximo responsable se hallaba ausente. Pero insistió y ante el temor profesional de “que nos metieran en un lío con el consiguiente paquete” (por qué a pesar de nuestra prudencia me cayeron varios que analizaré en un libro, meticulosamente), le pregunté ¿Usted quiere que llame a don A, para ver su caso…? … “A sus órdenes don A.” ¡Coño Leal ¿para qué me llama a esta hora…Usted decide?! Sí, pero esto es diferente… ¡Qué se ponga! Hablaron un par de minutos y al final tras discusión con el responsable máximo, éste ordenó: ¡¡ Métalo en el calabozo, ya y junto con los demás, pero ya!! Obvio por que este jefe policial (qepd) era un amante de la noche barcelonesa y odiaba a los invertidos, maric.. y otras hierbas.
El hombre, un italiano traído por “el yernísimo” (el Barnard español) para hacerse cargo del citado Ballet Nacional (que fue protagonista de una película muy polémica para aquellos tiempos) pronunciando fuertes improperios bajó a los calabozos en la IX Cía. donde sería custodiado por la Policía Armada (grises entonces) hasta la mañana siguiente en que con una pequeña acta-declaración que firmaban los detenidos con el Inspector de Guardia, pasaban a Jefatura y desde allí hasta la prisión (sin trámite judicial intermedio) dónde habrían de permanecer tres meses (llamado un Quinto) invariablemente que es lo que tipificaba la citada Ley ¿de peligrosidad social?
Pero es que estas normas contra la moralidad alcanzaban casi todos los actos de la vida española del momento (aunque había dos o tres varas de medir)
Nos viene al recuerdo otro incidente “atentatorio a aquella moralidad impuesta” por el que un Policía Municipal (llamados Guindillas) al hacer la ronda por las playas de “los Baños de San Sebastián” (hoy totalmente desconocidos) de la ciudad condal, sorprendió a un bañista que sentado en un muro tenía fuera del Meyba (prenda muy al uso) un testículo, al parecer sin saberlo como dijo ante el Inspector de Guardia. El agente municipal procedió prontamente a la detención del “inmoral infractor” y presentarlo en la Comisaría y allí había que soportar el espectáculo dialéctico entre el agente de la autoridad y el inmoral bañista para terminar en una denuncia administrativa que haría reír hoy a más de uno (todo pasaba por la Policía de entonces, pero a veces era judicial, llamado un Marrón en la jerga).
Pero, como se dijo había diferentes formas de hacer uso de aquella normas morales impuestas, y así recordamos con cierta añoranza e interés (profesional) unas lujosas casas de cita en las que se reunía lo más granado de la sociedad… (y con varias cámaras ocultas para la Policía)
La Franca en las faldas del Montjuich, el Nido de Oro y otras (pensiones toleradas) por San Pablo, Atarazanas, Robador, Hospital y demás lugares, a más de las lujosas en el barrio de San Gervasio (en la ciudad española que más se aproximaba a las europeas del momento por su talante progresista dentro del Régimen y a veces comparada con Marsella, Fr).
Habremos de recordar, en la década de los setenta, las lujosas salas de fiesta en plena dictadura: Mr. Dollar (en Sarria), el New York junto a Las Ramblas, dónde había desnudos femeninos con cierto decoro, pero del sida (o del ébola) no se tenía ni idea en aquellos momentos aunque sí las blenorragias, gonorreas o "purgaciones" (también sarna en ambientes promiscuos inferiores) que se curaban con penicilina (puesto que se contraían a pesar del uso del preservativo, no preceptivo como ahora)
Mas, eran numerosas las intervenciones policiales por estos hechos frecuentes en diferentes lugares de “degradación moral”.
En las Comisarías surgían acontecimientos convertidos en rico anecdotario como pudiera ser (con frecuencia) el encuentro casual (en aquellas lujosas casas de cita con espejos a cuatro paredes, enorme cortinaje y camas “Luis XIV” de ébano) entre un caballero que con su amiga topaba (y nunca mejor dicho) con su señora acompañada de otro señor desconocido para él; y claro normalmente aquello terminaba, primero en Comisaría, luego en el Juzgado y más tarde en separación vergonzosa para aquellas fechas, en las que a veces intervenía no sólo el Tribunal de la Rota sino el mismo Pontífice (y no es exageración).
En fin, escribimos el más que anunciado libro sobre hechos profesionales similares y sus comentarios (que nos avivan la imaginación para argumentos a describir en el mismo), con el máximo respeto a las normas en vigor y todas las que rigen el periodismo de investigación.
El régimen del General Franco (1938-1975) se basó en dos o tres leyes políticas claves (inventadas por él en Burgos al finalizar la guerra incivil entre españoles) junto a otras creadas más tarde como relleno (Leyes Fundamentales)
Durante la etapa final de su prolongado mandato, a partir de 1969 (ya con Ley de Prensa o Ley Fraga) hacían furor dos disposiciones muy duras: La Ley de Peligrosidad Social y la de Orden Público. La primera llamada también “Vagos y Maleantes”, daba cobertura a la Policía (en general) para cometer las mayores injusticias y contrafueros con vulneración jurídica de todo tipo (jamás igualada en estados normales de derecho), que hoy espantarían a los mismos franquistas demócratas de toda la vida, ahora.
Hallándonos en una de las diferentes unidades de destino (no en lo universal) en la llamada Ciudad Condal mediterránea, la Superioridad ordenaba que cada sábado se efectuaran redadas policiales (a bulto) bajo tres prismas: Homosexuales, prostitutas o delincuentes callejeros. En la primera de aquellas y como responsable del servicio en uno de los distritos más “inmorales” de la amplia ciudad, cumplimentábamos la referida Ley de Vagos y Maleantes aplicada a varios detenidos por homosexualidad. Entre aquellos que traían a Comisaría los diferentes coches patrullas destacó sobremanera uno especialmente que nada más entrar en las dependencias policiales pidió hablar con el jefe. Atendido que fue prontamente apuntaba que él era A. Alirio… el director del Ballet Nacional Español y que su detención era un error y un abuso de autoridad…Requerido el jefe de la patrulla que lo detuvo (al que dijimos que cómo nos complicábamos la vida con aquello..) replicó: ¡…pero es que fue sorprendido en el cine Arnaut agarrado al falo de otro de los detenidos al que le hacía un felat…! El inmoral no se arredró y dijo que quería hablar con el Comisario Jefe. Se le apunto que se encontraba ante el Jefe y que a aquella hora de la madrugada el máximo responsable se hallaba ausente. Pero insistió y ante el temor profesional de “que nos metieran en un lío con el consiguiente paquete” (por qué a pesar de nuestra prudencia me cayeron varios que analizaré en un libro, meticulosamente), le pregunté ¿Usted quiere que llame a don A, para ver su caso…? … “A sus órdenes don A.” ¡Coño Leal ¿para qué me llama a esta hora…Usted decide?! Sí, pero esto es diferente… ¡Qué se ponga! Hablaron un par de minutos y al final tras discusión con el responsable máximo, éste ordenó: ¡¡ Métalo en el calabozo, ya y junto con los demás, pero ya!! Obvio por que este jefe policial (qepd) era un amante de la noche barcelonesa y odiaba a los invertidos, maric.. y otras hierbas.
El hombre, un italiano traído por “el yernísimo” (el Barnard español) para hacerse cargo del citado Ballet Nacional (que fue protagonista de una película muy polémica para aquellos tiempos) pronunciando fuertes improperios bajó a los calabozos en la IX Cía. donde sería custodiado por la Policía Armada (grises entonces) hasta la mañana siguiente en que con una pequeña acta-declaración que firmaban los detenidos con el Inspector de Guardia, pasaban a Jefatura y desde allí hasta la prisión (sin trámite judicial intermedio) dónde habrían de permanecer tres meses (llamado un Quinto) invariablemente que es lo que tipificaba la citada Ley ¿de peligrosidad social?
Pero es que estas normas contra la moralidad alcanzaban casi todos los actos de la vida española del momento (aunque había dos o tres varas de medir)
Nos viene al recuerdo otro incidente “atentatorio a aquella moralidad impuesta” por el que un Policía Municipal (llamados Guindillas) al hacer la ronda por las playas de “los Baños de San Sebastián” (hoy totalmente desconocidos) de la ciudad condal, sorprendió a un bañista que sentado en un muro tenía fuera del Meyba (prenda muy al uso) un testículo, al parecer sin saberlo como dijo ante el Inspector de Guardia. El agente municipal procedió prontamente a la detención del “inmoral infractor” y presentarlo en la Comisaría y allí había que soportar el espectáculo dialéctico entre el agente de la autoridad y el inmoral bañista para terminar en una denuncia administrativa que haría reír hoy a más de uno (todo pasaba por la Policía de entonces, pero a veces era judicial, llamado un Marrón en la jerga).
Pero, como se dijo había diferentes formas de hacer uso de aquella normas morales impuestas, y así recordamos con cierta añoranza e interés (profesional) unas lujosas casas de cita en las que se reunía lo más granado de la sociedad… (y con varias cámaras ocultas para la Policía)
La Franca en las faldas del Montjuich, el Nido de Oro y otras (pensiones toleradas) por San Pablo, Atarazanas, Robador, Hospital y demás lugares, a más de las lujosas en el barrio de San Gervasio (en la ciudad española que más se aproximaba a las europeas del momento por su talante progresista dentro del Régimen y a veces comparada con Marsella, Fr).
Habremos de recordar, en la década de los setenta, las lujosas salas de fiesta en plena dictadura: Mr. Dollar (en Sarria), el New York junto a Las Ramblas, dónde había desnudos femeninos con cierto decoro, pero del sida (o del ébola) no se tenía ni idea en aquellos momentos aunque sí las blenorragias, gonorreas o "purgaciones" (también sarna en ambientes promiscuos inferiores) que se curaban con penicilina (puesto que se contraían a pesar del uso del preservativo, no preceptivo como ahora)
Mas, eran numerosas las intervenciones policiales por estos hechos frecuentes en diferentes lugares de “degradación moral”.
En las Comisarías surgían acontecimientos convertidos en rico anecdotario como pudiera ser (con frecuencia) el encuentro casual (en aquellas lujosas casas de cita con espejos a cuatro paredes, enorme cortinaje y camas “Luis XIV” de ébano) entre un caballero que con su amiga topaba (y nunca mejor dicho) con su señora acompañada de otro señor desconocido para él; y claro normalmente aquello terminaba, primero en Comisaría, luego en el Juzgado y más tarde en separación vergonzosa para aquellas fechas, en las que a veces intervenía no sólo el Tribunal de la Rota sino el mismo Pontífice (y no es exageración).
En fin, escribimos el más que anunciado libro sobre hechos profesionales similares y sus comentarios (que nos avivan la imaginación para argumentos a describir en el mismo), con el máximo respeto a las normas en vigor y todas las que rigen el periodismo de investigación.
24 de junio de 2010
WEYLER. HOMBRE O DEMONIO Cap.V
LIBRO PROYECTADO SOBRE Valeriano WEYLER
BORRADOR
TAPA PARA EL LIBRO
BORRADOR
TAPA PARA EL LIBRO
Tapa posterior (en fase de diseño)
Leyenda sinóptica con imagen de fondo y en recuadro, trochas, carga mambisa, incendio tea, destrucción bienes económicos.
Y Maine.
METODOLOGÍA PARA ESTA EDICIÓN A SEGUIR EN TODO EL CONTEXTO.
INTERCALAR PRENSA DE LA ÈPOCA: CONTRASTAR DOCUMENTOS.
DOCUMENTACIÓN DIPLOMÁTICA EN ESPAÑA, CUBA Y ESTADOS UNIDOS. FUENTES CUBANAS, FUENTES ESPAÑOLAS.
AÑADIR OTRAS NOTAS DE A PIE DE PÁGINA…
PERIODISMO HISTÓRICO
Periodismohistoricosl.blogspot.com
Prólogo.
José Manuel Clar Fernández
CONTENIDO PREVIO EN CAPÍTULOS
BORRADOR
A MODO DE INTRODUCCIÓN.
I.- VALERIANO WEYLER: ORIGEN, INFANCIA Y FORMACIÓN MILITAR.
II.- MISIONES EN SANTO DOMINGO Y CUBA. CAPITANÍA DE CANARIAS (18--) Y DE FILIPINAS (18--).
Campaña Santo Domingo, amistad profesional con Máximo Gómez. Asedio de Bayamo, Cuba.
SC Tfe. Construcciones militares. Edificio Capitanía, y otros aledaños. Marquesado. Relaciones sociales. Plaza…
III.- GUERRA DE CUBA (1895-98). PROTAGONISMO MÁXIMO
(aspectos ya analizados, que serán parcialmente reestructurados)
A.-ANTECEDENTES PREVIOS AL PROCESO.
B.-GUERRA DE INDEPENDENCIA CUBANA
C.-WEYLER EN CUBA, ÉXITOS PRELIMINARES
D.- GUERRA TOTAL A LA DESESPERADA: MACEO Y GÓMEZ
E.-POLÍTICA DE RECONCENTRACIÓN. TROCHAS Y POBLACIÓN RURAL
IV.-CESE DE WEYLER. PRENSA USA Y AFFAIRE MAINE
V.-PREVISIBLE FINAL BÉLICO SIN LA INJERENCIA USA.
VI.-EFECTOS DE LA PÉRDIDA DE CUBA EN CANARIAS.
VII.-WEYLER EN ESPAÑA, MINISTRO DE LA GUERRA.
Contactos con El Rey, en torno a Primo de Ribera, prensa, Javier Tussel, Secundino y Nicolás. Millán Astray.
VIII.- CAPITANÍA GRAL. DE CATALUÑA. SEMANA TRÁGICA.
IX.-ANÁLISIS POLÍTICO, DESDE PERSPECTIVA HISTÓRICA Y PERIODÍSTICA. ETAPA FINAL DE SU VIDA.
CONCLUSIÓN.
Otro capítulo decisivo.
(ahora en estructura)
V.-PREVISIBLE FINAL BÉLICO SIN LA INJERENCIA USA.
Al hilo de lo expuesto en capítulo precedente, y ya cesado Weyler, sustituido por el Gral. Blanco, y lejos aún la imprevisible intromisión bélica directa de EE.UU, desde Madrid con fecha 15 de noviembre de 1897, la Regente María Cristina, a instancia de los liberales en el poder tras el asesinato de Cánovas en San Sebastián, firmaba para Cuba varios Reales Decretos de inmediata aplicación.
Se pretendía con urgencia retomar las riendas en la política cubana, tras desesperada guerra. Disposiciones estas que hacían extensivo a los cubanos los mismos derechos que los españoles tenían en territorio nacional, y con igual efecto a los que establecían las leyes electorales. Asimismo se establecía la reformulación del proyectado gobierno autónomo en la isla, una vez que las Cortes lo aprobaran. VER PRENSA AL RESPECTO…
Este encomiable deseo de buena voluntad para contentar a los cubanos y mantener la administración en la isla, tras los recientes enfrentamientos entre disidentes y españoles, llegaría tarde como se apunta anteriormente.
Philips S. Foner, citado, analiza con meticulosidad este polémico proceso al seguir los acontecimientos desde cronología de los hechos; y a partir de la firma de los citados decretos por la Reina María Cristina, bajo directriz del gobierno de Sagasta. Dice este historiador americano que uno de los decretos del Gobierno español establecía la mecánica (sic) a seguir para el gobierno autónomo, para la isla antillana, tenía previsto un Consejo de Administración de 35 miembros, y una Cámara de Representantes, elegida por los votantes más calificados de la isla, de los que 17 del Consejo serían electos; dieciocho nombrados por el Gobernador General y todos ellos a la espera de la decisión desde Madrid con visto bueno de la Corona. Igualmente, el Parlamento cubano tendrá poder para legislar en materia de justicia, de orden público, de hacienda, obras públicas, educación, agricultura, administración civil; así como en distribución provincial, municipal y judiciaria, salud pública, crédito oficial, banca y sistema monetario en base a la peseta…
El Gobernador General, a elegir, estará al mando del ejército y la armada y, también, podrá legislar aspectos concernientes a “la colonia”; podrá suspender el Parlamento a elegir, por un periodo máximo de tres meses, e incluso podría vetar cualquier disposición o ley que afectara el “interés nacional”. Se aprecia la prudencia del Gobierno español progresista a la hora de conceder demasiados poderes a instituciones autónomas que fueran, en principio, netamente cubanas.
Desde la edición española de Foner, La guerra hispano-cubano-americana y el nacimiento del imperialismo norteamericano (1895-1902), traducida por Encina Bodegón Velasco desde el original, editada por Akal (Nota Akal, editor, Barcelona 1975) se dice: El gobierno interior retendría el derecho a determinar el “gasto soberano” de la isla. Los tratados de comercio que afectasen a Cuba serían hechos por Madrid, “con la cooperación de delegados especiales debidamente autorizados por el gobierno colonial”. El reparto de España y Cuba de la presente deuda nacional, así como la que se derivase aún de la supresión de la insurrección, sería determinada por las Cortes españolas. Cuba y España tendrían iguales poderes en el establecimiento de reducciones mutuas de aranceles. (Nota) Foner, La guerra hispano-cubano-americana y el nacimiento del imperialismo norteamericano. 1895-1902, citado, p. 151, que el autor toma de fuentes diplomáticas: United States Foreing Relations Reports, 1898, p. 616 y s.
España con su gobierno liberal intuía que si se concedía una amplia autonomía a Cuba, aceleraría de paso otro inmediato proceso de carácter emancipador, extensivo a su vez a posesiones en el Caribe, Puerto Rico, o en el Pacífico, Filipinas, Marianas, Carolinas o Palaos, sospechando también que influyera en determinadas instituciones de Islas Canarias con mismo fin. De ahí que esta incipiente proceso autonómico para Cuba fuese mal acogido por mayoría de cubanos, sino por la administración norteamericana que no cejaba en su plan de anexionar o en todo caso influir en la “Mayor de las Antillas” en pro de sus importantes intereses económicos en la misma isla desde casi 20 años antes.
Es por esto que todo este ritual “autonomista” con reformas políticas, incluso inferiores, según Foner (que igualmente recoge Hugt Thomas) NOTA, a las que disfrutaba Canadá como posesión británica, finalmente resultó tan poco aceptable para cubanos y residentes en la isla, que realmente fue inviable. Alegaban los detractores que en todos los supuestos España retenía la autoridad decisoria y ejecutiva final.
Mantiene Foner que “incluso si España hubiera sido más sincera en mantener los principios de autogobierno, éstos habrían llegado demasiado tarde y, además, insuficientes”. Lo cierto es que la autonomía no prosperaba; el partido político NOTA que la había propugnado y defendido, decaía paulatinamente y que en La Habana, en aquel momento, no llegaban a 50 los integrantes del mismo que estuvieran de acuerdo en su viabilidad. A decir de Máximo Gómez, artífice en la guerra, desde Key West, señalaba en un artículo de prensa independentista, periódico El Yara, que España acudía a los autonomistas para salvar la crisis…, porque estos no tenían apenas influencia entre la mayoría del pueblo cubano víctima de reciente y cruel guerra…
Blanco, el sucesor de Weyler en el mando por las circunstancias apuntadas ajenas a nuestro protagonista, en su conciliatoria y buena intención para con los rebeldes cubanos, invitándoles a deponer las armas y aceptar la autonomía, fracasaron estrepitosamente. La prensa norteamericana, siempre litigiosa y anti-española, llegó a publicar que el general Blanco extrajo del Banco de La Habana la cantidad de 380.000 dólares para “convencer” a loslíderes cubanos en la Provincia de Santa Clara, según George W. Auxier, que cita Foner, y a los que se ofertaba puestos de mando en el ejército español. La negativa de Máximo Gómez a aceptar cualquier fórmula que no fuese la independencia, a su vez era avalada por la administración norteamericana, también interesada en la contienda.
Gómez, que como queda dicho fue compañero de armas de Weyler en Santo Domingo, año 186--, llega a decir que entre este y Blanco es difícil determinar cual de los dos era más indigno. Comentarios de despecho hacia la táctica militar de Weyler a la que tuvo que enfrentar con reconocido temor en el campo de batalla centro-oriental durante todo el año 1896 y principios de 1897. Consecuencia del asedio a que fue sometido por Weyler, indirectamente fue causa en la muerte de su homónimo Maceo en la localidad de San Pedro, cuando este se dirigía al auxilio de las huestes de Máximo Gómez, cuya presencia física demandó hallándose en Pinar del Río, ante el incesante acoso del general español en el otoño de 1896. NOTA MI LIBRO CANARIAS CUBA…
El enfrentamiento bélico, ideológico o político entre ambas opciones, la española con la autonomía y la cubana de abierta oposición, persistía para estas fechas, hasta el extremo que desde el bando insurreccional se publicó una orden por la que sería fusilado cualquier emisario español que intentara sobornar o aleccionar a alguno de los jefes cubanos rebeldes… Esto se plasmó en algunos hechos determinados como el sufrido por el coronel español Joaquín Ruiz, enviado por el general Blanco para poner en conocimiento de los insurrectos la concesión de la autonomía por el gobierno español; fue capturado, considerado prisionero de guerra y, más tarde ejecutado a pesar que era portador de derecho de inmunidad como enviado a parlamentar…; según datos de valija del Departamento de Estado USA, La Habana, el 8 de enero de 1898, Nacional Archives. VER PRENSA ESPAÑOLA, por nexos con otra causa...
España y su Gobierno, a pesar de que su proyecto autonómico no era aceptado en casi ningún sector de la sociedad cubana ni en sus estructuras económicas (la mayoría en manos de españoles) persistió en su ideado plan de formar un Gobierno cubano autónomo. Y aquí aparece nuevamente el quehacer y la personalidad de Valeriano Weyler.
El primer gabinete cubano autónomo, conformado y a iniciativa de Ramón Blanco, con directriz y visto bueno del gabinete Sagasta en Madrid, tomó posesión el 1 de enero de 1898 + seguir a Foner, 183, porque, al objeto de agradar a los cubanos y convencerles del peligro de una emancipación de España, para caer bajo el poder norteamericano, se excluyó a cualquier miembro del Partido Conservador cubano seguidores de la línea dura que patrocinaba Weyler con los más ultra españoles. La buena intención de Blanco fracasó seguida de disturbios callejeros al mando de destacados funcionarios españoles que recorrían La Habana al grito de “Muerte a la autonomía”, “Viva Weyler y abajo Blanco”. Pareciera una reacción desesperada ante lo inminente del previsible fracaso que pudiera conducir a mayores perjuicios a España que las propias guerras pasadas, junto al litigio larvado en este momento. Estos manifestantes ultras atacaron las oficinas de aquellos periódicos que de buena fe abogaron por la ya implantada autonomía desde enero del presente año, 1898. Asimismo se manifestaron ante las representaciones consulares, incluida la de EE.UU, que fueron responsables y admitieron esta salida de la crisis en evitación que continuara la guerra.
Desde el Ministerio de Asuntos Exteriores norteamericano, se informaba con exageración de estos hechos, puntualmente por valija diplomática de sus representantes en la capital cubana.
Estos nimios pretextos, y alegando el temor de falta de seguridad de ciudadanos USA, por el gobierno de este país fue enviado el crucero Maine al puerto de La Habana, burlando cualquier normativa diplomática, cuyo desenlace y consecuencias han sido analizadas en otro apartado de este libro, que fue causa para que la opción política de nuestro protgonista decayera, casi definitivamente.
De ahí que con el cese de Weyler, por las circunstancias ajenas a él mismo, la guerra cubana y la situación diplomática tomaba derroteros poco favorables a España y su gobierno liberal. Este militar, antes de abandonar Cuba, recordaba sus éxitos militares y logros al pacificar las cuatro provincias occidentales y tener dominado el centro de la isla; que de continuar su política bélica contra los insurgentes, mal organizados y sin un mando unificado, la soberanía española quedaría restaurada en toda Cuba.
Sin embargo, el mismo general Blanco, su sucesor institucional, reveló públicamente que “de 192.000 tropas regulares recibidas por el general Weyler, sólo quedaban 84.000” y que como resultado, la actividad militar española había quedado virtualmente suspendida”, según recoge Philips. S. Foner NOTA p.183, para añadir en una nota complementaria “el número exacto de españoles que España tenía en Cuba a finales de 1897 y comienzos de 1898 es tema de discusión. Se recuerda que al rechazar la autonomía, los generales cubanos Gómez y García declararon que sólo había en combate 70.000 soldados españoles”. El cónsul Lee, representante e informador USA en La Habana, de forma interesada para convencer a su país lo necesario de inminente intervención en Cuba, estimaba que “sólo hay posiblemente 55.000 tropas españolas listas para trabajar repartidas por toda la isla, excluyendo unos 9000 voluntarios o tropas locales que están ahora en La Habana, y añade, menos cantidad de lo que yo había pensado, según informe diplomático fechado 8 de marzo de 1898, a poco menos de un mes de la misteriosa voladura del acorazado propio Maine, surto en la bahía de la capital cubana. Estaba clara la inminente intervención de aquella potencia “emergente” que no tenía escrúpulos en la aplicación de su máxima expansionista a costa de quién o de qué bajo lema de “destino manifiesto y bastón duro”; estrategia ésta que como objetivo político aún perdura, de forma aminorada y con mayores dificultades, hoy.
Por esta larvada injerencia “yanqui” claramente a favor de los rebeldes, y a la espera de intervención directa, la situación de Cuba a lo largo de este fatídico año, daba lugar a una situación desesperada para España, su ejército y su administración. Aún dominaba en los pueblos, ciudades, zonas acuarteladas, trochas, puertos, pero no tanto en zonas rurales boscosas o de montaña en la que se guarnecían verdaderos ejércitos “mambises”, con cierta organización y cuya táctica “guerrillera”, de origen y aplicación hispana, y que tantos éxitos ha cosechado en similares e innumerables conflictos bélicos a lo largo de la historia. NOTA LECLERC. NAPOLEÓN, MI ART. Y HAITI.
El ejército español acuartelado apenas obtenía victorias destacadas, si bien hacían frente a guerrillas, escaramuzas, emboscadas y ataques desde las zonas rurales dominadas por el enemigo; máxime en los obligados desplazamientos para mantenimiento de tropas entre las áreas fortificadas. Enfrentamientos de extrema dureza con numerosos muertos y heridos por ambos bandos, y que la prensa contemporánea del momento, consultada, corrobora exhaustivamente. VER PRENSA.
A este respecto, y con las reservas de la fuente, citamos las declaraciones de Walter S. Barker, americano afincado en Cuba con intereses agrícolas, que con fecha 25 de marzo de 1898, desde Sagua La Grande y tal vez de forma interesada, entre otras cosas, dice que el status de verdadera autoridad de España ahora en Cuba, depende de una clase que le rinde una soberanía mas tentativa (sic) que real. En los pueblos y ciudades donde domina claramente las tropas españolas, estas tenían que depender de suministros procedentes de embarques en puertos seguros. Han de trasladarse con fuerte convoyes militares que enfrentan las emboscadas rebeldes hasta destino, y nunca suficientes para cubrir las necesidades de las guarniciones.
La guerra cubana, tras los acontecimientos políticos en territorio nacional que ocasionarán la destitución de Weyler, a sumar el fracaso de la pretendida autonomía en la isla, se encaminaba hacia perspectivas poco favorables para la causa española. Nuestro ejército disminuía en efectivos y eficacia, y determinados medios nacionales con cierta afinidad al gobierno Sagasta criticaban negativamente el sacrificio de nuestros soldados y la poca efectiva política del gobierno en aquella lejana isla. El periódico El Socialista de Madrid, para abril de este año, en un artículo referido a la situación de los soldados destinados en Cuba, y a modo de editorial, publicaba “de nuestro ejército, muchos de sus miembros caminan por Cuba con muletas, demasiado debilitados por el hambre para permanecer en pie solos… meros espectros cumpliendo su obligación en los campos cubanos, debilitados por la fiebre, el hambre y la sed… soldados que custodian las ciudades que son los depósitos de alimentos y que, sin embardo, están a media ración…soldados que están en los hospitales llevados allí heridos y muertos de hambre…lisiados y casi cadáveres que regresan a sus hogares apilados en nuestros convoyes trasatlánticos, verdaderas carrozas fúnebres…” (sic). Artículo este reproducido por la prensa norteamericana, interesadamente. Publicado por The People de Nueva Cork con fecha 15 de mayo de 1898. Otro argumento a sumar para convencer al pueblo estadounidense de la urgente intervención en la isla en pretendida defensa de sus ciudadanos e intereses económicos; estrategia esta usada, a posteriori, y para injerencias similares, por este emergente país en aquellos momentos (como queda reflejado en otros apartados de este libro).
Foner, citado, en su disertación personal, en parte documentada, sobre esta etapa del conflicto, refleja que “los españoles con más claridad de mente eran menos conscientes de que la guerra no tendría progreso alguno sin antes vencer al pueblo cubano. Pero esto no tenía posibilidades. La represión brutal había fracasado. La estrategia de reforzar las trochas y los campos de concentración para privar a los rebeldes de apoyo civil había fracasado. De este modo la guerra en Cuba estaba frustrando la España oficial, a los líderes militares de la escena y a los pobres soldados españoles. La acción efectiva en Cuba y el constante cambio de programas se había derivado de políticas impracticables y no existía tampoco una política con más éxito para el futuro” (sic). NOTA FONER, P. 187
En consecuencia, tras los relevantes éxitos del general Weyler, como anteriormente lo fueron con Martínez Campos, el análisis objetivo de la situación, tras clara injerencia “yanqui” en aquella isla con inestimable ayuda en armas y dinero a los insurrectos (velada al principio y de clara intromisión desde enero de 1898), conduce a reconsiderar la situación objetiva y real en la aún posesión española: económica y políticamente. Desde posición institucional, para mediados de este año, la guerra estaba frustrando a la España oficial, a los propios militares con mando y sobre todo a los desafortunados soldados. El gobierno Sagasta se veía incapaz de buscar soluciones viables en lo bélico. Era preciso cambiar de táctica, adentrarse en conversaciones diplomáticas con la intermediación necesaria de funcionarios del gobierno norteamericano.
Cesado nuestro héroe protagonista, Valeriano Weyler, es políticamente relevado del mando supremo por las razones apuntadas, la estrategia bélica poco favorable para los propios cubanos llevada a cabo por el máximo responsable revolucionario Máximo Gómez, se reanudaba con mayor virulencia. Foner, citado, añade que casi toda la producción en la isla estaba parada y todo lo que tuviera valor en toda Cuba estaba devastado. Y tomando referencias de Lawrence R. Nichols en su Historia Doméstica, NOTA Domestic History, p. 126- 127, que dice el trabajo productivo fuera de La Habana había cesado; miles de personas carecían de alimentos y ropa; la enfermedad crecía de forma alarmante y el caos dominaba por toda la isla. Esto resultaba favorable a la política USA, ya claramente injerencista en los asuntos de otra nación soberana como era España y sus intereses legales en Cuba. Desde Madrid, el embajador norteamericano Stewart L. Woodfor, con fecha 31 de marzo de dicho fatídico año, informaba al presidente William MacKinley que la mayoría de los componentes del Gobierno español eran de la opinión de que la isla devastada no merecía posteriores sacrificios. El desánimo hacía mella entre los españoles, debilitados por el continuo gasto financiero y humano; con su economía también destrozada en suelo patrio, comienzan a sospechar que para el invierno tendrían lugar los peores augurios, y con la más que previsible intervención americana resultaba imposible mantener la soberanía en la isla por más tiempo. Era el momento de iniciar la guerra diplomática.
Esta intromisión bélica de Norteamérica en Cuba, tras el ritual usado en el affaire Maine, para contar con el visto bueno del “pueblo americano”, y sin lugar a duda histórica desde razonable autoría propia, constituye el acto final y definitivo en la pérdida de la soberanía española en Cuba, tras 400 años.
A este respecto, la historiografía cubana de la primera mitad del siglo XX, y más tarde la que surge de la revolución castrista, en mayoría no acepta plenamente la premisa anterior. Los textos usados en las escuelas cubanas consideran que fue valiosa la ayuda de su vecino del norte, a lo largo de prácticamente todo el siglo XIX (en especial durante el año 1898) –UTILIZAR LA MODALIDAD LITERARIA DE PARÉNTESIS QUE USA TUSSEL- para la derrota de España y el logro, más tarde, de la independencia plena. Interpretación ésta que aparece en el libro escolar cubano, Nociones de Historia de Cuba del profesor Vidal Morales, para la primera parte del siglo precedente; en especial el capítulo alusivo a la guerra hispano-americana.
Si bien, para distinguidos autores cubanos, Cosme de la Torriente, en 1948, o Julio Morales Coello (1950) no inmersos, aún, en el proceso revolucionario que tendrá lugar a partir de enero de 1959, esta interpretación admite variados matices, que analizan con sentimiento patrio; al igual que, posteriormente, lo harán diversos editores, periodistas y otros en la Cuba revolucionaria plena.
Sin embargo, el Dr. Roig de Leuchsenring, historiador cubano, es quien con más argumentos revisa a fondo aquellas interpretaciones tradicionales, al restar protagonismo a la intervención norteamericana en Cuba; al tiempo que, con argumentación razonada, pone en duda cualquiera de los pretendidos beneficios de la no desinteresada “ayuda” para mayoría de cubanos. Desde 1912 hasta poco antes de su fallecimiento en 1964, este prolífico escritor y analista cubano publicó magníficos tratados que analizan esta relación. Es autor o responsable de más de 100 publicaciones, hasta 1950 como historiador de la ciudad de La Habana.
El Dr. Roig insistía “que la lucha por la independencia no fue una serie de guerras, sino una lucha continua de 30 años de duración; que en los
Estados Unidos nunca faltaron amigos de la libertad cubana, pero que en algún momento su Gobierno estaba opuesto a la independencia cubana; que la entrada de este país en la guerra de 1898 no fue necesaria para la independencia de Cuba, porque los patriotas cubanos tenían a España prácticamente derrotada en aquella época y que el nombre de la Guerra Hispanoamericana, que quitaba a los cubanos el reconocimiento de su contribución, debería ser cambiado…”. Se refería a un enfrentamiento secular hispano-cubano, o en todo caso debería ser considerada como Guerra hispano-cubano americana. NOTA PERSONAL, Tebeto XI.
A comienzos de 1966, durante la ya consolidada revolución castrista, este inquieto defensor de lo cubano, de “motu propio” envió a diferentes historiadores del momento, ya imbuidos en el proceso, un cuestionario en el que solicitaba la personal interpretación de los mismos a este respecto.
En una de dichas consultas aparecía la hipótesis base, y que siguiendo a Foner, en libro citado, p 190- NOTA, decía: “lo que es discusión común entre los historiadores cubanos…” es: ¿Podría Cuba haber derrotado a España en la Segunda Guerra de Independencia sin la intervención de los Estados Unidos?.
A esta observación, y por su interés en argumentar con rigor la teoría que fundamenta este capítulo: Injerencia Usa en la Guerra de Cuba en perjuicio de España; extraemos algunos argumentos de profesores revolucionarios cubanos a la pregunta del Dr. Roig. El profesor Sergi Aguirre, del Departamento de Historia de la Universidad de La Habana, escribía en respuesta: En 1898, España se enfrentaba a un gran colapso económico, de modo que ni siquiera los ministros de la Reina podían creer en la victoria…Cuba vencía en la guerra… Evidentemente no es posible conjeturar cuánto habría durado la guerra sin la intervención norteamericana, teniendo en cuenta la tenaz resolución española de “luchar hasta el último hombre y la última peseta”. En mi opinión lo importante es que la Invasión de Occidente, no obtuvo no obtuvo una respuesta española de parecida importancia. ¿por qué imaginar esta respuesta podría haberse producido en 1898 o más tarde?. No cabe duda que los Estados Unidos aceleraron el resultado final, asestando en la lucha el golpe decisivo. Pero la victoria cubana se hubiera producido a la larga incluso sin la intervención de los Estados Unido. NOTA. Según carta remitida a F.S. Foner por el propio profesor Sergi Aguirre, con fecha 6 de marzo de 1966, que cita el propio Foner en nota del citado libro, p. 200.
Aníbal Escalante, autor de Calixto García, su compañía en 1895, y él mismo, veterano de la Segunda Guerra de Independencia, escribía: Sí, hubiésemos derrotado a España sin la intervención de los Estados Unidos…Desde cualquier punto de vista se veía claramente que en 1898
España no podía conservar Cuba; que sus fuerzas se hundían, y que nosotros, mambises, éramos más fuertes todo el tiempo. Al intervenir los Estados Unidos en la guerra hispano-cubana, la victoria correspondía a los cubanos… En Oriente y en Camagüey dominábamos las zonas rurales, mientras que el ejército español conservaba sólo las ciudades. En Las Villas, nuestras tropas tenían en jaque a los españoles, y en Matanzas, Habana y Pinar del Río las unidades mambisas hostigaban constantemente al enemigo. NOTA Carta personal del Sr. Escalante al autor con fecha 16 de marzo de 1966, que cita, igualmente, en el mismo libro citado, p. 200.
Blas Roca, en 1966 como miembro del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, reconoce que es necesario investigar más sobre el tema; pero dice estar convencido de que los revolucionarios cubanos podrían haber derrotado a España sin la intervención militar de los Estados Unidos… Ninguno de los citados alude en absoluto en dichas misivas a los incuestionables éxitos de la política bélica de Valeriano Weyler.
Mas coherente y objetivo el profesor, también cubano, Julio Le Riverend, como director adjunto de la Academia de Ciencias de Cuba, por dichas fechas, cuando declara que aunque hay mucho trabajo por hacer en los archivos cubanos y españoles para dar la definitiva respuesta a la cuestión de si el Ejército de Liberación podría haber derrotado a España sin la intervención de Estados Unidos,
Sigue
Luis de Armiñán, inter-bibliotecario, Weyler y Puga. Hugth Thomas.
Mi Mando en Cuba, del propio Weyler.
Diplomacia cubana, española y norteamericana, durante esta etapa decisiva de la guerra. Prensa comparativa para cada evento…
Ver publicaciones de los Sres. Hilario Martín y Juan Arencibia; contrastar documentalmente.
Sigue…
Datos claves en:
El 98 Y LOS AMERICANOS. ALLENDE SALAZAR, BLIBLIOTECA DIPLOMÁTICA
DIPLOMACIA EN NUESTRA HISTORIA, MARQUEZ STERLING
HORTENSIA PICHARDO.
PRENSA CANARIA:
CONTEMPORÁNEA O POSTERIOR A LOS HECHOS
El Atlante.
El Correo de Tenerife
Diario de Tenerife
La Gaceta de Tenerife, El liberal, La Opinión, El Progreso.
Otros de Gran Canaria.
Diario de Avisos
APARTADO ESPECÍFICO.
Estudio comparativo de las diferentes actitudes bélicas habidas en el mismo siglo… Comportamiento de sus principales líderes (militares o no) con mayor responsabilidad o más comprometidos…
PERIODISMO HISTORICO
19 de febrero de 2010
WEYLER: HOMBRE O DEMONIO
CAPÍTULO IV.
GUERRA DE CUBA, TRAS RELEVO DEL GENERAL WEYLER.
Aspectos del libro “Weyler, Hombre o Demonio”
A prologar por el Tte. Coronel J.M. Clar Fernández
Curriculum del Autor:
Miguel Leal Cruz
Nació en Los Llanos de Aridane, Isla de La Palma (Canarias-España) en 1943.
Cursó estudios de Magisterio en La Escuela-Normal de la Laguna de Tenerife, Plan 1957. Ejerció como docente y director colegio mixto “Obras del Puerto”, S/C de Tenerife, entre otros.
Fue Policía Nacional desde 1970 a 2009, con categoría de Inspector-Jefe del CNP.
Licenciado en Geografía e Historia por la UNED en 1990.
Licenciado en Ciencias de la Información, sección de Periodismo, por la ULL, en 1997, y
Dr. en Ciencias de la Información, desde 2006. Programa Historia.
Adscrito a grupos de Investigación en la citada Universidad. Miembro de la RSEAPT y Col. Doctores y Licenciados, La Laguna.
Su tesis doctoral versa sobre Cuba y Canarias (1934-1962). Antecedentes y Revolución, que se halla editada en la ULL (Servicio de Publicaciones).
Es autor cientos de artículos de prensa, así como de numerosos trabajos de investigación, la mayoría expuestos en foros públicos y en medios de comunicación. Se destacan los siguientes:
Cuba, la crisis de 1921 y Canarias. Datos hemerográficos, Biblioteca de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, BIG 325.2 LEA Cuba, Gran Canaria, y Casa de Colón, 1996. Fuerteventura: Emigración obligada a Tenerife, Cabildo de Lanzarote, Arrecife,
-Nacionalismo y regionalismo canario: Antecedentes en Cuba. BIG 323.17, LEA Nacionalismo. Cabildo Insular de Gran Canaria, 2002.
-Weyler en Cuba y política de reconcentración, Ponencia III Conferencia Internacional de Historia, (Actas) La Habana, 1996 y editada en TEBETO XI, Especial I Centenario del 98, Anuario del Archivo Histórico Insular de Fuerteventura, (Canarias-España), Archivo del Cabildo Insular, Puerto del Rosario, Las Palmas de Gran Canaria, 1998, ISSN 1134-430-X
-Franco en Canarias y la Prensa en 1950, Fondos biblioteca de la Universidad de La Laguna, Tenerife, Canarias-España), 2002. VII Jornadas L y F, Puerto Rosario, 1995
-Miguel de Unamuno y Fuerteventura. Destierro y prensa del momento, Ponencia, Cabildo de Fuerteventura, 2003 IBSN 84-96017-21-4
-Cuba y el Azúcar (siglo XX). La revolución agraria en la economía estrella. Anotaciones de prensa editada en Canarias, XVI CHCA Casa Colón, LPGC, 2004
-Lanzarote. Agua y Turismo, Ponencia, Cabildo de Lanzarote 2005
-Banco Pesquero y Sahara. Incidencia en la economía de Lanzarote y Fuerteventura hasta 1975, TEBETO XVIII, Archivo Histórico Insular, ISBN 978-84-96017-36-8
-XIII Jornadas de Estudio Fuerteventura y Lanzarote. Descolonización del Sahara, Puerto del Rosario, 2007
RSEAPT: Ed. Art. Centenario Junta de Canarias (2008) y Cuba: Tabaco y azúcar (2009)
-TEBETO XX, Cuba hace 50 años, en prensa
Responsable de la Web Periodismo Histórico, Editorial (a consolidar)
Periodismohistoricosl.blogspot.com
Entre otras publicaciones, periódicas, artículos y otros (en papel y digitales)
CAPÍTULO V.
GUERRA DE CUBA, TRAS RELEVO DEL GENERAL WEYLER.
Cesado el General Weyler en el mando por las circunstancias anotadas, la guerra cubano-hispano-americana tomaría nuevos derroteros. La política norteamericana, en momentos de clara euforia de su “destino manifiesto”, así lo determinaba en este nuevo hito de la estrategia del Gran Coloso: La voladura del un buque de guerra propio. Tuvo lugar en la oscura y fría noche del día 15 de febrero, a las 9,45 –hora de NY.-, cuando una explosión seguida de otras, hundió el acorazado norteamericano Maine, surto en el Puerto de La Habana, en sospechosa visita de cortesía sin haber sido invitado según la normativa diplomática vigente en la época; no obstante, fue acusada España o agentes a su servicio como autores del hecho e inicio del desastre que finalizó en una guerra no deseada, y perdida por este viejo País .
Son aún ilimitadas las conjeturas e hipótesis sobre este lamentable y más que misterioso hecho que afectó especialmente a la dignidad de aquella España, todavía imperial, y en claro provecho de un país en vías de gran desarrollo, en "el que todo vale" para conseguir su imparable avance. No importaban los medios que, en atroz maquiavelismo, ya habían puesto en uso con su "madre patria" - Gran Bretaña - ni con indios americanos, al igual que a franceses, españoles y mejicanos, y otros, en su pasada reciente historia hacía el "destino manifiesto", uno de sus postulados máximos. Teorías sobre las que aún perduran incógnitas a las que se pueden superponer nuevas tesis para hipotéticas conclusiones a la vista de lo conocido, investigado, publicado o declarado, sobre este "más que sospechoso" asunto, en perjuicio de España. Un país con más historia, en aquel momento con aún notable poder económico.
El misántropo y sesgado periodista (que fue artífice de lo que se acuñaría en medios periodísticos futuros como prensa amarilla) y millonario, William R. Hearst, no aportó, y menos publicó, todos los datos conocidos antes de dejar sus numerosos y polémicos entramados en el inexorable viaje al "más allá". Es claro que el Gobierno de los Estados Unidos y todo el conjunto de su interesada administración, a partir de la polémica actuación del general Weyler y especialmente ante la tardía concesión de la autonomía a Cuba, pergeñaban la inminente guerra contra España; pero, para darle tinte popular al inicio se precisaba un elemento impactante, como en otros hechos similares, que aglutinara la opinión pública americana: ¿La voladura del Maine?, por medio de rocambolesco ritual, especialmente periodístico, que obnubiló las conciencias de muchos americanos en aquellos momentos, cuyo éxito como estrategia repetirá más tarde.
La opinión actual, incluida la de intelectuales de este País, es clara al respecto: "la extraña voladura del acorazado Maine, la noche del 15 de febrero de 1898 en el puerto de la Habana, fue probablemente preparada por los Estados Unidos en su desesperado propósito de participar en la guerra cubana en pro de sus muchos intereses en la isla, que la justificaran" (la prensa alemana, incluso alguna inglesa, nunca tenida en igual consideración, así lo confirmaron). Era necesario crear "un elemento justificador" que no retrasara por más tiempo la entrada de EE.UU en la guerra, cuyo "impasse" actual creaba considerables pérdidas económicas a los intereses yanquis , en Cuba y, lo que es más contradictorio, a los propios magnates españoles con intereses en la isla. Elemento justificador para que la opinión pública americana terminara por aceptar la movilización masiva de buena forma y como un "sacrificio" más para lograr aquel "destino más que manifiesto". Algunos acontecimientos con metodología similar (antes y después del Maine) lo corroboran, como se ha dicho. Es por todo ello que la prensa mundial respecto coincide con la trama central de este acontecimiento, exceptuando otros rotativos de la época ya apuntados, así como la propia opinión norteamericana (no toda), apreciara en este hecho aspectos sumamente sospechosos por controvertidos y de no de fácil explicación.
Escritores como Peggy y Samuels, también norteamericanos, en el libro, "Remembering the Maine", apuntan datos de los que entresacamos diferentes aspectos tomados de la opinión americana, en diciembre de 1987; que " algo imprevisible iba a suceder" y que "el barco iba a tener un fin violento e inesperado según predicción de adivinos y visionarios". Sigsbee, su capitán, recibió el mensaje, próximo a Florida, para dirigirse hacia el puerto de La Habana cuyo contenido exacto nunca se ha conocido, aunque él mismo escribiera un informe en 1899, con resultado aún más sospechoso, al contradecirse con otros anteriores.
Sin embargo, no recibió el que había de remitir el cónsul Lee desde la Habana bajo la consigna "dos dólares", siendo este diplomático anti español el primer sorprendido. ¿Qué contenía…?
Añaden los cronistas de los hechos que " España pide que se releve de su cargo en Cuba al cónsul general Lee que, a pesar de la solicitud, el presidente US Mac Kinley no aceptó" y describe cómo Segsbee, sin compañía de Lee, estuvo en una corrida de toros en La Habana.
Desde otras perspectiva de análisis, Clara Barton (sic) fundadora de la Cruz Roja americana se hallaba en La Habana, como auxiliar en tareas de evacuación de heridos, lamentaba aquella hecatombe en muertos y heridos, a la que no pudo dar explicación razonable. Añade que desde el puerto la gente gritaba "traen dinamita para volar barcos españoles pero les explota a ellos". "Uno de los oficiales el padre Chidwick alaba la prontitud de la ayuda humanitaria de los españoles en auxilio de los heridos y náufragos". Sin embargo, otro oficial americano llamado Wainwreigth dijo: "juro no pisaré territorio español hasta que el Maine sea vengado". El capitán del navío estaba convencido de que fue un accidente, que más tarde rectificó al insistir en explosión exterior, entre otras apreciaciones, para salvar su propia responsabilidad. Sin embargo, el cónsul Lee hablaba de un acto de "sabotaje". "Se intentó demostrar que el puerto de la Habana estaba minado" - absurdo por la cantidad de barcos españoles que entraban o salían-. Los periódicos británicos, The Times principalmente, imprimieron en primeras páginas en letras destacadas estar asombrados de las mentiras que publicaba la prensa norteamericana, punto de vista coincidente con varios periódicos en Europa, y con algunos rotativos yanquis "objetivos", en aquellos momentos críticos para España. Al respecto, apuntar que frente a esta total falta de ética profesional del Herald y Word, en irreverentes excesos, algunas voces americanas se significaron contra el típico estilo de Hearst, o contra su persona. Edwin Lawrence Gogki, director y propietario del Evening Post, fue una excepción. Días después del siniestro se atrevió a escribir "nada tan desgraciado como el comportamiento de estos diarios (se refería a los de Hearst y al Word) se ha conocido jamás en la historia del periodismo de este país, con reproducción indebida de hechos, invención deliberada de cuentos calculados para excitar al público”; añade la temeridad desenfrenada en la composición de titulares abyectos. “Es una vergüenza pública que los hombres puedan hacer tanto daño con el objeto de vender más periódicos". Sigue, “magnífica definición al estilo usado por el llamado Jingonismo o patrioterismo, que confundido con la prensa amarilla, hundieron el Maine a través de una "coartada asesina". Datos estos muy reveladores. Pero, es más: "La prensa conservadora norteamericana vio la presencia del buque escuela español Vizcaya en el puerto de Nueva York como un claro acto de que España y la administración oficial española, eran inocentes", sin embargo no se aceptó la solicitud de arbitraje internacional en el polémico asunto, según refleja con precisión el periodista español Agustín Remesal en libro editado al respecto.
El alférez Powelson de la Marina US, comisionado al respecto, mantenía que fue una mina exterior, ya que la quilla estaba afectada hacia arriba, culpando a España o a agentes a su servicio, todo ello desvirtuado posteriormente por la propia Marina norteamericana.
Los autores, Peggy y Samuels, a partir de la p. 235 se preguntan: ¿Por qué la historia debe absolver a España? Creemos que por:
1. La prensa europea estaba a favor de las tesis españolas.
2. España no quería la guerra. Estados Unidos sí.
3. La quilla doblada en V invertida, no es argumento técnico suficiente, y difícil de atribuir, la explosión interior también pudo causar este efecto, como demostró en 1975, el Almirante Ricover, padre de los submarinos nucleares de EEUU.
Se insiste en que la causa pudo proceder de explosión interior, combustión espontánea del carbón o incluso dinamita almacenada, puesto que en la armada americana existían numerosos precedentes, en los que se habían producido esta clase de combustiones, que por simpatía se extenderían a otras zonas con depósitos de municiones, produciendo explosiones similares a la que destruyó El Maine. Foner cita varios casos en buques como El New York, Oregón, Philadelphia, Boston, Cincinatti, Atlanta, y El Indiana que había sufrido siete combustiones lo cual constituía un récord y una magnífica argumentación en defensa de las tesis españolas.
4. Que de haber sido una explosión externa hubiera producido daños más importantes en los buques apareados al Maine, entre ellos el Alfonso XII y El Ciudad de Washington. Hubieran aparecido numerosos peces muertos en aguas de la bahía por la onda expansiva directa, máxime cuando en aquellos momentos los peces, incluso de gran tamaño, entraban en la bahía para devorar los desechos de la ciudad y de los buques anclados. Sobre esto tienen conocimiento los pescadores canarios y muchos sabemos que la explosión ha de ser muy próxima a los peces para que estos resulten muertos – y nos los hubo como queda dicho-.
5. A lo que podemos añadir que en la investigación de 1911, en la que apenas variaron las conclusiones oficiales norteamericanas, y posteriormente en 1975 el Almirante Rickover, las cuadernas afectadas no coincidían.- error gravísimo, hoy- con el informe de 1898, oficial y que costó una guerra perjudicial, pero sobre todo demostraba "que una fuente interna fue la causa de la explosión", la más probable el calor de un incendio en la carbonera contigua a la que produjo la primera y más fuerte y sentencia, el padre de los submarinos nucleares y norteamericano de nacionalidad " casos como el del Maine han de ser examinados e investigados por gente cualificada y competente, y sus conclusiones han de presentarse completas y honradamente a los ciudadanos " , que son los destinatarios de los hechos públicos que les afectan -todo lo contrario de la conducta seguida en aquel verano de 1898- por las urgentes apetencias expansionistas…(sic)
PEDRO LEAL CRUZ, DR. FILOLOGÍA INGLESA, PROFESOR EN LA ULL, TENERIFE, EN PONENCIA EXPUESTA EN CASA COLÓN, LAS PALMAS DE GRAN CANARIA, XIV CHCA, INTERPRETA LOS HECHOS ANALIZANDO EL CONTENIDO DE LA MISMA PRENSA INGLESA, EN NORTEAMÉRICA EN TORNO A LOS HECHOS PRINCIPALMENTE.
La teoría de la mina española es por tanto absurda, por que sería el motivo deseado por EEUU para la Guerra, que España no quería ni deseaba, y que sabía perdería.
Que pudieran haber sido los propios rebeldes cubanos, teoría muy defendida en los EEUU, no deja de tener base razonable, si bien no olvidemos que los cubanos temían la intervención americana, tal vez más, que la de los propios españoles.- Recordemos la Enmienda Teller, de la que el Congreso yanqui, siempre se arrepintió.-
Consideramos de suma importancia los informes del coronel José Paglieri de la Guardia Civil española y Jefe de la Policía de La Habana, así como los Inspectores Jefes de la Policía de Información, que apuntan posibilidades internas motivadas por accidente fortuito - eran frecuentes como queda dicho-. Y podrían haber sido muchas las causas que lo pudieran producir: ignición de gases acumulados en motores eléctricos, pinturas experimentales, recalentamiento de sistemas mecánicos, combustibles líquidos, munición, dinamita, detonadores. Pero también apuntaba el Jefe de La Policía habanera otras posibles causas, como la colocación de un artefacto explosivo dentro del barco, por persona de la misma tripulación – tan variopinta – o por persona visitante, ajena a la dotación del barco. ¿Quién pudiera ser el autor? Podemos conjeturar que : a) La mina podía haber sido situada por España o agentes a su servicio en el fondeadero, antes de que el Maine entrara, b) Colocada por elementos ultras españoles incontrolados enojados por la visita del buque, c) Por rebeldes cubanos, d) Por filibusteros mercenarios americanos o periodistas- espías para precipitar el camino hacia la guerra y e) Pudo ser puesta "oficialmente" por los propios americanos, por igual argumento que en el apartado anterior, el más convincente para Paglieri.
Descifrar los hechos nos llevaría a nuevas conjeturas en la espiral de tantas argumentaciones.
De todas formas en la prensa alemana de los días siguientes al suceso, se habla de un tal Agüero y de nueve cubanos pertenecientes a la Junta Revolucionaria Cubana de Nueva York, que habían recibido instrucciones por parte de anarquistas italianos, residentes en Estados Unidos, muy interesados en la causa cubana. Incluso desde Europa la prensa publicó que los que asesinaron a Cánovas, a través de Angiolillo, tenían relación y concomitancia con pro- cubanos residentes en París y Londres, e incluso con entrevistas días antes del atentado, como se apuntaba.
Que el Vizcaya estaba a 4 días del puerto de Nueva York, en misión diplomática, y no obstante se personó en el citado puerto, demostrando con esta noble actitud la total imparcialidad de España, como queda dicho, en el misterioso y no esclarecido accidente.
Las declaraciones de un marinero herido del Maine, recogidos en El Liberal, edición de Tenerife del día 7 de marzo, 1898, p. 2 se lee " Había sonado el toque de silencio, de pronto fueron derribados por una fuerte explosión que apagó el alumbrado eléctrico del buque. Se incorporó y salió por la toldilla comprobando que las llamas procedían de la proa. Saltó al mar y al poco, otro espantoso, terrible ruido, que parecía iba a hacernos volar, y varios cuerpos que caían al agua". Todas las versiones apuntaban a una explosión en una de las calderas para generar energía eléctrica, comunicando el incendio a la Santa Bárbara del buque y a los torpedos y dinamita almacenada en todo buque de guerra. No podemos descartar una previa explosión exterior inicial y con autoría humana, que provocó la siguiente y más grave en el pañol, y ¿quién?...
Sólo cuatro días antes el buque-yate de Hearst de sospechoso nombre "Bucanero", había permanecido muy próximo al Maine- Este elemento distorsionador (sic) llegó a escribir en sus propios periódicos, que "mi lema es que mientras otros hablan mi El Journal actúa, y nunca dio razones convincentes de la presencia suya y de su yate tan próximo al barco siniestrado, al que hizo numerosas fotos antes de levantar anclas, sólo menos de cien horas antes de la voladura.
La versión americana explica su punto de vista: En los torpedos se habían efectuado limpieza la tarde anterior, pudiendo haber quedado mal colocados y en condiciones de un fácil y horroroso accidente (precedente de otro similar en el mismo puerto, el buque francés La Coubre, en 1961)
El propio comandante Sesbee en parte oficial dijo "que la opinión pública debe suspender todo juicio hasta conocer nuevos detalles".
Según los informes el comandante estaba ausente del buque, otros que estaba en su cabina escribiendo a su esposa, e incluso que resultó herido, no obstante fueron sólo dos los oficiales - uno de color - fallecidos de los 34 en total que componían la tripulación, ausentes del buque, formada además por 370 marineros, que dormían resultando un total de 300 los desaparecidos, según algunas versiones de la prensa de la época, sumando los fallecidos por secuelas
Philips Foner en su excelente estudio sobre la guerra de Cuba, citado, obra de consulta necesaria para investigadores, nos aporta más detalles para este controvertido y misterioso hecho. Unos pocos oficiales de marina rechazaban el incidente como accidental, señalando las medidas preventivas seguidas en la construcción de este tipo de buques, y por ello sugerían que un torpedo, mina, u otra máquina infernal había sido embarcada por "visitantes" en el puerto de la Habana - es cierto que muchachas jóvenes cubanas frecuentaban el buque a demanda de su tripulación, pudiera muy bien haber entrado una espía asesorada al efecto, para colocar la carga en el lugar y momento preciso-. o que fue colocada en las carboneras cuando el barco repostó en Key West, debidamente preparada para ser "puesta en funcionamiento", en el momento indicado, por agentes, de la propia tripulación, o por otros en el puerto de la Habana que tuvieran acceso.- un par de cartuchos de dinamita, eran suficientes para desencadenar la explosión posterior determinante-
Es igualmente eximente, de responsabilidad hacia España, el pronto deseo de la administración española en la Isla, para que se conocieran las verdaderas causas, demasiado “urgente”, según Remesal en su libro "La Incógnita del Maine", que se contradice con la falta de cooperación del Gobierno norteamericano, que emitió otro dictamen y por tanto conclusiones opuestas.
El tribunal, para justificar que la explosión no fue un accidente, adelantaron (sic) cuatro posibilidades, coincidentes con lo ya dicho.
La primera y la más sugerida por todas las afirmaciones oficiales de la época es que el Gobierno español colocó la mina. Para contrapesar esta suposición está el hecho perjudicial que este hecho provocaría a España en su intento para evitar la guerra, que sabía no ganaría. Si bien, añadimos, no es desechable la acción de un grupo de españoles - o individualmente- resentidos o defraudados que veían peligrar sus intereses económicos, en caso de caer Cuba en manos rebeldes, prefiriendo la presumible por mejor administración "yanqui", como "mal menor".
La segunda es que oficiales subalternos españoles cometieran el crimen a instigación de Weyler, ya sin mando. Esto sería "suicida" para sus propios autores desde todo punto de vista y falto de coherencia y racionalidad suficiente, que además se hubiera sabido antes o después.
Una tercera teoría sería la instigación de la prensa amarilla y del patrioterismo de Roosevelt, que incluso pagarían a agentes cubanos o a comandos ad hoc para el sabotaje. Esto nunca podrá ser descartado, por el excesivo interés de estos medios para que EEUU entrara en guerra con España, y en algunos momentos hablaron de "un pretexto de peso", antes de la voladura. El artículo firmado "Il Macai" en el Labour Leader británico habla de un accidente y si no "es más probable la autoría americana", con el fin preconcebido.
Y existen otras especulaciones entre ellas las que manejan periodistas e historiadores norteamericanos que han estudiado este hecho. El 15 de febrero de 1910, el Evening Bulletín de Filadelfia, en el 12 aniversario, concluye que el Maine fue volado por los insurrectos cubanos a fin de implicar a los Estados Unidos en la guerra, ya que su causa flojeaba y se perdería la independencia de Cuba, a menos que fueran implicados en ella los norteamericanos. Y es claro, como apuntan diversos historiadores que los rebeldes cubanos deseaban la intervención, pero con ciertos temores, de ahí la imposición de la Enmienda Teller a instigación de los cubanos en un momento determinado, y de la que siempre se arrepintieron los responsables de su concesión y aprobación en el Congreso USA. En contrapartida surgiría la "Enmienda Platt".
Nunca serán descartadas otras muchas hipótesis para determinar las causas verdaderas de aquella explosión preliminar que consideramos con autoría, y que todas las enciclopedias actuales no dejan de mencionar como "misteriosa" o en todo caso nunca totalmente esclarecida .
Queda claro que independiente de cuales fueran otro tipo de análisis de la propia Reina Regente o del propio gobierno liberal, un ultimátum de este "calado", de ser aceptado sólo podía tener como consecuencia la caída de la Monarquía, a más de peligrosa incidencia sobre las masas hambrientas, instigadas por elementos anarco-republicanos, en claros motines de subsistencias, que además pedían el cese de la costosa guerra, que constituía otro "tercero en discordia": el Ejército dividido y próximo al enfrentamiento civil. Hoy se hubiera utilizado otro tipo de actuaciones especialmente diplomáticas, más acorde con los intereses, más todo incidió en acordar una paz honrosa que salvara la Monarquía Española.
El Gobierno y La Reina a la cabeza, en aquellos trágicos momentos, dieron cuenta pormenorizadamente a toda la clase política de la situación creada, que naturalmente fue participado a la prensa. En las consultas llevadas a cabo se acordaron consensos que conducían a la guerra irremediable, por el partido liberal y apoyo sin límites del partido conservador. El rechazo de la apetecida compra por los Estados Unidos encendió nuevamente el optimismo propio del pueblo español y su orgullo en medio de manifestaciones populares en la península que exigían la guerra contra el "sucio cerdo yanqui", con el apoyo moral de cierta prensa española que escribía slogans de variado optimismo como "que la flota española era superior a la americana", al igual que el valor español, probado en Europa y América.
A todo esto añadimos la voluntad del clero que hizo ver esta guerra como cruzada santa- el padre Carpena en encendida oratoria en las Iglesias madrileñas, comparaba a las llevadas a cabo contra moros e infieles-, todo ello unido a una intensa y gigantesca operación demagógica, superior o igual a la llevaba a cabo, paralelamente, en los Estados Unidos, sobre el más que seguro enfrentamiento, con el colosal Tío Sam.
Lo que sigue es lo que ha venido en llamarse "El desastre del 98", tópico utilizado para la llamada "regeneración" y de paso corregir errores y paliar aquel orgullo decimonónico español. Derrotadas las dos flotas de la desvencijada escuadra española, enviadas al holocausto, en aras de aquellos acuerdos tomados con error, dejando desamparadas las costas de la propia península, Baleares y Canarias, perdidas en Cabite –1 de mayo- y Santiago –3 de julio-; desembarcadas las tropas americanas en oriente de Cuba, las semanas siguientes de aquel "calvario" fueron angustiosas para el Gobierno de Madrid. Por otra parte se apreciaba el aislamiento internacional por lo irreversible de los hechos, temiéndose otros frentes, sospechándose y así se comprobó el plan de Roosevelt para atacar las costas españolas e incluso la ocupación de Islas Canarias por una flota norteamericana, que pudo ser abortada por la rapidísima intervención diplomática de los ingleses en defensa de sus grandes intereses en estas Islas, especialmente en Tenerife y Gran Canaria. Esto llegó a asustar a Madrid más que ninguna otra circunstancia de la entramada situación del momento, puesto que perder estas maravillosas posesiones hubiera significado la "derrota total".
La rendición de Santiago de Cuba, una vez sacrificada una escuadra para blanco fácil de los poderosos cañones de la flota americana que formaba semicírculo a la salida de la bahía santiaguera (en acto claramente incomprensible, salvo que el Gobierno de Madrid deseara finalizar la contienda), dio lugar a que el Almirante Cervera rindiera lo que quedaba del desastre , siendo ésta la señal esperada y deseada por el Gobierno de Madrid, para salir de aquella difícil situación y como así estaba tenía previsto.
España decreta la suspensión de las garantías constitucionales el 14 de julio de aquel fatídico año, y se dispuso a emprender las negociaciones para la paz. No deja de ser una actitud gloriosa, a pesar de todo, cual era salvar unos símbolos y el orgullo y dignidad de antaño, ya mancillada reiteradamente por el Coloso del Norte.
CAPÍTULO VI
WEYLER EN ESPAÑA. CAPITANÍA GENERAL DE CATALUÑA. SEMANA TRÁGICA.
(SIGUE...)
GUERRA DE CUBA, TRAS RELEVO DEL GENERAL WEYLER.
Aspectos del libro “Weyler, Hombre o Demonio”
A prologar por el Tte. Coronel J.M. Clar Fernández
Curriculum del Autor:
Miguel Leal Cruz
Nació en Los Llanos de Aridane, Isla de La Palma (Canarias-España) en 1943.
Cursó estudios de Magisterio en La Escuela-Normal de la Laguna de Tenerife, Plan 1957. Ejerció como docente y director colegio mixto “Obras del Puerto”, S/C de Tenerife, entre otros.
Fue Policía Nacional desde 1970 a 2009, con categoría de Inspector-Jefe del CNP.
Licenciado en Geografía e Historia por la UNED en 1990.
Licenciado en Ciencias de la Información, sección de Periodismo, por la ULL, en 1997, y
Dr. en Ciencias de la Información, desde 2006. Programa Historia.
Adscrito a grupos de Investigación en la citada Universidad. Miembro de la RSEAPT y Col. Doctores y Licenciados, La Laguna.
Su tesis doctoral versa sobre Cuba y Canarias (1934-1962). Antecedentes y Revolución, que se halla editada en la ULL (Servicio de Publicaciones).
Es autor cientos de artículos de prensa, así como de numerosos trabajos de investigación, la mayoría expuestos en foros públicos y en medios de comunicación. Se destacan los siguientes:
Cuba, la crisis de 1921 y Canarias. Datos hemerográficos, Biblioteca de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, BIG 325.2 LEA Cuba, Gran Canaria, y Casa de Colón, 1996. Fuerteventura: Emigración obligada a Tenerife, Cabildo de Lanzarote, Arrecife,
-Nacionalismo y regionalismo canario: Antecedentes en Cuba. BIG 323.17, LEA Nacionalismo. Cabildo Insular de Gran Canaria, 2002.
-Weyler en Cuba y política de reconcentración, Ponencia III Conferencia Internacional de Historia, (Actas) La Habana, 1996 y editada en TEBETO XI, Especial I Centenario del 98, Anuario del Archivo Histórico Insular de Fuerteventura, (Canarias-España), Archivo del Cabildo Insular, Puerto del Rosario, Las Palmas de Gran Canaria, 1998, ISSN 1134-430-X
-Franco en Canarias y la Prensa en 1950, Fondos biblioteca de la Universidad de La Laguna, Tenerife, Canarias-España), 2002. VII Jornadas L y F, Puerto Rosario, 1995
-Miguel de Unamuno y Fuerteventura. Destierro y prensa del momento, Ponencia, Cabildo de Fuerteventura, 2003 IBSN 84-96017-21-4
-Cuba y el Azúcar (siglo XX). La revolución agraria en la economía estrella. Anotaciones de prensa editada en Canarias, XVI CHCA Casa Colón, LPGC, 2004
-Lanzarote. Agua y Turismo, Ponencia, Cabildo de Lanzarote 2005
-Banco Pesquero y Sahara. Incidencia en la economía de Lanzarote y Fuerteventura hasta 1975, TEBETO XVIII, Archivo Histórico Insular, ISBN 978-84-96017-36-8
-XIII Jornadas de Estudio Fuerteventura y Lanzarote. Descolonización del Sahara, Puerto del Rosario, 2007
RSEAPT: Ed. Art. Centenario Junta de Canarias (2008) y Cuba: Tabaco y azúcar (2009)
-TEBETO XX, Cuba hace 50 años, en prensa
Responsable de la Web Periodismo Histórico, Editorial (a consolidar)
Periodismohistoricosl.blogspot.com
Entre otras publicaciones, periódicas, artículos y otros (en papel y digitales)
CAPÍTULO V.
GUERRA DE CUBA, TRAS RELEVO DEL GENERAL WEYLER.
Cesado el General Weyler en el mando por las circunstancias anotadas, la guerra cubano-hispano-americana tomaría nuevos derroteros. La política norteamericana, en momentos de clara euforia de su “destino manifiesto”, así lo determinaba en este nuevo hito de la estrategia del Gran Coloso: La voladura del un buque de guerra propio. Tuvo lugar en la oscura y fría noche del día 15 de febrero, a las 9,45 –hora de NY.-, cuando una explosión seguida de otras, hundió el acorazado norteamericano Maine, surto en el Puerto de La Habana, en sospechosa visita de cortesía sin haber sido invitado según la normativa diplomática vigente en la época; no obstante, fue acusada España o agentes a su servicio como autores del hecho e inicio del desastre que finalizó en una guerra no deseada, y perdida por este viejo País .
Son aún ilimitadas las conjeturas e hipótesis sobre este lamentable y más que misterioso hecho que afectó especialmente a la dignidad de aquella España, todavía imperial, y en claro provecho de un país en vías de gran desarrollo, en "el que todo vale" para conseguir su imparable avance. No importaban los medios que, en atroz maquiavelismo, ya habían puesto en uso con su "madre patria" - Gran Bretaña - ni con indios americanos, al igual que a franceses, españoles y mejicanos, y otros, en su pasada reciente historia hacía el "destino manifiesto", uno de sus postulados máximos. Teorías sobre las que aún perduran incógnitas a las que se pueden superponer nuevas tesis para hipotéticas conclusiones a la vista de lo conocido, investigado, publicado o declarado, sobre este "más que sospechoso" asunto, en perjuicio de España. Un país con más historia, en aquel momento con aún notable poder económico.
El misántropo y sesgado periodista (que fue artífice de lo que se acuñaría en medios periodísticos futuros como prensa amarilla) y millonario, William R. Hearst, no aportó, y menos publicó, todos los datos conocidos antes de dejar sus numerosos y polémicos entramados en el inexorable viaje al "más allá". Es claro que el Gobierno de los Estados Unidos y todo el conjunto de su interesada administración, a partir de la polémica actuación del general Weyler y especialmente ante la tardía concesión de la autonomía a Cuba, pergeñaban la inminente guerra contra España; pero, para darle tinte popular al inicio se precisaba un elemento impactante, como en otros hechos similares, que aglutinara la opinión pública americana: ¿La voladura del Maine?, por medio de rocambolesco ritual, especialmente periodístico, que obnubiló las conciencias de muchos americanos en aquellos momentos, cuyo éxito como estrategia repetirá más tarde.
La opinión actual, incluida la de intelectuales de este País, es clara al respecto: "la extraña voladura del acorazado Maine, la noche del 15 de febrero de 1898 en el puerto de la Habana, fue probablemente preparada por los Estados Unidos en su desesperado propósito de participar en la guerra cubana en pro de sus muchos intereses en la isla, que la justificaran" (la prensa alemana, incluso alguna inglesa, nunca tenida en igual consideración, así lo confirmaron). Era necesario crear "un elemento justificador" que no retrasara por más tiempo la entrada de EE.UU en la guerra, cuyo "impasse" actual creaba considerables pérdidas económicas a los intereses yanquis , en Cuba y, lo que es más contradictorio, a los propios magnates españoles con intereses en la isla. Elemento justificador para que la opinión pública americana terminara por aceptar la movilización masiva de buena forma y como un "sacrificio" más para lograr aquel "destino más que manifiesto". Algunos acontecimientos con metodología similar (antes y después del Maine) lo corroboran, como se ha dicho. Es por todo ello que la prensa mundial respecto coincide con la trama central de este acontecimiento, exceptuando otros rotativos de la época ya apuntados, así como la propia opinión norteamericana (no toda), apreciara en este hecho aspectos sumamente sospechosos por controvertidos y de no de fácil explicación.
Escritores como Peggy y Samuels, también norteamericanos, en el libro, "Remembering the Maine", apuntan datos de los que entresacamos diferentes aspectos tomados de la opinión americana, en diciembre de 1987; que " algo imprevisible iba a suceder" y que "el barco iba a tener un fin violento e inesperado según predicción de adivinos y visionarios". Sigsbee, su capitán, recibió el mensaje, próximo a Florida, para dirigirse hacia el puerto de La Habana cuyo contenido exacto nunca se ha conocido, aunque él mismo escribiera un informe en 1899, con resultado aún más sospechoso, al contradecirse con otros anteriores.
Sin embargo, no recibió el que había de remitir el cónsul Lee desde la Habana bajo la consigna "dos dólares", siendo este diplomático anti español el primer sorprendido. ¿Qué contenía…?
Añaden los cronistas de los hechos que " España pide que se releve de su cargo en Cuba al cónsul general Lee que, a pesar de la solicitud, el presidente US Mac Kinley no aceptó" y describe cómo Segsbee, sin compañía de Lee, estuvo en una corrida de toros en La Habana.
Desde otras perspectiva de análisis, Clara Barton (sic) fundadora de la Cruz Roja americana se hallaba en La Habana, como auxiliar en tareas de evacuación de heridos, lamentaba aquella hecatombe en muertos y heridos, a la que no pudo dar explicación razonable. Añade que desde el puerto la gente gritaba "traen dinamita para volar barcos españoles pero les explota a ellos". "Uno de los oficiales el padre Chidwick alaba la prontitud de la ayuda humanitaria de los españoles en auxilio de los heridos y náufragos". Sin embargo, otro oficial americano llamado Wainwreigth dijo: "juro no pisaré territorio español hasta que el Maine sea vengado". El capitán del navío estaba convencido de que fue un accidente, que más tarde rectificó al insistir en explosión exterior, entre otras apreciaciones, para salvar su propia responsabilidad. Sin embargo, el cónsul Lee hablaba de un acto de "sabotaje". "Se intentó demostrar que el puerto de la Habana estaba minado" - absurdo por la cantidad de barcos españoles que entraban o salían-. Los periódicos británicos, The Times principalmente, imprimieron en primeras páginas en letras destacadas estar asombrados de las mentiras que publicaba la prensa norteamericana, punto de vista coincidente con varios periódicos en Europa, y con algunos rotativos yanquis "objetivos", en aquellos momentos críticos para España. Al respecto, apuntar que frente a esta total falta de ética profesional del Herald y Word, en irreverentes excesos, algunas voces americanas se significaron contra el típico estilo de Hearst, o contra su persona. Edwin Lawrence Gogki, director y propietario del Evening Post, fue una excepción. Días después del siniestro se atrevió a escribir "nada tan desgraciado como el comportamiento de estos diarios (se refería a los de Hearst y al Word) se ha conocido jamás en la historia del periodismo de este país, con reproducción indebida de hechos, invención deliberada de cuentos calculados para excitar al público”; añade la temeridad desenfrenada en la composición de titulares abyectos. “Es una vergüenza pública que los hombres puedan hacer tanto daño con el objeto de vender más periódicos". Sigue, “magnífica definición al estilo usado por el llamado Jingonismo o patrioterismo, que confundido con la prensa amarilla, hundieron el Maine a través de una "coartada asesina". Datos estos muy reveladores. Pero, es más: "La prensa conservadora norteamericana vio la presencia del buque escuela español Vizcaya en el puerto de Nueva York como un claro acto de que España y la administración oficial española, eran inocentes", sin embargo no se aceptó la solicitud de arbitraje internacional en el polémico asunto, según refleja con precisión el periodista español Agustín Remesal en libro editado al respecto.
El alférez Powelson de la Marina US, comisionado al respecto, mantenía que fue una mina exterior, ya que la quilla estaba afectada hacia arriba, culpando a España o a agentes a su servicio, todo ello desvirtuado posteriormente por la propia Marina norteamericana.
Los autores, Peggy y Samuels, a partir de la p. 235 se preguntan: ¿Por qué la historia debe absolver a España? Creemos que por:
1. La prensa europea estaba a favor de las tesis españolas.
2. España no quería la guerra. Estados Unidos sí.
3. La quilla doblada en V invertida, no es argumento técnico suficiente, y difícil de atribuir, la explosión interior también pudo causar este efecto, como demostró en 1975, el Almirante Ricover, padre de los submarinos nucleares de EEUU.
Se insiste en que la causa pudo proceder de explosión interior, combustión espontánea del carbón o incluso dinamita almacenada, puesto que en la armada americana existían numerosos precedentes, en los que se habían producido esta clase de combustiones, que por simpatía se extenderían a otras zonas con depósitos de municiones, produciendo explosiones similares a la que destruyó El Maine. Foner cita varios casos en buques como El New York, Oregón, Philadelphia, Boston, Cincinatti, Atlanta, y El Indiana que había sufrido siete combustiones lo cual constituía un récord y una magnífica argumentación en defensa de las tesis españolas.
4. Que de haber sido una explosión externa hubiera producido daños más importantes en los buques apareados al Maine, entre ellos el Alfonso XII y El Ciudad de Washington. Hubieran aparecido numerosos peces muertos en aguas de la bahía por la onda expansiva directa, máxime cuando en aquellos momentos los peces, incluso de gran tamaño, entraban en la bahía para devorar los desechos de la ciudad y de los buques anclados. Sobre esto tienen conocimiento los pescadores canarios y muchos sabemos que la explosión ha de ser muy próxima a los peces para que estos resulten muertos – y nos los hubo como queda dicho-.
5. A lo que podemos añadir que en la investigación de 1911, en la que apenas variaron las conclusiones oficiales norteamericanas, y posteriormente en 1975 el Almirante Rickover, las cuadernas afectadas no coincidían.- error gravísimo, hoy- con el informe de 1898, oficial y que costó una guerra perjudicial, pero sobre todo demostraba "que una fuente interna fue la causa de la explosión", la más probable el calor de un incendio en la carbonera contigua a la que produjo la primera y más fuerte y sentencia, el padre de los submarinos nucleares y norteamericano de nacionalidad " casos como el del Maine han de ser examinados e investigados por gente cualificada y competente, y sus conclusiones han de presentarse completas y honradamente a los ciudadanos " , que son los destinatarios de los hechos públicos que les afectan -todo lo contrario de la conducta seguida en aquel verano de 1898- por las urgentes apetencias expansionistas…(sic)
PEDRO LEAL CRUZ, DR. FILOLOGÍA INGLESA, PROFESOR EN LA ULL, TENERIFE, EN PONENCIA EXPUESTA EN CASA COLÓN, LAS PALMAS DE GRAN CANARIA, XIV CHCA, INTERPRETA LOS HECHOS ANALIZANDO EL CONTENIDO DE LA MISMA PRENSA INGLESA, EN NORTEAMÉRICA EN TORNO A LOS HECHOS PRINCIPALMENTE.
La teoría de la mina española es por tanto absurda, por que sería el motivo deseado por EEUU para la Guerra, que España no quería ni deseaba, y que sabía perdería.
Que pudieran haber sido los propios rebeldes cubanos, teoría muy defendida en los EEUU, no deja de tener base razonable, si bien no olvidemos que los cubanos temían la intervención americana, tal vez más, que la de los propios españoles.- Recordemos la Enmienda Teller, de la que el Congreso yanqui, siempre se arrepintió.-
Consideramos de suma importancia los informes del coronel José Paglieri de la Guardia Civil española y Jefe de la Policía de La Habana, así como los Inspectores Jefes de la Policía de Información, que apuntan posibilidades internas motivadas por accidente fortuito - eran frecuentes como queda dicho-. Y podrían haber sido muchas las causas que lo pudieran producir: ignición de gases acumulados en motores eléctricos, pinturas experimentales, recalentamiento de sistemas mecánicos, combustibles líquidos, munición, dinamita, detonadores. Pero también apuntaba el Jefe de La Policía habanera otras posibles causas, como la colocación de un artefacto explosivo dentro del barco, por persona de la misma tripulación – tan variopinta – o por persona visitante, ajena a la dotación del barco. ¿Quién pudiera ser el autor? Podemos conjeturar que : a) La mina podía haber sido situada por España o agentes a su servicio en el fondeadero, antes de que el Maine entrara, b) Colocada por elementos ultras españoles incontrolados enojados por la visita del buque, c) Por rebeldes cubanos, d) Por filibusteros mercenarios americanos o periodistas- espías para precipitar el camino hacia la guerra y e) Pudo ser puesta "oficialmente" por los propios americanos, por igual argumento que en el apartado anterior, el más convincente para Paglieri.
Descifrar los hechos nos llevaría a nuevas conjeturas en la espiral de tantas argumentaciones.
De todas formas en la prensa alemana de los días siguientes al suceso, se habla de un tal Agüero y de nueve cubanos pertenecientes a la Junta Revolucionaria Cubana de Nueva York, que habían recibido instrucciones por parte de anarquistas italianos, residentes en Estados Unidos, muy interesados en la causa cubana. Incluso desde Europa la prensa publicó que los que asesinaron a Cánovas, a través de Angiolillo, tenían relación y concomitancia con pro- cubanos residentes en París y Londres, e incluso con entrevistas días antes del atentado, como se apuntaba.
Que el Vizcaya estaba a 4 días del puerto de Nueva York, en misión diplomática, y no obstante se personó en el citado puerto, demostrando con esta noble actitud la total imparcialidad de España, como queda dicho, en el misterioso y no esclarecido accidente.
Las declaraciones de un marinero herido del Maine, recogidos en El Liberal, edición de Tenerife del día 7 de marzo, 1898, p. 2 se lee " Había sonado el toque de silencio, de pronto fueron derribados por una fuerte explosión que apagó el alumbrado eléctrico del buque. Se incorporó y salió por la toldilla comprobando que las llamas procedían de la proa. Saltó al mar y al poco, otro espantoso, terrible ruido, que parecía iba a hacernos volar, y varios cuerpos que caían al agua". Todas las versiones apuntaban a una explosión en una de las calderas para generar energía eléctrica, comunicando el incendio a la Santa Bárbara del buque y a los torpedos y dinamita almacenada en todo buque de guerra. No podemos descartar una previa explosión exterior inicial y con autoría humana, que provocó la siguiente y más grave en el pañol, y ¿quién?...
Sólo cuatro días antes el buque-yate de Hearst de sospechoso nombre "Bucanero", había permanecido muy próximo al Maine- Este elemento distorsionador (sic) llegó a escribir en sus propios periódicos, que "mi lema es que mientras otros hablan mi El Journal actúa, y nunca dio razones convincentes de la presencia suya y de su yate tan próximo al barco siniestrado, al que hizo numerosas fotos antes de levantar anclas, sólo menos de cien horas antes de la voladura.
La versión americana explica su punto de vista: En los torpedos se habían efectuado limpieza la tarde anterior, pudiendo haber quedado mal colocados y en condiciones de un fácil y horroroso accidente (precedente de otro similar en el mismo puerto, el buque francés La Coubre, en 1961)
El propio comandante Sesbee en parte oficial dijo "que la opinión pública debe suspender todo juicio hasta conocer nuevos detalles".
Según los informes el comandante estaba ausente del buque, otros que estaba en su cabina escribiendo a su esposa, e incluso que resultó herido, no obstante fueron sólo dos los oficiales - uno de color - fallecidos de los 34 en total que componían la tripulación, ausentes del buque, formada además por 370 marineros, que dormían resultando un total de 300 los desaparecidos, según algunas versiones de la prensa de la época, sumando los fallecidos por secuelas
Philips Foner en su excelente estudio sobre la guerra de Cuba, citado, obra de consulta necesaria para investigadores, nos aporta más detalles para este controvertido y misterioso hecho. Unos pocos oficiales de marina rechazaban el incidente como accidental, señalando las medidas preventivas seguidas en la construcción de este tipo de buques, y por ello sugerían que un torpedo, mina, u otra máquina infernal había sido embarcada por "visitantes" en el puerto de la Habana - es cierto que muchachas jóvenes cubanas frecuentaban el buque a demanda de su tripulación, pudiera muy bien haber entrado una espía asesorada al efecto, para colocar la carga en el lugar y momento preciso-. o que fue colocada en las carboneras cuando el barco repostó en Key West, debidamente preparada para ser "puesta en funcionamiento", en el momento indicado, por agentes, de la propia tripulación, o por otros en el puerto de la Habana que tuvieran acceso.- un par de cartuchos de dinamita, eran suficientes para desencadenar la explosión posterior determinante-
Es igualmente eximente, de responsabilidad hacia España, el pronto deseo de la administración española en la Isla, para que se conocieran las verdaderas causas, demasiado “urgente”, según Remesal en su libro "La Incógnita del Maine", que se contradice con la falta de cooperación del Gobierno norteamericano, que emitió otro dictamen y por tanto conclusiones opuestas.
El tribunal, para justificar que la explosión no fue un accidente, adelantaron (sic) cuatro posibilidades, coincidentes con lo ya dicho.
La primera y la más sugerida por todas las afirmaciones oficiales de la época es que el Gobierno español colocó la mina. Para contrapesar esta suposición está el hecho perjudicial que este hecho provocaría a España en su intento para evitar la guerra, que sabía no ganaría. Si bien, añadimos, no es desechable la acción de un grupo de españoles - o individualmente- resentidos o defraudados que veían peligrar sus intereses económicos, en caso de caer Cuba en manos rebeldes, prefiriendo la presumible por mejor administración "yanqui", como "mal menor".
La segunda es que oficiales subalternos españoles cometieran el crimen a instigación de Weyler, ya sin mando. Esto sería "suicida" para sus propios autores desde todo punto de vista y falto de coherencia y racionalidad suficiente, que además se hubiera sabido antes o después.
Una tercera teoría sería la instigación de la prensa amarilla y del patrioterismo de Roosevelt, que incluso pagarían a agentes cubanos o a comandos ad hoc para el sabotaje. Esto nunca podrá ser descartado, por el excesivo interés de estos medios para que EEUU entrara en guerra con España, y en algunos momentos hablaron de "un pretexto de peso", antes de la voladura. El artículo firmado "Il Macai" en el Labour Leader británico habla de un accidente y si no "es más probable la autoría americana", con el fin preconcebido.
Y existen otras especulaciones entre ellas las que manejan periodistas e historiadores norteamericanos que han estudiado este hecho. El 15 de febrero de 1910, el Evening Bulletín de Filadelfia, en el 12 aniversario, concluye que el Maine fue volado por los insurrectos cubanos a fin de implicar a los Estados Unidos en la guerra, ya que su causa flojeaba y se perdería la independencia de Cuba, a menos que fueran implicados en ella los norteamericanos. Y es claro, como apuntan diversos historiadores que los rebeldes cubanos deseaban la intervención, pero con ciertos temores, de ahí la imposición de la Enmienda Teller a instigación de los cubanos en un momento determinado, y de la que siempre se arrepintieron los responsables de su concesión y aprobación en el Congreso USA. En contrapartida surgiría la "Enmienda Platt".
Nunca serán descartadas otras muchas hipótesis para determinar las causas verdaderas de aquella explosión preliminar que consideramos con autoría, y que todas las enciclopedias actuales no dejan de mencionar como "misteriosa" o en todo caso nunca totalmente esclarecida .
Queda claro que independiente de cuales fueran otro tipo de análisis de la propia Reina Regente o del propio gobierno liberal, un ultimátum de este "calado", de ser aceptado sólo podía tener como consecuencia la caída de la Monarquía, a más de peligrosa incidencia sobre las masas hambrientas, instigadas por elementos anarco-republicanos, en claros motines de subsistencias, que además pedían el cese de la costosa guerra, que constituía otro "tercero en discordia": el Ejército dividido y próximo al enfrentamiento civil. Hoy se hubiera utilizado otro tipo de actuaciones especialmente diplomáticas, más acorde con los intereses, más todo incidió en acordar una paz honrosa que salvara la Monarquía Española.
El Gobierno y La Reina a la cabeza, en aquellos trágicos momentos, dieron cuenta pormenorizadamente a toda la clase política de la situación creada, que naturalmente fue participado a la prensa. En las consultas llevadas a cabo se acordaron consensos que conducían a la guerra irremediable, por el partido liberal y apoyo sin límites del partido conservador. El rechazo de la apetecida compra por los Estados Unidos encendió nuevamente el optimismo propio del pueblo español y su orgullo en medio de manifestaciones populares en la península que exigían la guerra contra el "sucio cerdo yanqui", con el apoyo moral de cierta prensa española que escribía slogans de variado optimismo como "que la flota española era superior a la americana", al igual que el valor español, probado en Europa y América.
A todo esto añadimos la voluntad del clero que hizo ver esta guerra como cruzada santa- el padre Carpena en encendida oratoria en las Iglesias madrileñas, comparaba a las llevadas a cabo contra moros e infieles-, todo ello unido a una intensa y gigantesca operación demagógica, superior o igual a la llevaba a cabo, paralelamente, en los Estados Unidos, sobre el más que seguro enfrentamiento, con el colosal Tío Sam.
Lo que sigue es lo que ha venido en llamarse "El desastre del 98", tópico utilizado para la llamada "regeneración" y de paso corregir errores y paliar aquel orgullo decimonónico español. Derrotadas las dos flotas de la desvencijada escuadra española, enviadas al holocausto, en aras de aquellos acuerdos tomados con error, dejando desamparadas las costas de la propia península, Baleares y Canarias, perdidas en Cabite –1 de mayo- y Santiago –3 de julio-; desembarcadas las tropas americanas en oriente de Cuba, las semanas siguientes de aquel "calvario" fueron angustiosas para el Gobierno de Madrid. Por otra parte se apreciaba el aislamiento internacional por lo irreversible de los hechos, temiéndose otros frentes, sospechándose y así se comprobó el plan de Roosevelt para atacar las costas españolas e incluso la ocupación de Islas Canarias por una flota norteamericana, que pudo ser abortada por la rapidísima intervención diplomática de los ingleses en defensa de sus grandes intereses en estas Islas, especialmente en Tenerife y Gran Canaria. Esto llegó a asustar a Madrid más que ninguna otra circunstancia de la entramada situación del momento, puesto que perder estas maravillosas posesiones hubiera significado la "derrota total".
La rendición de Santiago de Cuba, una vez sacrificada una escuadra para blanco fácil de los poderosos cañones de la flota americana que formaba semicírculo a la salida de la bahía santiaguera (en acto claramente incomprensible, salvo que el Gobierno de Madrid deseara finalizar la contienda), dio lugar a que el Almirante Cervera rindiera lo que quedaba del desastre , siendo ésta la señal esperada y deseada por el Gobierno de Madrid, para salir de aquella difícil situación y como así estaba tenía previsto.
España decreta la suspensión de las garantías constitucionales el 14 de julio de aquel fatídico año, y se dispuso a emprender las negociaciones para la paz. No deja de ser una actitud gloriosa, a pesar de todo, cual era salvar unos símbolos y el orgullo y dignidad de antaño, ya mancillada reiteradamente por el Coloso del Norte.
CAPÍTULO VI
WEYLER EN ESPAÑA. CAPITANÍA GENERAL DE CATALUÑA. SEMANA TRÁGICA.
(SIGUE...)
Notas a pie de página
1La incógnita que apunta el periodista, corresponsal de Radiotelevisión Española en los Estados Unidos, Agustín Remesal, en el magnífico libro de reciente edición: "El enigma del Maine", habrá de ser despejada a través del conocimiento, sentido común y de la misma lógica como sí de una operación aritmética se tratara. Es el deber de la Historia en su inescrutable sondeo de los acontecimientos, en especial aquellos en que la interpretación es controvertida, o en los qué una de las partes guarde fundamentales y firmes secretos, por razones de estado posiblemente, pero en perjuicio de la otra. N del A.
2Consideramos igualmente un hecho tan sospechoso como el hundimiento del transatlántico de lujo Lusitania, de nacionalidad norteamericana, hundido por los submarinos alemanes en la costa de Irlanda el 7 de mayo de 1915, con más de mil víctimas (algunas españolas como el compositor Granados), y que al parecer la inminencia del hecho era conocido por los servicios secretos y de guerra norteamericano a través del joven teniente de la Marina británica, Wiston Chruchil. Otro hecho, también con poca lógica para tiempos de guerra, fue el ocurrido en la base aeronaval USA en Hawai. El 7 de diciembre de 1941, LA BASE DE PEARL HARBOUR, es víctima de inesperado bombardeo por parte de la aviación japonesa, que desplazó la flota aérea desde Japón. Más de 300 cazas y bombarderos producen graves daños a la flota americana, que en poco más de una hora son destruidos 188 aviones de combate, 8 acorazados... y mueren más de 4000 personas. ¡¿CÓMO ES POSIBLE QUE EN PLENA GUERRA MUNDIAL, EN ESTADO DE ALERTA MÁXIMA, CON EL SOFISTICADO RADAR Y OTROS SISTEMAS, NO SE DETECTARA A TIEMPO LA LLEGADA DE LA AVIACIÓN JAPONESA!? ¿O hemos de sospechar que hubo "negligencia sospechosa", como la ocurrida en la explosión del Maine ¿..? Por intereses concretos, en dicho caso la entrada de los Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial - en el nuestro intervenir en Cuba - como así ocurrió en ambos casos de inmediato, con la característica parafernalia. Este país necesitaba también en dicho caso "una excusa de peso" para intervenir en la guerra que tenía lugar, CONVENCIENDO PREVIAMENTE A LA OPINION PUBLICA DE SUS HABITANTES. El ataque, al igual que en el caso Maine, se usó como pretexto, y la prensa realizó, una vez más, su trabajo: la tarea de adoctrinamiento masivo necesaria.
Otro hecho similar, igualmente sospechoso y bastante coincidente, fue con ocasión de la guerra de Texas (1836). El Ejército mejicano del general Santa Ana, en uso de total legitimidad para someter el territorio de Texas usurpado por miles de norteamericanos afincados, pone sitio al fuerte El Álamo, el 6 de mayo de aquel año; resultaron prácticamente asesinados todos los moradores, doce días después a pesar de que se recurrió al General Sam Huston, que se hallaba con unos destacamentos militares en lugar próximo. ¿Cómo es posible y por qué, el ejército estadounidense se negó frontalmente a acudir en auxilio de los sitiados? Sí acudió posteriormente a San jacinto dónde derrota a Santa Ana, creemos que con motivo y pretexto, no sólo para usurpar el estado de Texas en el mismo año, sino para más tarde invadir Méjico al grito de "Remember the Alamo", curiosa coincidencia, puesto que el tratado de Guadalupe Hidalgo (1848), -50 años antes de la voladura- el país vecino ha de ceder a los Estados Unidos los territorios de California (con americanos atraídos por el bulo interesado de la existencia de oro), Arizona, gran parte de la frontera norte y el resto de Texas.
Tenemos otro acontecimiento, éste más reciente y muy comentado en el momento, pero sumamente aleccionador: El día dos de agosto de 1964 el ataque de dos destructores norteamericanos en el Golfo de Tonkín, fue motivo para la Resolución del mismo nombre, por la que el Senado USA autorizó al Presidente para poder emplear en Vietnan cuantas fuerzas militares de Estados Unidos fuesen necesarias. Así, con éste pretexto, se inició la famosa escalada del Presidente Johnson, cuando es sabido que ambos buques se hallaban, probablemente espiando, en el momento de ser atacados, pero de esta forma los Estados Unidos lo usarían para sus intereses bélicos con aquel pretexto. Morse un polémico político y periodista de Oregón, publicó las siguientes palabras en 1968:" EL ASUNTO DEL GOLFO DE TONKIN FUE UNA COPIA EXACTA DEL AFFAIRE QUE HUNDIO AL MAINE... NO TUVIMOS RAZON EN EL GOLFO DE TONKÍN. FUIMOS UNOS PROVOCADORES. ESTUVIMOS ALLÍ TAN EQUIVOCADOS COMO CON RELACION AL HUNDIMIENTO DEL MAINE, EN LA HABANA, 68 AÑOS ANTES". A TODO ESTO SE AÑADE LO QUE EL PERIODISTA JOSEPH I. PUENTE, PUBLICÓ UN ARTÍCULO EN EL "EVENING STAR " DE WASHINGTON, EL DÍA 15 DE FEBRERO DEL MISMO AÑO 1968, DEL QUE EL HISTORIADOR CALLEJA LEAL EN EXCELENTE ARTÍCULO SOBRE ESTE ASUNTO, APARECIDO EN HISTORIA 16, NÚM. 176 DE DICIEMBRE DE 1990, MADRID, EXTRAE :" LA VERDAD SOBRE EL MAINE NOS ES CONOCIDA CINCUENTA AÑOS DESPUÉS, PERO LA SABÍA YA EL DEPARTAMENTO DE ESTADO EN 1898", Y QUE OCULTÓ PARA PODER INTERVENIR EN LA GUERRA CONTRA ESPAÑA, IMPUNEMENTE Y CON LOS GRAVES PERJUICIOS DE TODO TIPO CONOCIDOS” Esta aseveración es sumamente explicativa. N d A extraído de ponencia expuesta en Casa de Colón, Gran Canaria, 1998.
3Policía que en poco tiempo, tras la firma del Tratado de Paris, a mes y medio de la pérdida oficial de la soberanía española en Cuba, cesaba en sus funciones oficiales. Habría de abandonar la Isla corporativamente, ante una Comisión norteamericana de evacuación establecida en La Habana, que era la verdadera dueña de la situación pos bélica en detrimento de los cubanos y en perjuicio de España.
Tal como puntan Camino del Olmo y Cabo Meseguer, en el citado libro La Policía española de Ultramar, Fundación Policía Española, Madrid, 2003, p. 87, “como tantos españoles, los Guardias de Orden Público y también los de la Benemérita pertenecían al paisaje y paisanaje de la isla. De la lectura de la prensa cubana de la época se deduce tal arraigo en todos los campos sociales, vivían en contacto directo con alegrías y problemas de la sociedad a la que servían. En el Diario de La Marina, La Lucha, El País, El Español y otros diarios habaneros era habitual la aparición de los servicios llevados a cabo por estos leales servidores del orden…”.
Como tantos españoles, habían establecido raíces familiares personales en la Isla, y muchos de ellos abandonarían aquella tierra pero otros no. Cuba era ya el verdadero hogar de otros muchos españoles. Era necesario admitirlo, mientras no les esperaba nadie ni nada en la Patria vieja, si tenían un futuro en la nueva que se llamaba República de Cuba. La guerra fue sin duda muy cruel, ninguna guerra deja de serlo, pero no había desarrollado significativamente un sentimiento genérico y de enfrentamiento anti-español, que impidiera la convivencia y menos aún existiendo lazos de parentesco adquirido durante tantos siglos. La mayoría de los dirigentes cubanos en la emancipación eran de ascendencia española y fue también muy importante la presencia de españoles en las filas del ejército libertador cubano…entre ellos muchos “isleños”, como se ha dicho en otros apartados de este libro N d A
4El yate de Hearst estuvo anclado en lugar próximo al acorazado americano, cuatro días antes de la voladura, tomando fotos (otras fotos de la época así lo atestiguan). El magnate de la prensa, con varios corresponsales a su servicio en la Isla, había llegado de forma extraña y sorpresiva, hasta que fue expulsado por fuerzas del coronel español Paglieri, de la Guardia Civil. Nota del Autor.
5Son tantas, como las posibilidades que los saboteadores tienen para burlar la vigilancia o control institucional, y así lo comprobamos en "el fenómeno del terrorismo actual", imposible de controlar o de erradicar desde sus mismas bases, por ese mismo aliado que les permite la premeditación y la actuación "desde la sombra", unido a la persistencia en virtud de objetivos ideológicos que les obliga moralmente para llevar a cabo "lo que sea". Estos sentimientos maquiavélicos ya existían también en 1898 y posiblemente con mayor apasionamiento que ahora.
Aquel país, hoy gran imperio económico, crisol de todo tipo de pueblos y etnias, guarda en su haber desde los mismos inicios del siglo XIX, y hasta fechas actuales, un gran acervo de elementos humanos cuya conducta paranoica o esquizofrénica queda plasmada en graves crímenes que constatamos en su variopinta historia hasta hechos de protagonismo recientes en su propio país. La horca, la silla eléctrica, la cámara de gas o la inyección letal, son testigos mudos que presenciaron el último aliento de ese tipo de personas, cuya conducta patológica apuntamos... Es por todo ello que no podemos dejar como descartada aquella presumible premisa por la que una mano asesina dispuso, ordenó, permitió o actuó directamente en el acto que originó la tragedia del Maine y sus 266 muertos (más tarde 300), aún aceptando que imprevisiblemente desconocieran a priori los resultados criminales del mismo en cuanto a muertos y heridos pero sí las consecuencias políticas que se cumplieron según las previsiones que tanto en medios de prensa, políticos, económicos o de opinión pública, anunciaban y exigían como algo inaplazable e irreversible: "un argumento de peso para la entrada de los Estados Unidos en la guerra de Cuba, aspecto considerado como necesario y hecho evidente", para darle una solución definitiva, incluso por las propias autoridades españolas, que llegaron a desearla como mal menor. España acepta la guerra por dignidad y para salvar la Monarquía y el prestigio como potencia mundial, que aún era, aunque sabe que es una guerra perdida. Los norteamericanos llevan a cabo otro acto más de claro dominio imperialista a través de aquella política, mantenida hasta hoy, en actos claros y en diversos lugares de la geografía planetaria, aun considerando un claro deseo de paz mundial a su modo. Lo ocurrido en febrero de 1898 ocasionó la quiebra moral y de la dignidad de España en América, en cuantiosas pérdidas en hombres, material y dinero.
Hoy, se intuye lo ocurrido al Maine, pero nada es totalmente probatorio. Las cosas parecen igual,- no para el autor de este artículo- , sin embargo, debemos condenar a los EEUU por alevoso proceder en su incipiente imperialismo, y, por el contrario, ennoblecer la reacción laudatoria, consecuente y patriótica de España y de su gobierno liberal, a través de Sagasta y de la propia Reina Regente. No olvidemos que el propio presidente Mac Kinley, dudando si las potencias europeas pudieran ser contrarias a las intervenciones de Estados Unidos en el Caribe, o que pudieran proteger a la todavía "notable España", intentó un ultimátum final ofreciendo directamente a la Reina María Cristina la compra de la Isla de Cuba – y Puerto Rico – por 300 millones de dólares reservando un millón para los intermediarios, operación no aceptada por prestigio, y sobre todo al temor que la situación pudiera derivar para la propia Monarquía y su previsible caída, ya afectada por partidos claramente republicanos, al igual que para el propio gobierno y status creado desde la Restauración. Nota del Autor.
6Ponencia, con amplia documentación, de la historiadora cubana Dra. Matilde Fernández Muñiz en los cursos internacionales sobre el aniversario de estos hechos, celebrados en La Habana en agosto de 1994.
1La incógnita que apunta el periodista, corresponsal de Radiotelevisión Española en los Estados Unidos, Agustín Remesal, en el magnífico libro de reciente edición: "El enigma del Maine", habrá de ser despejada a través del conocimiento, sentido común y de la misma lógica como sí de una operación aritmética se tratara. Es el deber de la Historia en su inescrutable sondeo de los acontecimientos, en especial aquellos en que la interpretación es controvertida, o en los qué una de las partes guarde fundamentales y firmes secretos, por razones de estado posiblemente, pero en perjuicio de la otra. N del A.
2Consideramos igualmente un hecho tan sospechoso como el hundimiento del transatlántico de lujo Lusitania, de nacionalidad norteamericana, hundido por los submarinos alemanes en la costa de Irlanda el 7 de mayo de 1915, con más de mil víctimas (algunas españolas como el compositor Granados), y que al parecer la inminencia del hecho era conocido por los servicios secretos y de guerra norteamericano a través del joven teniente de la Marina británica, Wiston Chruchil. Otro hecho, también con poca lógica para tiempos de guerra, fue el ocurrido en la base aeronaval USA en Hawai. El 7 de diciembre de 1941, LA BASE DE PEARL HARBOUR, es víctima de inesperado bombardeo por parte de la aviación japonesa, que desplazó la flota aérea desde Japón. Más de 300 cazas y bombarderos producen graves daños a la flota americana, que en poco más de una hora son destruidos 188 aviones de combate, 8 acorazados... y mueren más de 4000 personas. ¡¿CÓMO ES POSIBLE QUE EN PLENA GUERRA MUNDIAL, EN ESTADO DE ALERTA MÁXIMA, CON EL SOFISTICADO RADAR Y OTROS SISTEMAS, NO SE DETECTARA A TIEMPO LA LLEGADA DE LA AVIACIÓN JAPONESA!? ¿O hemos de sospechar que hubo "negligencia sospechosa", como la ocurrida en la explosión del Maine ¿..? Por intereses concretos, en dicho caso la entrada de los Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial - en el nuestro intervenir en Cuba - como así ocurrió en ambos casos de inmediato, con la característica parafernalia. Este país necesitaba también en dicho caso "una excusa de peso" para intervenir en la guerra que tenía lugar, CONVENCIENDO PREVIAMENTE A LA OPINION PUBLICA DE SUS HABITANTES. El ataque, al igual que en el caso Maine, se usó como pretexto, y la prensa realizó, una vez más, su trabajo: la tarea de adoctrinamiento masivo necesaria.
Otro hecho similar, igualmente sospechoso y bastante coincidente, fue con ocasión de la guerra de Texas (1836). El Ejército mejicano del general Santa Ana, en uso de total legitimidad para someter el territorio de Texas usurpado por miles de norteamericanos afincados, pone sitio al fuerte El Álamo, el 6 de mayo de aquel año; resultaron prácticamente asesinados todos los moradores, doce días después a pesar de que se recurrió al General Sam Huston, que se hallaba con unos destacamentos militares en lugar próximo. ¿Cómo es posible y por qué, el ejército estadounidense se negó frontalmente a acudir en auxilio de los sitiados? Sí acudió posteriormente a San jacinto dónde derrota a Santa Ana, creemos que con motivo y pretexto, no sólo para usurpar el estado de Texas en el mismo año, sino para más tarde invadir Méjico al grito de "Remember the Alamo", curiosa coincidencia, puesto que el tratado de Guadalupe Hidalgo (1848), -50 años antes de la voladura- el país vecino ha de ceder a los Estados Unidos los territorios de California (con americanos atraídos por el bulo interesado de la existencia de oro), Arizona, gran parte de la frontera norte y el resto de Texas.
Tenemos otro acontecimiento, éste más reciente y muy comentado en el momento, pero sumamente aleccionador: El día dos de agosto de 1964 el ataque de dos destructores norteamericanos en el Golfo de Tonkín, fue motivo para la Resolución del mismo nombre, por la que el Senado USA autorizó al Presidente para poder emplear en Vietnan cuantas fuerzas militares de Estados Unidos fuesen necesarias. Así, con éste pretexto, se inició la famosa escalada del Presidente Johnson, cuando es sabido que ambos buques se hallaban, probablemente espiando, en el momento de ser atacados, pero de esta forma los Estados Unidos lo usarían para sus intereses bélicos con aquel pretexto. Morse un polémico político y periodista de Oregón, publicó las siguientes palabras en 1968:" EL ASUNTO DEL GOLFO DE TONKIN FUE UNA COPIA EXACTA DEL AFFAIRE QUE HUNDIO AL MAINE... NO TUVIMOS RAZON EN EL GOLFO DE TONKÍN. FUIMOS UNOS PROVOCADORES. ESTUVIMOS ALLÍ TAN EQUIVOCADOS COMO CON RELACION AL HUNDIMIENTO DEL MAINE, EN LA HABANA, 68 AÑOS ANTES". A TODO ESTO SE AÑADE LO QUE EL PERIODISTA JOSEPH I. PUENTE, PUBLICÓ UN ARTÍCULO EN EL "EVENING STAR " DE WASHINGTON, EL DÍA 15 DE FEBRERO DEL MISMO AÑO 1968, DEL QUE EL HISTORIADOR CALLEJA LEAL EN EXCELENTE ARTÍCULO SOBRE ESTE ASUNTO, APARECIDO EN HISTORIA 16, NÚM. 176 DE DICIEMBRE DE 1990, MADRID, EXTRAE :" LA VERDAD SOBRE EL MAINE NOS ES CONOCIDA CINCUENTA AÑOS DESPUÉS, PERO LA SABÍA YA EL DEPARTAMENTO DE ESTADO EN 1898", Y QUE OCULTÓ PARA PODER INTERVENIR EN LA GUERRA CONTRA ESPAÑA, IMPUNEMENTE Y CON LOS GRAVES PERJUICIOS DE TODO TIPO CONOCIDOS” Esta aseveración es sumamente explicativa. N d A extraído de ponencia expuesta en Casa de Colón, Gran Canaria, 1998.
3Policía que en poco tiempo, tras la firma del Tratado de Paris, a mes y medio de la pérdida oficial de la soberanía española en Cuba, cesaba en sus funciones oficiales. Habría de abandonar la Isla corporativamente, ante una Comisión norteamericana de evacuación establecida en La Habana, que era la verdadera dueña de la situación pos bélica en detrimento de los cubanos y en perjuicio de España.
Tal como puntan Camino del Olmo y Cabo Meseguer, en el citado libro La Policía española de Ultramar, Fundación Policía Española, Madrid, 2003, p. 87, “como tantos españoles, los Guardias de Orden Público y también los de la Benemérita pertenecían al paisaje y paisanaje de la isla. De la lectura de la prensa cubana de la época se deduce tal arraigo en todos los campos sociales, vivían en contacto directo con alegrías y problemas de la sociedad a la que servían. En el Diario de La Marina, La Lucha, El País, El Español y otros diarios habaneros era habitual la aparición de los servicios llevados a cabo por estos leales servidores del orden…”.
Como tantos españoles, habían establecido raíces familiares personales en la Isla, y muchos de ellos abandonarían aquella tierra pero otros no. Cuba era ya el verdadero hogar de otros muchos españoles. Era necesario admitirlo, mientras no les esperaba nadie ni nada en la Patria vieja, si tenían un futuro en la nueva que se llamaba República de Cuba. La guerra fue sin duda muy cruel, ninguna guerra deja de serlo, pero no había desarrollado significativamente un sentimiento genérico y de enfrentamiento anti-español, que impidiera la convivencia y menos aún existiendo lazos de parentesco adquirido durante tantos siglos. La mayoría de los dirigentes cubanos en la emancipación eran de ascendencia española y fue también muy importante la presencia de españoles en las filas del ejército libertador cubano…entre ellos muchos “isleños”, como se ha dicho en otros apartados de este libro N d A
4El yate de Hearst estuvo anclado en lugar próximo al acorazado americano, cuatro días antes de la voladura, tomando fotos (otras fotos de la época así lo atestiguan). El magnate de la prensa, con varios corresponsales a su servicio en la Isla, había llegado de forma extraña y sorpresiva, hasta que fue expulsado por fuerzas del coronel español Paglieri, de la Guardia Civil. Nota del Autor.
5Son tantas, como las posibilidades que los saboteadores tienen para burlar la vigilancia o control institucional, y así lo comprobamos en "el fenómeno del terrorismo actual", imposible de controlar o de erradicar desde sus mismas bases, por ese mismo aliado que les permite la premeditación y la actuación "desde la sombra", unido a la persistencia en virtud de objetivos ideológicos que les obliga moralmente para llevar a cabo "lo que sea". Estos sentimientos maquiavélicos ya existían también en 1898 y posiblemente con mayor apasionamiento que ahora.
Aquel país, hoy gran imperio económico, crisol de todo tipo de pueblos y etnias, guarda en su haber desde los mismos inicios del siglo XIX, y hasta fechas actuales, un gran acervo de elementos humanos cuya conducta paranoica o esquizofrénica queda plasmada en graves crímenes que constatamos en su variopinta historia hasta hechos de protagonismo recientes en su propio país. La horca, la silla eléctrica, la cámara de gas o la inyección letal, son testigos mudos que presenciaron el último aliento de ese tipo de personas, cuya conducta patológica apuntamos... Es por todo ello que no podemos dejar como descartada aquella presumible premisa por la que una mano asesina dispuso, ordenó, permitió o actuó directamente en el acto que originó la tragedia del Maine y sus 266 muertos (más tarde 300), aún aceptando que imprevisiblemente desconocieran a priori los resultados criminales del mismo en cuanto a muertos y heridos pero sí las consecuencias políticas que se cumplieron según las previsiones que tanto en medios de prensa, políticos, económicos o de opinión pública, anunciaban y exigían como algo inaplazable e irreversible: "un argumento de peso para la entrada de los Estados Unidos en la guerra de Cuba, aspecto considerado como necesario y hecho evidente", para darle una solución definitiva, incluso por las propias autoridades españolas, que llegaron a desearla como mal menor. España acepta la guerra por dignidad y para salvar la Monarquía y el prestigio como potencia mundial, que aún era, aunque sabe que es una guerra perdida. Los norteamericanos llevan a cabo otro acto más de claro dominio imperialista a través de aquella política, mantenida hasta hoy, en actos claros y en diversos lugares de la geografía planetaria, aun considerando un claro deseo de paz mundial a su modo. Lo ocurrido en febrero de 1898 ocasionó la quiebra moral y de la dignidad de España en América, en cuantiosas pérdidas en hombres, material y dinero.
Hoy, se intuye lo ocurrido al Maine, pero nada es totalmente probatorio. Las cosas parecen igual,- no para el autor de este artículo- , sin embargo, debemos condenar a los EEUU por alevoso proceder en su incipiente imperialismo, y, por el contrario, ennoblecer la reacción laudatoria, consecuente y patriótica de España y de su gobierno liberal, a través de Sagasta y de la propia Reina Regente. No olvidemos que el propio presidente Mac Kinley, dudando si las potencias europeas pudieran ser contrarias a las intervenciones de Estados Unidos en el Caribe, o que pudieran proteger a la todavía "notable España", intentó un ultimátum final ofreciendo directamente a la Reina María Cristina la compra de la Isla de Cuba – y Puerto Rico – por 300 millones de dólares reservando un millón para los intermediarios, operación no aceptada por prestigio, y sobre todo al temor que la situación pudiera derivar para la propia Monarquía y su previsible caída, ya afectada por partidos claramente republicanos, al igual que para el propio gobierno y status creado desde la Restauración. Nota del Autor.
6Ponencia, con amplia documentación, de la historiadora cubana Dra. Matilde Fernández Muñiz en los cursos internacionales sobre el aniversario de estos hechos, celebrados en La Habana en agosto de 1994.
14 de enero de 2010
WEYLER: HOMBRE O DEMONIO
Por Miguel Leal Cruz
Proyecto de libro a editar por el autor.
Determinados contenidos aparecidos en el libro de reciente publicación “Los últimos de Cuba” del periodista palmero Carlos Fuentes (Editorial Idea-Quinta Columna), obliga a reconsiderar la figura de este militar español con protagonismo en Canarias y sobre todo en Cuba: Valeriano Weyler y Nicolau. El autor, recopilador de eventos canarios en la perla antillana, al hilo de lo que apunta uno de los entrevistados, añade “también lamentar que, a día de hoy, la plaza más noble de Santa Cruz de Tenerife tenga el nombre de uno de los personajes más infames que ha llevado España a Cuba, como es Valeriano Weyler, y que no haya un sitio público que reconozca la importancia que ha tenido Canarias en Cuba, y no se sepa quién es José Martí, o Ernesto Lecuona". Se considera, no obstante, que los mencionados sí son conocidos y bien, a tenor de lo escrito y divulgado sobre su protagonismo…
No es fácil ahondar en la personalidad de este militar español a la vieja usanza. Si bien, como se han abordado aspectos de él mismo en virtud de alguna investigación al efecto (publicada), procuraremos “un retrato” lo más objetivo posible, siempre teniendo en cuenta la fecha y circunstancias en que le tocó vivir (y actuar).
Como se dijo en otro momento, la nueva Ley de Defensa, puesta en vigor por el gobierno socialista (hoy se aplica con rigor) para regular la participación o envío de unidades de nuestras Fuerzas Armadas en intervenciones en el exterior (que se conoce por parentesco con estos profesionales), nos retrotrae a otros eventos pasados y a sus responsables políticos o militares, que causaron nefastos perjuicios a España: Guerra de Cuba (Reconcentración), Marruecos (Annual)…
Los que creen conocer la Historia (con mayúscula), consecuencia de profunda ordenación y estudio a la par que objetividad, les resulta difícil definir la actuación de determinados personajes, ya inmersos o que forman parta de ella por su destacado protagonismo en alguno de sus entramados. Nos referimos, en concreto, a este militar que con grado de general ha quedado vinculado a Canarias y en particular a la Isla de Tenerife, por destinos en esta región (a él se debe la creación del edificio de Capitanía y aledaños), premiado con un marquesado que lleva el título y nombre de dicha isla concedido a propuesta de los más destacados representantes locales e institucionales, en aquel momento. Era apreciado igualmente por otros profesionales subordinados e incluso por los soldados (a los que concedía permisos semanales por prestaciones extras al Ejército)
Los que creen conocer la Historia (con mayúscula), consecuencia de profunda ordenación y estudio a la par que objetividad, les resulta difícil definir la actuación de determinados personajes, ya inmersos o que forman parta de ella por su destacado protagonismo en alguno de sus entramados. Nos referimos, en concreto, a este militar que con grado de general ha quedado vinculado a Canarias y en particular a la Isla de Tenerife, por destinos en esta región (a él se debe la creación del edificio de Capitanía y aledaños), premiado con un marquesado que lleva el título y nombre de dicha isla concedido a propuesta de los más destacados representantes locales e institucionales, en aquel momento. Era apreciado igualmente por otros profesionales subordinados e incluso por los soldados (a los que concedía permisos semanales por prestaciones extras al Ejército)
Sobre su polémica intervención en la campaña cubana se contraponen diversos
criterios que la misma la historia en sus pronunciamientos universitarios ha definido lo más objetivamente posible (es deber de todo historiador). Se ha dicho que Weyler fue ante todo un militar de su época y, por ello, consecuente y efectivo como tal, de que hizo gala en todos los actos profesionales en los que participó (no es lo mismo una actuación en el siglo XIX que en el XXI, al menos en España). Así parece probado tanto como subordinado o con el mando supremo que ostentará en la definitiva guerra cubana alentada por intereses ajenos a España desde una potencia emergente: Estados Unidos.
criterios que la misma la historia en sus pronunciamientos universitarios ha definido lo más objetivamente posible (es deber de todo historiador). Se ha dicho que Weyler fue ante todo un militar de su época y, por ello, consecuente y efectivo como tal, de que hizo gala en todos los actos profesionales en los que participó (no es lo mismo una actuación en el siglo XIX que en el XXI, al menos en España). Así parece probado tanto como subordinado o con el mando supremo que ostentará en la definitiva guerra cubana alentada por intereses ajenos a España desde una potencia emergente: Estados Unidos.
Distinto puede resultar su carácter y personalidad, que es propia de cada ser humano
considerado individualmente, por la fama de “duro” que como tal aún se le recuerda. Militar de profesión en el más amplio sentido en que esta actividad era considerada en su tiempo, por la concepción que se tenía de la guerra y las circunstancias que la acompañaban durante un siglo de variadas intervenciones propias en África y América a más de las habidas en territorio español. O las que tuvieron lugar en el ancho mundo como las napoleónicas, franco-prusiana, yanqui-confederada o hispano-cubano-norteamericana, entre otras que vendrán más tarde…
El concepto honor militar y valor militar eran comunes en la época y tenido en alta estima dentro del régimen clasista implícito a aquella casta que, con ordenamiento propio, disponían estos profesionales de la guerra. El permanente antagonismo entre políticos y militares fue otra constante del siglo XIX, decisivo a la hora de imprimir carácter a este estamento privilegiado. Actuaba, a veces, con plenos poderes y decisiones, en clara desobediencia y enfrentamiento con la autoridad política. Se llevaba a cabo en variadas ocasiones a través de los acuñados “pronunciamientos” tan en boga en España. Acción ésta que resultará, en su concepto y en su plasmación, extensiva a los países del área iberoamericana que por cultura común dieron nombre global a esta conducta, para convertirla en tópico universal por otros ejércitos en la asunción del poder civil: “los pronunciamientos militares” (al igual que el de “guerrilla”)
considerado individualmente, por la fama de “duro” que como tal aún se le recuerda. Militar de profesión en el más amplio sentido en que esta actividad era considerada en su tiempo, por la concepción que se tenía de la guerra y las circunstancias que la acompañaban durante un siglo de variadas intervenciones propias en África y América a más de las habidas en territorio español. O las que tuvieron lugar en el ancho mundo como las napoleónicas, franco-prusiana, yanqui-confederada o hispano-cubano-norteamericana, entre otras que vendrán más tarde…
El concepto honor militar y valor militar eran comunes en la época y tenido en alta estima dentro del régimen clasista implícito a aquella casta que, con ordenamiento propio, disponían estos profesionales de la guerra. El permanente antagonismo entre políticos y militares fue otra constante del siglo XIX, decisivo a la hora de imprimir carácter a este estamento privilegiado. Actuaba, a veces, con plenos poderes y decisiones, en clara desobediencia y enfrentamiento con la autoridad política. Se llevaba a cabo en variadas ocasiones a través de los acuñados “pronunciamientos” tan en boga en España. Acción ésta que resultará, en su concepto y en su plasmación, extensiva a los países del área iberoamericana que por cultura común dieron nombre global a esta conducta, para convertirla en tópico universal por otros ejércitos en la asunción del poder civil: “los pronunciamientos militares” (al igual que el de “guerrilla”)
Pero ¿Qué ocurría en Cuba, tras el enconamiento de la guerra a partir de 1895?
Los relativos éxitos del General Martínez Campos tras El Pacto de Zanjón, complicaron la situación social en aquella posesión querida y arraigada con España desde mucho antes. El mismo Martínez Campos, que ya intuye la pérdida de la isla, solicita sea sustituido en el gobierno y jefatura del ejército por otro general de prestigio que también conocía Cuba; el mismo Weyler, que asumirá las riendas del mando supremo el 12 de febrero de 1896 en breve acto de toma de posesión en la Capitanía General de La Habana, sin apenas acto protocolario alguno.
Con táctica netamente militar intenta cambiar, por todos los medios, el signo adverso de los acontecimientos al aplicar nuevos métodos, considerados bárbaros (pero ya puestos en práctica en las reservas indígenas de Norteamérica), contra los insurrectos y elementos no adictos a la causa española; llegaron a su punto culminante en el Bando de Reconcentración firmado, el 21 de octubre del mismo año, pero con efecto mucho después de su toma de posesión al ver clara la concomitancia entre población civil con rebeldes y yanquis, orden que disponía: todos los habitantes en los campos o fuera de las líneas de fortificación (se refería ya a la creada por él desde Mariel a Majana, fortificada y electrificada) y de poblados, se reconcentrarán en el término de ocho días en los pueblos ocupados por las tropas, proceder encomiable como táctica militar Era previsible la sospecha que ahondar en la figura de este polémico militar decimonónico producía ampollas, entre cubanos fundamentalmente. Se recibe nota de un exilado cubano en Suecia, escritor y editor, Carlos Estefanía, director de la Web CubaNuestra, en la que alaba el artículo (y La Gaceta de Canarias, que lee en Pdf) cuando apunta que el debate aparece controvertido para españoles, “que no para cubanos”, aclara.
Con táctica netamente militar intenta cambiar, por todos los medios, el signo adverso de los acontecimientos al aplicar nuevos métodos, considerados bárbaros (pero ya puestos en práctica en las reservas indígenas de Norteamérica), contra los insurrectos y elementos no adictos a la causa española; llegaron a su punto culminante en el Bando de Reconcentración firmado, el 21 de octubre del mismo año, pero con efecto mucho después de su toma de posesión al ver clara la concomitancia entre población civil con rebeldes y yanquis, orden que disponía: todos los habitantes en los campos o fuera de las líneas de fortificación (se refería ya a la creada por él desde Mariel a Majana, fortificada y electrificada) y de poblados, se reconcentrarán en el término de ocho días en los pueblos ocupados por las tropas, proceder encomiable como táctica militar Era previsible la sospecha que ahondar en la figura de este polémico militar decimonónico producía ampollas, entre cubanos fundamentalmente. Se recibe nota de un exilado cubano en Suecia, escritor y editor, Carlos Estefanía, director de la Web CubaNuestra, en la que alaba el artículo (y La Gaceta de Canarias, que lee en Pdf) cuando apunta que el debate aparece controvertido para españoles, “que no para cubanos”, aclara.
En efecto es entre historiadores (contemporáneos) cubanos donde más abundan los detractores en torno a la figura y actuación en Cuba del General Weyler como militar profesional y su política bélica en la Isla.
Se analizan desde diversas fuentes estimaciones sobre el número de fallecidos en estas concentraciones, difícil de cuantificar toda vez que no existían registros de los muertos y sus causas. Carlos M Trelles y Govín, historiador cubano, afirma que por estas causas murieron "no menos de 300.000 ", incluyendo al parecer los residentes habituales de las ciudades, antes de la medida, y que no fueron reconcentrados como tales, y los que murieron "por incumplir la orden" y quedar a merced de las dificultades de subsistencia derivadas de la propia guerra (política de tierra quemada en ambos bandos)
La mayor parte de las fuentes de la época están de acuerdo en la cifra de 50 mil desaparecidos sólo para la provincia de La Habana. El político y abogado español Álvaro de Figueroa, conde de Romanones, habla de 300 mil reconcentrados agonizantes y famélicos muriendo de hambre y de miseria alrededor de las poblaciones en las que fueron reagrupados (fuente esta creíble). Otro célebre político e intelectual de ideas progresistas, en la contienda por el poder en España a principios del pasado siglo, José Canalejas, afirmó en un contexto político "que aún antes de terminada la guerra cubana, entre los muertos caídos en el campo de batalla, por hambre, enfermedades y la reconcentración decretada por Weyler, ascendían aproximadamente a la tercera parte de la población rural de Cuba".
A este respecto, otro historiador cubano actual, José Cantón Navarro, en edición “El Yugo y La Estrella”, apunta que “la monstruosa medida no dio los resultados que España esperaba”. Si bien es cierto que aniquiló gran parte de la población civil y causó estragos entre las filas insurrectas. También obligó a miles de hombres, cubanos o vinculados a Cuba, a tomar las armas contra la metrópoli y provocar a su vez una ola de “indignación contra España en muchos países del mundo”. No obstante, no menciona la ingerencia norteamericana, y sí afirma que el curso de la guerra siguió favoreciendo a las armas cubanas, cesando la reconcentración hacia marzo de 1898 una vez sustituido Weyler, en pro de la política pacifista (del gobernador Blanco) impuesta desde Madrid por las circunstancias.
Es evidente que la estrategia bélica seguida por nuestro general en jefe, nunca puede constituir una solución ideal, al menos en el momento avanzado de la guerra en la que fue dispuesta. No hizo más que exacerbar el ánimo de aquellos que combatían con el ideal de la Cuba independiente, azuzados por propios intereses de los Estados Unidos, y a la par de los que mantenían la españolidad de la Isla.
El sufrimiento de sus familiares recluidos, reconcentrados o abandonados a su suerte, no habían hecho otra cosa que incentivar aún más el esfuerzo para expulsar a los españoles de la isla. Estos métodos expeditivos nunca han obtenido el resultado deseado y así lo hemos visto en otros momentos de la Historia: Las reservas indias en Norteamérica, años antes, o los campos de exterminio nazis, régimen sudafricano o camboyano…, después…
Esta política, netamente militar del general Weyler, haciendo uso del maquiavelismo más extremo con un objetivo y finalidad: ganar la guerra a la que los políticos españoles enviaron como general en jefe; Es claro, no obtuvo el resultado deseado por distintas circunstancias adversas. La suspensión de las labores agrícolas y el abandono de la vida en el campo, incrementó el número de adeptos que se suman a la causa cubana, a lo que añadimos la destrucción económica de todos los factores de producción que perjudicaba a ambos bandos. La desesperación, miseria, muerte y caos que sigue es "el caldo de cultivo" esperado y deseado por la caterva de periodistas yanquis afincados en la isla que servían puntualmente la noticia, claramente interesada y partidista, a sus rotativos norteamericanos, especialmente al notable The Word , y que como agencias de noticias de la época catapultaban sesgadas observaciones al mundo más desarrollado de la época, especialmente Europa y América. Es claro producen el efecto que buscaban desde el inicio: "el tópico de la crueldad española en América desde la conquista cuatro siglos antes y que tan claramente tenía, a su manera, el mundo anglosajón en la versión propia de las obras del padre Fray Bartolomé de Las Casas en su denuncia “Brevísima relación de la destrucción de las Indias” ". Mas ¿qué diferencia con la practicada por ingleses…, entre otros imperios coloniales de la época? Esta es la realidad histórica y sus conexos.
La presión periodística, diplomática y política sobre Valeriano Weyler, a lo que se une el acontecimiento nefasto para la historia de la España contemporánea como fue el asesinato de Canovas del Castillo (cometido por el anarquista italiano Angiolillo que días antes había contactado en Londres con agentes cubano-yanquis…), dio totalmente al traste con el deseo de este general, encomiable desde cualquier opción lógica para un militar de la época (Napoleón en Austria, a principios del siglo, ante los 300 mil cadáveres del campo de batalla, no se inmutó) cual fue su propósito de ganar la Guerra de Cuba prácticamente perdida cuando tomó el mando de las operaciones el 12 febrero de 1896; en cuya misión (por dos años) puso el máximo empeño cumpliendo órdenes superiores como militar en jefe… Una vez que regresa de Cuba, volvió a desempeñar importantes cargos militares; actuó con energía en el levantamiento civil que tuvo lugar en Barcelona en la conocida Semana Trágica (1909) contra la guerra de África, y murió en Madrid próximo al siglo de existencia, que denota la excelente salud de que siempre hizo gala. Llegó por ascenso escalafonal al grado de Capitán General. Escribió y editó en torno a 1910 “Mi mando en Cuba”, donde trata de justificar su actuación militar en aquella Isla, al tiempo que acallar la crítica a su gestión durante su mando
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