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24 de junio de 2010

WEYLER. HOMBRE O DEMONIO Cap.V

LIBRO PROYECTADO SOBRE Valeriano WEYLER

BORRADOR


TAPA PARA EL LIBRO


Tapa posterior (en fase de diseño)
Leyenda sinóptica con imagen de fondo y en recuadro, trochas, carga mambisa, incendio tea, destrucción bienes económicos.
Y Maine.


METODOLOGÍA PARA ESTA EDICIÓN A SEGUIR EN TODO EL CONTEXTO.

INTERCALAR PRENSA DE LA ÈPOCA: CONTRASTAR DOCUMENTOS.
DOCUMENTACIÓN DIPLOMÁTICA EN ESPAÑA, CUBA Y ESTADOS UNIDOS. FUENTES CUBANAS, FUENTES ESPAÑOLAS.
AÑADIR OTRAS NOTAS DE A PIE DE PÁGINA…

PERIODISMO HISTÓRICO
Periodismohistoricosl.blogspot.com

Prólogo.

José Manuel Clar Fernández

CONTENIDO PREVIO EN CAPÍTULOS
BORRADOR

A MODO DE INTRODUCCIÓN.

I.- VALERIANO WEYLER: ORIGEN, INFANCIA Y FORMACIÓN MILITAR.

II.- MISIONES EN SANTO DOMINGO Y CUBA. CAPITANÍA DE CANARIAS (18--) Y DE FILIPINAS (18--).
Campaña Santo Domingo, amistad profesional con Máximo Gómez. Asedio de Bayamo, Cuba.
SC Tfe. Construcciones militares. Edificio Capitanía, y otros aledaños. Marquesado. Relaciones sociales. Plaza…

III.- GUERRA DE CUBA (1895-98). PROTAGONISMO MÁXIMO
(aspectos ya analizados, que serán parcialmente reestructurados)
A.-ANTECEDENTES PREVIOS AL PROCESO.
B.-GUERRA DE INDEPENDENCIA CUBANA
C.-WEYLER EN CUBA, ÉXITOS PRELIMINARES
D.- GUERRA TOTAL A LA DESESPERADA: MACEO Y GÓMEZ
E.-POLÍTICA DE RECONCENTRACIÓN. TROCHAS Y POBLACIÓN RURAL

IV.-CESE DE WEYLER. PRENSA USA Y AFFAIRE MAINE

V.-PREVISIBLE FINAL BÉLICO SIN LA INJERENCIA USA.

VI.-EFECTOS DE LA PÉRDIDA DE CUBA EN CANARIAS.

VII.-WEYLER EN ESPAÑA, MINISTRO DE LA GUERRA.
Contactos con El Rey, en torno a Primo de Ribera, prensa, Javier Tussel, Secundino y Nicolás. Millán Astray.

VIII.- CAPITANÍA GRAL. DE CATALUÑA. SEMANA TRÁGICA.

IX.-ANÁLISIS POLÍTICO, DESDE PERSPECTIVA HISTÓRICA Y PERIODÍSTICA. ETAPA FINAL DE SU VIDA.

CONCLUSIÓN.

Otro capítulo decisivo.
(ahora en estructura)

V.-PREVISIBLE FINAL BÉLICO SIN LA INJERENCIA USA.

Al hilo de lo expuesto en capítulo precedente, y ya cesado Weyler, sustituido por el Gral. Blanco, y lejos aún la imprevisible intromisión bélica directa de EE.UU, desde Madrid con fecha 15 de noviembre de 1897, la Regente María Cristina, a instancia de los liberales en el poder tras el asesinato de Cánovas en San Sebastián, firmaba para Cuba varios Reales Decretos de inmediata aplicación.
Se pretendía con urgencia retomar las riendas en la política cubana, tras desesperada guerra. Disposiciones estas que hacían extensivo a los cubanos los mismos derechos que los españoles tenían en territorio nacional, y con igual efecto a los que establecían las leyes electorales. Asimismo se establecía la reformulación del proyectado gobierno autónomo en la isla, una vez que las Cortes lo aprobaran. VER PRENSA AL RESPECTO…
Este encomiable deseo de buena voluntad para contentar a los cubanos y mantener la administración en la isla, tras los recientes enfrentamientos entre disidentes y españoles, llegaría tarde como se apunta anteriormente.
Philips S. Foner, citado, analiza con meticulosidad este polémico proceso al seguir los acontecimientos desde cronología de los hechos; y a partir de la firma de los citados decretos por la Reina María Cristina, bajo directriz del gobierno de Sagasta. Dice este historiador americano que uno de los decretos del Gobierno español establecía la mecánica (sic) a seguir para el gobierno autónomo, para la isla antillana, tenía previsto un Consejo de Administración de 35 miembros, y una Cámara de Representantes, elegida por los votantes más calificados de la isla, de los que 17 del Consejo serían electos; dieciocho nombrados por el Gobernador General y todos ellos a la espera de la decisión desde Madrid con visto bueno de la Corona. Igualmente, el Parlamento cubano tendrá poder para legislar en materia de justicia, de orden público, de hacienda, obras públicas, educación, agricultura, administración civil; así como en distribución provincial, municipal y judiciaria, salud pública, crédito oficial, banca y sistema monetario en base a la peseta…
El Gobernador General, a elegir, estará al mando del ejército y la armada y, también, podrá legislar aspectos concernientes a “la colonia”; podrá suspender el Parlamento a elegir, por un periodo máximo de tres meses, e incluso podría vetar cualquier disposición o ley que afectara el “interés nacional”. Se aprecia la prudencia del Gobierno español progresista a la hora de conceder demasiados poderes a instituciones autónomas que fueran, en principio, netamente cubanas.
Desde la edición española de Foner, La guerra hispano-cubano-americana y el nacimiento del imperialismo norteamericano (1895-1902), traducida por Encina Bodegón Velasco desde el original, editada por Akal (Nota Akal, editor, Barcelona 1975) se dice: El gobierno interior retendría el derecho a determinar el “gasto soberano” de la isla. Los tratados de comercio que afectasen a Cuba serían hechos por Madrid, “con la cooperación de delegados especiales debidamente autorizados por el gobierno colonial”. El reparto de España y Cuba de la presente deuda nacional, así como la que se derivase aún de la supresión de la insurrección, sería determinada por las Cortes españolas. Cuba y España tendrían iguales poderes en el establecimiento de reducciones mutuas de aranceles. (Nota) Foner, La guerra hispano-cubano-americana y el nacimiento del imperialismo norteamericano. 1895-1902, citado, p. 151, que el autor toma de fuentes diplomáticas: United States Foreing Relations Reports, 1898, p. 616 y s.
España con su gobierno liberal intuía que si se concedía una amplia autonomía a Cuba, aceleraría de paso otro inmediato proceso de carácter emancipador, extensivo a su vez a posesiones en el Caribe, Puerto Rico, o en el Pacífico, Filipinas, Marianas, Carolinas o Palaos, sospechando también que influyera en determinadas instituciones de Islas Canarias con mismo fin. De ahí que esta incipiente proceso autonómico para Cuba fuese mal acogido por mayoría de cubanos, sino por la administración norteamericana que no cejaba en su plan de anexionar o en todo caso influir en la “Mayor de las Antillas” en pro de sus importantes intereses económicos en la misma isla desde casi 20 años antes.
Es por esto que todo este ritual “autonomista” con reformas políticas, incluso inferiores, según Foner (que igualmente recoge Hugt Thomas) NOTA, a las que disfrutaba Canadá como posesión británica, finalmente resultó tan poco aceptable para cubanos y residentes en la isla, que realmente fue inviable. Alegaban los detractores que en todos los supuestos España retenía la autoridad decisoria y ejecutiva final.
Mantiene Foner que “incluso si España hubiera sido más sincera en mantener los principios de autogobierno, éstos habrían llegado demasiado tarde y, además, insuficientes”. Lo cierto es que la autonomía no prosperaba; el partido político NOTA que la había propugnado y defendido, decaía paulatinamente y que en La Habana, en aquel momento, no llegaban a 50 los integrantes del mismo que estuvieran de acuerdo en su viabilidad. A decir de Máximo Gómez, artífice en la guerra, desde Key West, señalaba en un artículo de prensa independentista, periódico El Yara, que España acudía a los autonomistas para salvar la crisis…, porque estos no tenían apenas influencia entre la mayoría del pueblo cubano víctima de reciente y cruel guerra…
Blanco, el sucesor de Weyler en el mando por las circunstancias apuntadas ajenas a nuestro protagonista, en su conciliatoria y buena intención para con los rebeldes cubanos, invitándoles a deponer las armas y aceptar la autonomía, fracasaron estrepitosamente. La prensa norteamericana, siempre litigiosa y anti-española, llegó a publicar que el general Blanco extrajo del Banco de La Habana la cantidad de 380.000 dólares para “convencer” a loslíderes cubanos en la Provincia de Santa Clara, según George W. Auxier, que cita Foner, y a los que se ofertaba puestos de mando en el ejército español. La negativa de Máximo Gómez a aceptar cualquier fórmula que no fuese la independencia, a su vez era avalada por la administración norteamericana, también interesada en la contienda.
Gómez, que como queda dicho fue compañero de armas de Weyler en Santo Domingo, año 186--, llega a decir que entre este y Blanco es difícil determinar cual de los dos era más indigno. Comentarios de despecho hacia la táctica militar de Weyler a la que tuvo que enfrentar con reconocido temor en el campo de batalla centro-oriental durante todo el año 1896 y principios de 1897. Consecuencia del asedio a que fue sometido por Weyler, indirectamente fue causa en la muerte de su homónimo Maceo en la localidad de San Pedro, cuando este se dirigía al auxilio de las huestes de Máximo Gómez, cuya presencia física demandó hallándose en Pinar del Río, ante el incesante acoso del general español en el otoño de 1896. NOTA MI LIBRO CANARIAS CUBA…
El enfrentamiento bélico, ideológico o político entre ambas opciones, la española con la autonomía y la cubana de abierta oposición, persistía para estas fechas, hasta el extremo que desde el bando insurreccional se publicó una orden por la que sería fusilado cualquier emisario español que intentara sobornar o aleccionar a alguno de los jefes cubanos rebeldes… Esto se plasmó en algunos hechos determinados como el sufrido por el coronel español Joaquín Ruiz, enviado por el general Blanco para poner en conocimiento de los insurrectos la concesión de la autonomía por el gobierno español; fue capturado, considerado prisionero de guerra y, más tarde ejecutado a pesar que era portador de derecho de inmunidad como enviado a parlamentar…; según datos de valija del Departamento de Estado USA, La Habana, el 8 de enero de 1898, Nacional Archives. VER PRENSA ESPAÑOLA, por nexos con otra causa...
España y su Gobierno, a pesar de que su proyecto autonómico no era aceptado en casi ningún sector de la sociedad cubana ni en sus estructuras económicas (la mayoría en manos de españoles) persistió en su ideado plan de formar un Gobierno cubano autónomo. Y aquí aparece nuevamente el quehacer y la personalidad de Valeriano Weyler.
El primer gabinete cubano autónomo, conformado y a iniciativa de Ramón Blanco, con directriz y visto bueno del gabinete Sagasta en Madrid, tomó posesión el 1 de enero de 1898 + seguir a Foner, 183, porque, al objeto de agradar a los cubanos y convencerles del peligro de una emancipación de España, para caer bajo el poder norteamericano, se excluyó a cualquier miembro del Partido Conservador cubano seguidores de la línea dura que patrocinaba Weyler con los más ultra españoles. La buena intención de Blanco fracasó seguida de disturbios callejeros al mando de destacados funcionarios españoles que recorrían La Habana al grito de “Muerte a la autonomía”, “Viva Weyler y abajo Blanco”. Pareciera una reacción desesperada ante lo inminente del previsible fracaso que pudiera conducir a mayores perjuicios a España que las propias guerras pasadas, junto al litigio larvado en este momento. Estos manifestantes ultras atacaron las oficinas de aquellos periódicos que de buena fe abogaron por la ya implantada autonomía desde enero del presente año, 1898. Asimismo se manifestaron ante las representaciones consulares, incluida la de EE.UU, que fueron responsables y admitieron esta salida de la crisis en evitación que continuara la guerra.
Desde el Ministerio de Asuntos Exteriores norteamericano, se informaba con exageración de estos hechos, puntualmente por valija diplomática de sus representantes en la capital cubana.
Estos nimios pretextos, y alegando el temor de falta de seguridad de ciudadanos USA, por el gobierno de este país fue enviado el crucero Maine al puerto de La Habana, burlando cualquier normativa diplomática, cuyo desenlace y consecuencias han sido analizadas en otro apartado de este libro, que fue causa para que la opción política de nuestro protgonista decayera, casi definitivamente.
De ahí que con el cese de Weyler, por las circunstancias ajenas a él mismo, la guerra cubana y la situación diplomática tomaba derroteros poco favorables a España y su gobierno liberal. Este militar, antes de abandonar Cuba, recordaba sus éxitos militares y logros al pacificar las cuatro provincias occidentales y tener dominado el centro de la isla; que de continuar su política bélica contra los insurgentes, mal organizados y sin un mando unificado, la soberanía española quedaría restaurada en toda Cuba.
Sin embargo, el mismo general Blanco, su sucesor institucional, reveló públicamente que “de 192.000 tropas regulares recibidas por el general Weyler, sólo quedaban 84.000” y que como resultado, la actividad militar española había quedado virtualmente suspendida”, según recoge Philips. S. Foner NOTA p.183, para añadir en una nota complementaria “el número exacto de españoles que España tenía en Cuba a finales de 1897 y comienzos de 1898 es tema de discusión. Se recuerda que al rechazar la autonomía, los generales cubanos Gómez y García declararon que sólo había en combate 70.000 soldados españoles”. El cónsul Lee, representante e informador USA en La Habana, de forma interesada para convencer a su país lo necesario de inminente intervención en Cuba, estimaba que “sólo hay posiblemente 55.000 tropas españolas listas para trabajar repartidas por toda la isla, excluyendo unos 9000 voluntarios o tropas locales que están ahora en La Habana, y añade, menos cantidad de lo que yo había pensado, según informe diplomático fechado 8 de marzo de 1898, a poco menos de un mes de la misteriosa voladura del acorazado propio Maine, surto en la bahía de la capital cubana. Estaba clara la inminente intervención de aquella potencia “emergente” que no tenía escrúpulos en la aplicación de su máxima expansionista a costa de quién o de qué bajo lema de “destino manifiesto y bastón duro”; estrategia ésta que como objetivo político aún perdura, de forma aminorada y con mayores dificultades, hoy.
Por esta larvada injerencia “yanqui” claramente a favor de los rebeldes, y a la espera de intervención directa, la situación de Cuba a lo largo de este fatídico año, daba lugar a una situación desesperada para España, su ejército y su administración. Aún dominaba en los pueblos, ciudades, zonas acuarteladas, trochas, puertos, pero no tanto en zonas rurales boscosas o de montaña en la que se guarnecían verdaderos ejércitos “mambises”, con cierta organización y cuya táctica “guerrillera”, de origen y aplicación hispana, y que tantos éxitos ha cosechado en similares e innumerables conflictos bélicos a lo largo de la historia. NOTA LECLERC. NAPOLEÓN, MI ART. Y HAITI.
El ejército español acuartelado apenas obtenía victorias destacadas, si bien hacían frente a guerrillas, escaramuzas, emboscadas y ataques desde las zonas rurales dominadas por el enemigo; máxime en los obligados desplazamientos para mantenimiento de tropas entre las áreas fortificadas. Enfrentamientos de extrema dureza con numerosos muertos y heridos por ambos bandos, y que la prensa contemporánea del momento, consultada, corrobora exhaustivamente. VER PRENSA.
A este respecto, y con las reservas de la fuente, citamos las declaraciones de Walter S. Barker, americano afincado en Cuba con intereses agrícolas, que con fecha 25 de marzo de 1898, desde Sagua La Grande y tal vez de forma interesada, entre otras cosas, dice que el status de verdadera autoridad de España ahora en Cuba, depende de una clase que le rinde una soberanía mas tentativa (sic) que real. En los pueblos y ciudades donde domina claramente las tropas españolas, estas tenían que depender de suministros procedentes de embarques en puertos seguros. Han de trasladarse con fuerte convoyes militares que enfrentan las emboscadas rebeldes hasta destino, y nunca suficientes para cubrir las necesidades de las guarniciones.
La guerra cubana, tras los acontecimientos políticos en territorio nacional que ocasionarán la destitución de Weyler, a sumar el fracaso de la pretendida autonomía en la isla, se encaminaba hacia perspectivas poco favorables para la causa española. Nuestro ejército disminuía en efectivos y eficacia, y determinados medios nacionales con cierta afinidad al gobierno Sagasta criticaban negativamente el sacrificio de nuestros soldados y la poca efectiva política del gobierno en aquella lejana isla. El periódico El Socialista de Madrid, para abril de este año, en un artículo referido a la situación de los soldados destinados en Cuba, y a modo de editorial, publicaba “de nuestro ejército, muchos de sus miembros caminan por Cuba con muletas, demasiado debilitados por el hambre para permanecer en pie solos… meros espectros cumpliendo su obligación en los campos cubanos, debilitados por la fiebre, el hambre y la sed… soldados que custodian las ciudades que son los depósitos de alimentos y que, sin embardo, están a media ración…soldados que están en los hospitales llevados allí heridos y muertos de hambre…lisiados y casi cadáveres que regresan a sus hogares apilados en nuestros convoyes trasatlánticos, verdaderas carrozas fúnebres…” (sic). Artículo este reproducido por la prensa norteamericana, interesadamente. Publicado por The People de Nueva Cork con fecha 15 de mayo de 1898. Otro argumento a sumar para convencer al pueblo estadounidense de la urgente intervención en la isla en pretendida defensa de sus ciudadanos e intereses económicos; estrategia esta usada, a posteriori, y para injerencias similares, por este emergente país en aquellos momentos (como queda reflejado en otros apartados de este libro).
Foner, citado, en su disertación personal, en parte documentada, sobre esta etapa del conflicto, refleja que “los españoles con más claridad de mente eran menos conscientes de que la guerra no tendría progreso alguno sin antes vencer al pueblo cubano. Pero esto no tenía posibilidades. La represión brutal había fracasado. La estrategia de reforzar las trochas y los campos de concentración para privar a los rebeldes de apoyo civil había fracasado. De este modo la guerra en Cuba estaba frustrando la España oficial, a los líderes militares de la escena y a los pobres soldados españoles. La acción efectiva en Cuba y el constante cambio de programas se había derivado de políticas impracticables y no existía tampoco una política con más éxito para el futuro” (sic). NOTA FONER, P. 187
En consecuencia, tras los relevantes éxitos del general Weyler, como anteriormente lo fueron con Martínez Campos, el análisis objetivo de la situación, tras clara injerencia “yanqui” en aquella isla con inestimable ayuda en armas y dinero a los insurrectos (velada al principio y de clara intromisión desde enero de 1898), conduce a reconsiderar la situación objetiva y real en la aún posesión española: económica y políticamente. Desde posición institucional, para mediados de este año, la guerra estaba frustrando a la España oficial, a los propios militares con mando y sobre todo a los desafortunados soldados. El gobierno Sagasta se veía incapaz de buscar soluciones viables en lo bélico. Era preciso cambiar de táctica, adentrarse en conversaciones diplomáticas con la intermediación necesaria de funcionarios del gobierno norteamericano.
Cesado nuestro héroe protagonista, Valeriano Weyler, es políticamente relevado del mando supremo por las razones apuntadas, la estrategia bélica poco favorable para los propios cubanos llevada a cabo por el máximo responsable revolucionario Máximo Gómez, se reanudaba con mayor virulencia. Foner, citado, añade que casi toda la producción en la isla estaba parada y todo lo que tuviera valor en toda Cuba estaba devastado. Y tomando referencias de Lawrence R. Nichols en su Historia Doméstica, NOTA Domestic History, p. 126- 127, que dice el trabajo productivo fuera de La Habana había cesado; miles de personas carecían de alimentos y ropa; la enfermedad crecía de forma alarmante y el caos dominaba por toda la isla. Esto resultaba favorable a la política USA, ya claramente injerencista en los asuntos de otra nación soberana como era España y sus intereses legales en Cuba. Desde Madrid, el embajador norteamericano Stewart L. Woodfor, con fecha 31 de marzo de dicho fatídico año, informaba al presidente William MacKinley que la mayoría de los componentes del Gobierno español eran de la opinión de que la isla devastada no merecía posteriores sacrificios. El desánimo hacía mella entre los españoles, debilitados por el continuo gasto financiero y humano; con su economía también destrozada en suelo patrio, comienzan a sospechar que para el invierno tendrían lugar los peores augurios, y con la más que previsible intervención americana resultaba imposible mantener la soberanía en la isla por más tiempo. Era el momento de iniciar la guerra diplomática.
Esta intromisión bélica de Norteamérica en Cuba, tras el ritual usado en el affaire Maine, para contar con el visto bueno del “pueblo americano”, y sin lugar a duda histórica desde razonable autoría propia, constituye el acto final y definitivo en la pérdida de la soberanía española en Cuba, tras 400 años.
A este respecto, la historiografía cubana de la primera mitad del siglo XX, y más tarde la que surge de la revolución castrista, en mayoría no acepta plenamente la premisa anterior. Los textos usados en las escuelas cubanas consideran que fue valiosa la ayuda de su vecino del norte, a lo largo de prácticamente todo el siglo XIX (en especial durante el año 1898) –UTILIZAR LA MODALIDAD LITERARIA DE PARÉNTESIS QUE USA TUSSEL- para la derrota de España y el logro, más tarde, de la independencia plena. Interpretación ésta que aparece en el libro escolar cubano, Nociones de Historia de Cuba del profesor Vidal Morales, para la primera parte del siglo precedente; en especial el capítulo alusivo a la guerra hispano-americana.
Si bien, para distinguidos autores cubanos, Cosme de la Torriente, en 1948, o Julio Morales Coello (1950) no inmersos, aún, en el proceso revolucionario que tendrá lugar a partir de enero de 1959, esta interpretación admite variados matices, que analizan con sentimiento patrio; al igual que, posteriormente, lo harán diversos editores, periodistas y otros en la Cuba revolucionaria plena.
Sin embargo, el Dr. Roig de Leuchsenring, historiador cubano, es quien con más argumentos revisa a fondo aquellas interpretaciones tradicionales, al restar protagonismo a la intervención norteamericana en Cuba; al tiempo que, con argumentación razonada, pone en duda cualquiera de los pretendidos beneficios de la no desinteresada “ayuda” para mayoría de cubanos. Desde 1912 hasta poco antes de su fallecimiento en 1964, este prolífico escritor y analista cubano publicó magníficos tratados que analizan esta relación. Es autor o responsable de más de 100 publicaciones, hasta 1950 como historiador de la ciudad de La Habana.
El Dr. Roig insistía “que la lucha por la independencia no fue una serie de guerras, sino una lucha continua de 30 años de duración; que en los
Estados Unidos nunca faltaron amigos de la libertad cubana, pero que en algún momento su Gobierno estaba opuesto a la independencia cubana; que la entrada de este país en la guerra de 1898 no fue necesaria para la independencia de Cuba, porque los patriotas cubanos tenían a España prácticamente derrotada en aquella época y que el nombre de la Guerra Hispanoamericana, que quitaba a los cubanos el reconocimiento de su contribución, debería ser cambiado…”. Se refería a un enfrentamiento secular hispano-cubano, o en todo caso debería ser considerada como Guerra hispano-cubano americana. NOTA PERSONAL, Tebeto XI.
A comienzos de 1966, durante la ya consolidada revolución castrista, este inquieto defensor de lo cubano, de “motu propio” envió a diferentes historiadores del momento, ya imbuidos en el proceso, un cuestionario en el que solicitaba la personal interpretación de los mismos a este respecto.
En una de dichas consultas aparecía la hipótesis base, y que siguiendo a Foner, en libro citado, p 190- NOTA, decía: “lo que es discusión común entre los historiadores cubanos…” es: ¿Podría Cuba haber derrotado a España en la Segunda Guerra de Independencia sin la intervención de los Estados Unidos?.
A esta observación, y por su interés en argumentar con rigor la teoría que fundamenta este capítulo: Injerencia Usa en la Guerra de Cuba en perjuicio de España; extraemos algunos argumentos de profesores revolucionarios cubanos a la pregunta del Dr. Roig. El profesor Sergi Aguirre, del Departamento de Historia de la Universidad de La Habana, escribía en respuesta: En 1898, España se enfrentaba a un gran colapso económico, de modo que ni siquiera los ministros de la Reina podían creer en la victoria…Cuba vencía en la guerra… Evidentemente no es posible conjeturar cuánto habría durado la guerra sin la intervención norteamericana, teniendo en cuenta la tenaz resolución española de “luchar hasta el último hombre y la última peseta”. En mi opinión lo importante es que la Invasión de Occidente, no obtuvo no obtuvo una respuesta española de parecida importancia. ¿por qué imaginar esta respuesta podría haberse producido en 1898 o más tarde?. No cabe duda que los Estados Unidos aceleraron el resultado final, asestando en la lucha el golpe decisivo. Pero la victoria cubana se hubiera producido a la larga incluso sin la intervención de los Estados Unido. NOTA. Según carta remitida a F.S. Foner por el propio profesor Sergi Aguirre, con fecha 6 de marzo de 1966, que cita el propio Foner en nota del citado libro, p. 200.
Aníbal Escalante, autor de Calixto García, su compañía en 1895, y él mismo, veterano de la Segunda Guerra de Independencia, escribía: Sí, hubiésemos derrotado a España sin la intervención de los Estados Unidos…Desde cualquier punto de vista se veía claramente que en 1898
España no podía conservar Cuba; que sus fuerzas se hundían, y que nosotros, mambises, éramos más fuertes todo el tiempo. Al intervenir los Estados Unidos en la guerra hispano-cubana, la victoria correspondía a los cubanos… En Oriente y en Camagüey dominábamos las zonas rurales, mientras que el ejército español conservaba sólo las ciudades. En Las Villas, nuestras tropas tenían en jaque a los españoles, y en Matanzas, Habana y Pinar del Río las unidades mambisas hostigaban constantemente al enemigo. NOTA Carta personal del Sr. Escalante al autor con fecha 16 de marzo de 1966, que cita, igualmente, en el mismo libro citado, p. 200.
Blas Roca, en 1966 como miembro del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, reconoce que es necesario investigar más sobre el tema; pero dice estar convencido de que los revolucionarios cubanos podrían haber derrotado a España sin la intervención militar de los Estados Unidos… Ninguno de los citados alude en absoluto en dichas misivas a los incuestionables éxitos de la política bélica de Valeriano Weyler.
Mas coherente y objetivo el profesor, también cubano, Julio Le Riverend, como director adjunto de la Academia de Ciencias de Cuba, por dichas fechas, cuando declara que aunque hay mucho trabajo por hacer en los archivos cubanos y españoles para dar la definitiva respuesta a la cuestión de si el Ejército de Liberación podría haber derrotado a España sin la intervención de Estados Unidos,
Sigue

Luis de Armiñán, inter-bibliotecario, Weyler y Puga. Hugth Thomas.
Mi Mando en Cuba, del propio Weyler.
Diplomacia cubana, española y norteamericana, durante esta etapa decisiva de la guerra. Prensa comparativa para cada evento…
Ver publicaciones de los Sres. Hilario Martín y Juan Arencibia; contrastar documentalmente.
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Datos claves en:

El 98 Y LOS AMERICANOS. ALLENDE SALAZAR, BLIBLIOTECA DIPLOMÁTICA
DIPLOMACIA EN NUESTRA HISTORIA, MARQUEZ STERLING
HORTENSIA PICHARDO.
PRENSA CANARIA:
CONTEMPORÁNEA O POSTERIOR A LOS HECHOS
El Atlante.
El Correo de Tenerife
Diario de Tenerife
La Gaceta de Tenerife, El liberal, La Opinión, El Progreso.
Otros de Gran Canaria.
Diario de Avisos

APARTADO ESPECÍFICO.
Estudio comparativo de las diferentes actitudes bélicas habidas en el mismo siglo… Comportamiento de sus principales líderes (militares o no) con mayor responsabilidad o más comprometidos…

PERIODISMO HISTORICO

19 de febrero de 2010

WEYLER: HOMBRE O DEMONIO

CAPÍTULO IV.
GUERRA DE CUBA, TRAS RELEVO DEL GENERAL WEYLER.
Aspectos del libro “Weyler, Hombre o Demonio”
A prologar por el Tte. Coronel J.M. Clar Fernández

Curriculum del Autor:

Miguel Leal Cruz

Nació en Los Llanos de Aridane, Isla de La Palma (Canarias-España) en 1943.
Cursó estudios de Magisterio en La Escuela-Normal de la Laguna de Tenerife, Plan 1957. Ejerció como docente y director colegio mixto “Obras del Puerto”, S/C de Tenerife, entre otros.
Fue Policía Nacional desde 1970 a 2009, con categoría de Inspector-Jefe del CNP.
Licenciado en Geografía e Historia por la UNED en
1990.
Licenciado en Ciencias de la Información, sección de Periodismo, por la ULL, en 1997, y
Dr. en Ciencias de la Información, desde 2006. Programa Historia.
Adscrito a grupos de Investigación en la citada Universidad. Miembro de la RSEAPT y Col. Doctores y Licenciados, La Laguna.
Su tesis doctoral versa sobre Cuba y Canarias (1934-1962). Antecedentes y Revolución, que se halla editada en la ULL (Servicio de Publicaciones).

Es autor cientos de artículos de prensa, así como de numerosos trabajos de investigación, la mayoría expuestos en foros públicos y en medios de comunicación. Se destacan los siguientes:
Cuba, la crisis de 1921 y Canarias. Datos hemerográficos, Biblioteca de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, BIG 325.2 LEA Cuba, Gran Canaria, y Casa de Colón, 1996. Fuerteventura: Emigración obligada a Tenerife, Cabildo de Lanzarote, Arrecife,
-Nacionalismo y regionalismo canario: Antecedentes en Cuba. BIG 323.17, LEA Nacionalismo. Cabildo Insular de Gran Canaria, 2002.

-Weyler en Cuba y política de reconcentración, Ponencia III Conferencia Internacional de Historia, (Actas) La Habana, 1996 y editada en TEBETO XI, Especial I Centenario del 98, Anuario del Archivo Histórico Insular de Fuerteventura, (Canarias-España), Archivo del Cabildo Insular, Puerto del Rosario, Las Palmas de Gran Canaria, 1998, ISSN 1134-430-X
-Franco en Canarias y la Prensa en 1950, Fondos biblioteca de la Universidad de La Laguna, Tenerife, Canarias-España), 2002. VII Jornadas L y F, Puerto Rosario, 1995
-Miguel de Unamuno y Fuerteventura. Destierro y prensa del momento, Ponencia, Cabildo de Fuerteventura, 2003 IBSN 84-96017-21-4

-Cuba y el Azúcar (siglo XX). La revolución agraria en la economía estrella. Anotaciones de prensa editada en Canarias, XVI CHCA Casa Colón, LPGC, 2004
-Lanzarote. Agua y Turismo, Ponencia, Cabildo de Lanzarote 2005
-Banco Pesquero y Sahara. Incidencia en la economía de Lanzarote y Fuerteventura hasta 1975, TEBETO XVIII, Archivo Histórico Insular, ISBN 978-84-96017-36-8
-XIII Jornadas de Estudio Fuerteventura y Lanzarote. Descolonización del Sahara, Puerto del Rosario, 2007

RSEAPT: Ed. Art. Centenario Junta de Canarias (2008) y Cuba: Tabaco y azúcar (2009)
-TEBETO XX, Cuba hace 50 años, en prensa
Responsable de la Web Periodismo Histórico, Editorial (a consolidar)
Periodismohistoricosl.blogspot.com

Entre otras publicaciones, periódicas, artículos y otros (en papel y digitales)


CAPÍTULO V.
GUERRA DE CUBA, TRAS RELEVO DEL GENERAL WEYLER.

Cesado el General Weyler en el mando por las circunstancias anotadas, la guerra cubano-hispano-americana tomaría nuevos derroteros. La política norteamericana, en momentos de clara euforia de su “destino manifiesto”, así lo determinaba en este nuevo hito de la estrategia del Gran C
oloso: La voladura del un buque de guerra propio. Tuvo lugar en la oscura y fría noche del día 15 de febrero, a las 9,45 –hora de NY.-, cuando una explosión seguida de otras, hundió el acorazado norteamericano Maine, surto en el Puerto de La Habana, en sospechosa visita de cortesía sin haber sido invitado según la normativa diplomática vigente en la época; no obstante, fue acusada España o agentes a su servicio como autores del hecho e inicio del desastre que finalizó en una guerra no deseada, y perdida por este viejo País .
Son aún ilimitadas las conjeturas e hipótesis sobre este lamentable y más que misterioso hecho que afectó especialmente a la dignidad de aquella España, todavía imperial, y en claro provecho de un país en vías de gran desarrollo, en "el que todo vale" para conseguir su imparable avance. No importaban los medios que, en atroz maquiavelismo, ya habían puesto en uso con su "madre patria" - Gran Bretaña - ni con indios americanos, al igual que a franceses, españoles y mejicanos, y otros, en su pasada reciente historia hacía el "destino manifiesto", uno de sus postulados má
ximos. Teorías sobre las que aún perduran incógnitas a las que se pueden superponer nuevas tesis para hipotéticas conclusiones a la vista de lo conocido, investigado, publicado o declarado, sobre este "más que sospechoso" asunto, en perjuicio de España. Un país con más historia, en aquel momento con aún notable poder económico.
Weyler en España con Primo de Rivera

El misántropo y sesgado periodista (que fue artífice de lo que se acuñaría en medios periodísticos futuros como prensa amarilla) y millonario, William R. Hearst, no aportó, y menos publicó, todos los datos conocidos antes de dejar sus numerosos y polémicos entramados en el inexorable viaje al "más allá". Es claro que el Gobierno de los Estados Unidos y todo el conjunto de su interesada administración, a partir de la polémica actuación del general Weyler y especialmente ante la tardía concesión de la autonomía a Cuba, pergeñaban la inminente guerra contra España; pero, para darle tinte popular al inicio se precisaba un elemento impactante, como en otros hechos similares, que aglutinara la opinión pública americana: ¿La voladura del Maine?, por medio de rocambolesco ritual, especialmente periodístico, que obnubiló las conciencias de muchos americanos en aquellos momentos, cuyo éxito como estrategia repetirá más tarde.
La opinión actual, incluida la de intelectuales de este País, es clara al respecto: "la extraña voladura del acorazado Maine, la noche del 15 de febrero de 1898 en el puerto de la Habana, fue probablemente preparada por los Estados Unidos en su desesperado propósito de participar en la guerra cubana en pro de sus muchos intereses en la isla, que la justificaran" (la prensa alemana, incluso alguna inglesa, nunca tenida en igual consideración, así lo confirmaron). Era necesario crear "un elemento justificador" que no retrasara por más tiempo la entrada de EE.UU en la guerra, cuyo "impasse" actual creaba considerables pérdidas económicas a los intereses yanquis , en Cuba y, lo que es más contradictorio, a los propios magnates españoles con intereses en la isla. Elemento justificador para que la opinión pública americana terminara por aceptar la movilización masiva de buena forma y como un "sacrificio" más para lograr aquel "destino más que manifiesto". Algunos acontecimientos con metodología similar (antes y después del Maine) lo corroboran, como se ha dicho. Es por todo ello que la prensa mundial respecto coincide con la trama central de este acontecimiento, exceptuando otros rotativos de la época ya apuntados, así como la propia opinión norteamericana (no toda), apreciara en este hecho aspectos sumamente sospechosos por controvertidos y de no de fácil explicación.
Escritores como Peggy y Samuels, también norteamericanos, en el libro, "Remembering the Maine", apuntan datos de los que entresacamos diferentes aspectos tomados de la opinión americana, en diciembre de 1987; que " algo imprevisible iba a suceder" y que "el barco iba a tener un fin violento e inesperado según predicción de adivinos y visionarios". Sigsbee, su capitán, recibió el mensaje, próximo a Florida, para dirigirse hacia el puerto de La Habana cuyo contenido exacto nunca se ha conocido, aunque él mismo escribiera un informe en 1899, con resultado aún más sospechoso, al contradecirse con otros anteriores.
Sin embargo, no recibió el que había de remitir el cónsul Lee desde la Habana bajo la consigna "dos dólares", siendo este diplomático anti español el primer sorprendido. ¿Qué contenía…?
Añaden los cronistas de los hechos que " España pide que se releve de su cargo en Cuba al cónsul general Lee que, a pesar de la solicitud, el presidente US Mac Kinley no aceptó" y describe cómo Segsbee, sin compañía de Lee, estuvo en una corrida de toros en La Habana.
Desde otras perspectiva de análisis, Clara Barton (sic) fundadora de la Cruz Roja americana se hallaba en La Habana, como auxiliar en tareas de evacuación de heridos, lamentaba aquella hecatombe en muertos y heridos, a la que no pudo dar explicación razonable. Añade que desde el puerto la gente gritaba "traen dinamita para volar barcos españoles pero les explota a ellos". "Uno de los oficiales el padre Chidwick alaba la prontitud de la ayuda humanitaria de los españoles en auxilio de los heridos y náufragos". Sin embargo, otro oficial americano llamado Wainwreigth dijo: "juro no pisaré territorio español hasta que el Maine sea vengado". El capitán del navío estaba convencido de que fue un accidente, que más tarde rectificó al insistir en explosión exterior, entre otras apreciaciones, para salvar su propia responsabilidad. Sin embargo, el cónsul Lee hablaba de un acto de "sabotaje". "Se intentó demostrar que el puerto de la Habana estaba minado" - absurdo por la cantidad de barcos españoles que entraban o salían-. Los periódicos británicos, The Times principalmente, imprimieron en primeras páginas en letras destacadas estar asombrados de las mentiras que publicaba la prensa norteamericana, punto de vista coincidente con varios periódicos en Europa, y con algunos rotativos yanquis "objetivos", en aquellos momentos críticos para España. Al respecto, apuntar que frente a esta total falta de ética profesional del Herald y Word, en irreverentes excesos, algunas voces americanas se significaron contra el típico estilo de Hearst, o contra su persona. Edwin Lawrence Gogki, director y propietario del Evening Post, fue una excepción. Días después del siniestro se atrevió a escribir "nada tan desgraciado como el comportamiento de estos diarios (se refería a los de Hearst y al Word) se ha conocido jamás en la historia del periodismo de este país, con reproducción indebida de hechos, invención deliberada de cuentos calculados para excitar al público”; añade la temeridad desenfrenada en la composición de titulares abyectos. “Es una vergüenza pública que los hombres puedan hacer tanto daño con el objeto de vender más periódicos". Sigue, “magnífica definición al estilo usado por el llamado Jingonismo o patrioterismo, que confundido con la prensa amarilla, hundieron el Maine a través de una "coartada asesina". Datos estos muy reveladores. Pero, es más: "La prensa conservadora norteamericana vio la presencia del buque escuela español Vizcaya en el puerto de Nueva York como un claro acto de que España y la administración oficial española, eran inocentes", sin embargo no se aceptó la solicitud de arbitraje internacional en el polémico asunto, según refleja con precisión el periodista español Agustín Remesal en libro editado al respecto.
El alférez Powelson de la Marina US, comisionado al respecto, mantenía que fue una mina exterior, ya que la quilla estaba afectada hacia arriba, culpando a España o a agentes a su servicio, todo ello desvirtuado posteriormente por la propia Marina norteamericana.
Los autores, Peggy y Samuels, a partir de la p. 235 se preguntan: ¿Por qué la historia debe absolver a España? Creemos que por:
1. La prensa europea estaba a favor de las tesis españolas.
2. España no quería la guerra. Estados Unidos sí.
3. La quilla doblada en V invertida, no es argumento técnico suficiente, y difícil de atribuir, la explosión interior también pudo causar este efecto, como demostró en 1975, el Almirante Ricover, padre de los submarinos nucleares de EEUU.
Se insiste en que la causa pudo proceder de explosión interior, combustión espontánea del carbón o incluso dinamita almacenada, puesto que en la armada americana existían numerosos precedentes, en los que se habían producido esta clase de combustiones, que por simpatía se extenderían a otras zonas con depósitos de municiones, produciendo explosiones similares a la que destruyó El Maine. Foner cita varios casos en buques como El New York, Oregón, Philadelphia, Boston, Cincinatti, Atlanta, y El Indiana que había sufrido siete combustiones lo cual constituía un récord y una magnífica argumentación en defensa de las tesis españolas.
4. Que de haber sido una explosión externa hubiera producido daños más importantes en los buques apareados al Maine, entre ellos el Alfonso XII y El Ciudad de Washington. Hubieran aparecido numerosos peces muertos en aguas de la bahía por la onda expansiva directa, máxime cuando en aquellos momentos los peces, incluso de gran tamaño, entraban en la bahía para devorar los desechos de la ciudad y de los buques anclados. Sobre esto tienen conocimiento los pescadores canarios y muchos sabemos que la explosión ha de ser muy próxima a los peces para que estos resulten muertos – y nos los hubo como queda dicho-.
5. A lo que podemos añadir que en la investigación de 1911, en la que apenas variaron las conclusiones oficiales norteamericanas, y posteriormente en 1975 el Almirante Rickover, las cuadernas afectadas no coincidían.- error gravísimo, hoy- con el informe de 1898, oficial y que costó una guerra perjudicial, pero sobre todo demostraba "que una fuente interna fue la causa de la explosión", la más probable el calor de un incendio en la carbonera contigua a la que produjo la primera y más fuerte y sentencia, el padre de los submarinos nucleares y norteamericano de nacionalidad " casos como el del Maine han de ser examinados e investigados por gente cualificada y competente, y sus conclusiones han de presentarse completas y honradamente a los ciudadanos " , que son los destinatarios de los hechos públicos que les afectan -todo lo contrario de la conducta seguida en aquel verano de 1898- por las urgentes apetencias expansionistas…(sic)

PEDRO LEAL CRUZ, DR. FILOLOGÍA INGLESA, PROFESOR EN LA ULL, TENERIFE, EN PONENCIA EXPUESTA EN CASA COLÓN, LAS PALMAS DE GRAN CANARIA, XIV CHCA, INTERPRETA LOS HECHOS ANALIZANDO EL CONTENIDO DE LA MISMA PRENSA INGLESA, EN NORTEAMÉRICA EN TORNO A LOS HECHOS PRINCIPALMENTE.



La teoría de la mina española es por tanto absurda, por que sería el motivo deseado por EEUU para la Guerra, que España no quería ni deseaba, y que sabía perdería.
Que pudieran haber sido los propios rebeldes cubanos, teoría muy defendida en los EEUU, no deja de tener base razonable, si bien no olvidemos que los cubanos temían la intervención americana, tal vez más, que la de los propios españoles.- Recordemos la Enmienda Teller, de la que el Congreso yanqui, siempre se arrepintió.-
Consideramos de suma importancia los informes del coronel José Paglieri de la Guardia Civil española y Jefe de la Policía de La Habana, así como los Inspectores Jefes de la Policía de Información, que apuntan posibilidades internas motivadas por accidente fortuito - eran frecuentes como queda dicho-. Y podrían haber sido muchas las causas que lo pudieran producir: ignición de gases acumulados en motores eléctricos, pinturas experimentales, recalentamiento de sistemas mecánicos, combustibles líquidos, munición, dinamita, detonadores. Pero también apuntaba el Jefe de La Policía habanera otras posibles causas, como la colocación de un artefacto explosivo dentro del barco, por persona de la misma tripulación – tan variopinta – o por persona visitante, ajena a la dotación del barco. ¿Quién pudiera ser el autor? Podemos conjeturar que : a) La mina podía haber sido situada por España o agentes a su servicio en el fondeadero, antes de que el Maine entrara, b) Colocada por elementos ultras españoles incontrolados enojados por la visita del buque, c) Por rebeldes cubanos, d) Por filibusteros mercenarios americanos o periodistas- espías para precipitar el camino hacia la guerra y e) Pudo ser puesta "oficialmente" por los propios americanos, por igual argumento que en el apartado anterior, el más convincente para Paglieri.
Descifrar los hechos nos llevaría a nuevas conjeturas en la espiral de tantas argumentaciones.
De todas formas en la prensa alemana de los días siguientes al suceso, se habla de un tal Agüero y de nueve cubanos pertenecientes a la Junta Revolucionaria Cubana de Nueva York, que habían recibido instrucciones por parte de anarquistas italianos, residentes en Estados Unidos, muy interesados en la causa cubana. Incluso desde Europa la prensa publicó que los que asesinaron a Cánovas, a través de Angiolillo, tenían relación y concomitancia con pro- cubanos residentes en París y Londres, e incluso con entrevistas días antes del atentado, como se apuntaba.
Que el Vizcaya estaba a 4 días del puerto de Nueva York, en misión diplomática, y no obstante se personó en el citado puerto, demostrando con esta noble actitud la total imparcialidad de España, como queda dicho, en el misterioso y no esclarecido accidente.
Las declaraciones de un marinero herido del Maine, recogidos en El Liberal, edición de Tenerife del día 7 de marzo, 1898, p. 2 se lee " Había sonado el toque de silencio, de pronto fueron derribados por una fuerte explosión que apagó el alumbrado eléctrico del buque. Se incorporó y salió por la toldilla comprobando que las llamas procedían de la proa. Saltó al mar y al poco, otro espantoso, terrible ruido, que parecía iba a hacernos volar, y varios cuerpos que caían al agua". Todas las versiones apuntaban a una explosión en una de las calderas para generar energía eléctrica, comunicando el incendio a la Santa Bárbara del buque y a los torpedos y dinamita almacenada en todo buque de guerra. No podemos descartar una previa explosión exterior inicial y con autoría humana, que provocó la siguiente y más grave en el pañol, y ¿quién?...
Sólo cuatro días antes el buque-yate de Hearst de sospechoso nombre "Bucanero", había permanecido muy próximo al Maine- Este elemento distorsionador (sic) llegó a escribir en sus propios periódicos, que "mi lema es que mientras otros hablan mi El Journal actúa, y nunca dio razones convincentes de la presencia suya y de su yate tan próximo al barco siniestrado, al que hizo numerosas fotos antes de levantar anclas, sólo menos de cien horas antes de la voladura.
La versión americana explica su punto de vista: En los torpedos se habían efectuado limpieza la tarde anterior, pudiendo haber quedado mal colocados y en condiciones de un fácil y horroroso accidente (precedente de otro similar en el mismo puerto, el buque francés La Coubre, en 1961)
El propio comandante Sesbee en parte oficial dijo "que la opinión pública debe suspender todo juicio hasta conocer nuevos detalles".
Según los informes el comandante estaba ausente del buque, otros que estaba en su cabina escribiendo a su esposa, e incluso que resultó herido, no obstante fueron sólo dos los oficiales - uno de color - fallecidos de los 34 en total que componían la tripulación, ausentes del buque, formada además por 370 marineros, que dormían resultando un total de 300 los desaparecidos, según algunas versiones de la prensa de la época, sumando los fallecidos por secuelas
Philips Foner en su excelente estudio sobre la guerra de Cuba, citado, obra de consulta necesaria para investigadores, nos aporta más detalles para este controvertido y misterioso hecho. Unos pocos oficiales de marina rechazaban el incidente como accidental, señalando las medidas preventivas seguidas en la construcción de este tipo de buques, y por ello sugerían que un torpedo, mina, u otra máquina infernal había sido embarcada por "visitantes" en el puerto de la Habana - es cierto que muchachas jóvenes cubanas frecuentaban el buque a demanda de su tripulación, pudiera muy bien haber entrado una espía asesorada al efecto, para colocar la carga en el lugar y momento preciso-. o que fue colocada en las carboneras cuando el barco repostó en Key West, debidamente preparada para ser "puesta en funcionamiento", en el momento indicado, por agentes, de la propia tripulación, o por otros en el puerto de la Habana que tuvieran acceso.- un par de cartuchos de dinamita, eran suficientes para desencadenar la explosión posterior determinante-
Es igualmente eximente, de responsabilidad hacia España, el pronto deseo de la administración española en la Isla, para que se conocieran las verdaderas causas, demasiado “urgente”, según Remesal en su libro "La Incógnita del Maine", que se contradice con la falta de cooperación del Gobierno norteamericano, que emitió otro dictamen y por tanto conclusiones opuestas.
El tribunal, para justificar que la explosión no fue un accidente, adelantaron (sic) cuatro posibilidades, coincidentes con lo ya dicho.
La primera y la más sugerida por todas las afirmaciones oficiales de la época es que el Gobierno español colocó la mina. Para contrapesar esta suposición está el hecho perjudicial que este hecho provocaría a España en su intento para evitar la guerra, que sabía no ganaría. Si bien, añadimos, no es desechable la acción de un grupo de españoles - o individualmente- resentidos o defraudados que veían peligrar sus intereses económicos, en caso de caer Cuba en manos rebeldes, prefiriendo la presumible por mejor administración "yanqui", como "mal menor".
La segunda es que oficiales subalternos españoles cometieran el crimen a instigación de Weyler, ya sin mando. Esto sería "suicida" para sus propios autores desde todo punto de vista y falto de coherencia y racionalidad suficiente, que además se hubiera sabido antes o después.
Una tercera teoría sería la instigación de la prensa amarilla y del patrioterismo de Roosevelt, que incluso pagarían a agentes cubanos o a comandos ad hoc para el sabotaje. Esto nunca podrá ser descartado, por el excesivo interés de estos medios para que EEUU entrara en guerra con España, y en algunos momentos hablaron de "un pretexto de peso", antes de la voladura. El artículo firmado "Il Macai" en el Labour Leader británico habla de un accidente y si no "es más probable la autoría americana", con el fin preconcebido.
Y existen otras especulaciones entre ellas las que manejan periodistas e historiadores norteamericanos que han estudiado este hecho. El 15 de febrero de 1910, el Evening Bulletín de Filadelfia, en el 12 aniversario, concluye que el Maine fue volado por los insurrectos cubanos a fin de implicar a los Estados Unidos en la guerra, ya que su causa flojeaba y se perdería la independencia de Cuba, a menos que fueran implicados en ella los norteamericanos. Y es claro, como apuntan diversos historiadores que los rebeldes cubanos deseaban la intervención, pero con ciertos temores, de ahí la imposición de la Enmienda Teller a instigación de los cubanos en un momento determinado, y de la que siempre se arrepintieron los responsables de su concesión y aprobación en el Congreso USA. En contrapartida surgiría la "Enmienda Platt".
Nunca serán descartadas otras muchas hipótesis para determinar las causas verdaderas de aquella explosión preliminar que consideramos con autoría, y que todas las enciclopedias actuales no dejan de mencionar como "misteriosa" o en todo caso nunca totalmente esclarecida .
Queda claro que independiente de cuales fueran otro tipo de análisis de la propia Reina Regente o del propio gobierno liberal, un ultimátum de este "calado", de ser aceptado sólo podía tener como consecuencia la caída de la Monarquía, a más de peligrosa incidencia sobre las masas hambrientas, instigadas por elementos anarco-republicanos, en claros motines de subsistencias, que además pedían el cese de la costosa guerra, que constituía otro "tercero en discordia": el Ejército dividido y próximo al enfrentamiento civil. Hoy se hubiera utilizado otro tipo de actuaciones especialmente diplomáticas, más acorde con los intereses, más todo incidió en acordar una paz honrosa que salvara la Monarquía Española.
El Gobierno y La Reina a la cabeza, en aquellos trágicos momentos, dieron cuenta pormenorizadamente a toda la clase política de la situación creada, que naturalmente fue participado a la prensa. En las consultas llevadas a cabo se acordaron consensos que conducían a la guerra irremediable, por el partido liberal y apoyo sin límites del partido conservador. El rechazo de la apetecida compra por los Estados Unidos encendió nuevamente el optimismo propio del pueblo español y su orgullo en medio de manifestaciones populares en la península que exigían la guerra contra el "sucio cerdo yanqui", con el apoyo moral de cierta prensa española que escribía slogans de variado optimismo como "que la flota española era superior a la americana", al igual que el valor español, probado en Europa y América.
A todo esto añadimos la voluntad del clero que hizo ver esta guerra como cruzada santa- el padre Carpena en encendida oratoria en las Iglesias madrileñas, comparaba a las llevadas a cabo contra moros e infieles-, todo ello unido a una intensa y gigantesca operación demagógica, superior o igual a la llevaba a cabo, paralelamente, en los Estados Unidos, sobre el más que seguro enfrentamiento, con el colosal Tío Sam.
Lo que sigue es lo que ha venido en llamarse "El desastre del 98", tópico utilizado para la llamada "regeneración" y de paso corregir errores y paliar aquel orgullo decimonónico español. Derrotadas las dos flotas de la desvencijada escuadra española, enviadas al holocausto, en aras de aquellos acuerdos tomados con error, dejando desamparadas las costas de la propia península, Baleares y Canarias, perdidas en Cabite –1 de mayo- y Santiago –3 de julio-; desembarcadas las tropas americanas en oriente de Cuba, las semanas siguientes de aquel "calvario" fueron angustiosas para el Gobierno de Madrid. Por otra parte se apreciaba el aislamiento internacional por lo irreversible de los hechos, temiéndose otros frentes, sospechándose y así se comprobó el plan de Roosevelt para atacar las costas españolas e incluso la ocupación de Islas Canarias por una flota norteamericana, que pudo ser abortada por la rapidísima intervención diplomática de los ingleses en defensa de sus grandes intereses en estas Islas, especialmente en Tenerife y Gran Canaria. Esto llegó a asustar a Madrid más que ninguna otra circunstancia de la entramada situación del momento, puesto que perder estas maravillosas posesiones hubiera significado la "derrota total".
La rendición de Santiago de Cuba, una vez sacrificada una escuadra para blanco fácil de los poderosos cañones de la flota americana que formaba semicírculo a la salida de la bahía santiaguera (en acto claramente incomprensible, salvo que el Gobierno de Madrid deseara finalizar la contienda), dio lugar a que el Almirante Cervera rindiera lo que quedaba del desastre , siendo ésta la señal esperada y deseada por el Gobierno de Madrid, para salir de aquella difícil situación y como así estaba tenía previsto.
España decreta la suspensión de las garantías constitucionales el 14 de julio de aquel fatídico año, y se dispuso a emprender las negociaciones para la paz. No deja de ser una actitud gloriosa, a pesar de todo, cual era salvar unos símbolos y el orgullo y dignidad de antaño, ya mancillada reiteradamente por el Coloso del Norte.

CAPÍTULO VI
WEYLER EN ESPAÑA. CAPITANÍA GENERAL DE CATALUÑA. SEMANA TRÁGICA.
(SIGUE...)
Notas a pie de página
1La incógnita que apunta el periodista, corresponsal de Radiotelevisión Española en los Estados Unidos, Agustín Remesal, en el magnífico libro de reciente edición: "El enigma del Maine", habrá de ser despejada a través del conocimiento, sentido común y de la misma lógica como sí de una operación aritmética se tratara. Es el deber de la Historia en su inescrutable sondeo de los acontecimientos, en especial aquellos en que la interpretación es controvertida, o en los qué una de las partes guarde fundamentales y firmes secretos, por razones de estado posiblemente, pero en perjuicio de la otra. N del A.


2Consideramos igualmente un hecho tan sospechoso como el hundimiento del transatlántico de lujo Lusitania, de nacionalidad norteamericana, hundido por los submarinos alemanes en la costa de Irlanda el 7 de mayo de 1915, con más de mil víctimas (algunas españolas como el compositor Granados), y que al parecer la inminencia del hecho era conocido por los servicios secretos y de guerra norteamericano a través del joven teniente de la Marina británica, Wiston Chruchil. Otro hecho, también con poca lógica para tiempos de guerra, fue el ocurrido en la base aeronaval USA en Hawai. El 7 de diciembre de 1941, LA BASE DE PEARL HARBOUR, es víctima de inesperado bombardeo por parte de la aviación japonesa, que desplazó la flota aérea desde Japón. Más de 300 cazas y bombarderos producen graves daños a la flota americana, que en poco más de una hora son destruidos 188 aviones de combate, 8 acorazados... y mueren más de 4000 personas. ¡¿CÓMO ES POSIBLE QUE EN PLENA GUERRA MUNDIAL, EN ESTADO DE ALERTA MÁXIMA, CON EL SOFISTICADO RADAR Y OTROS SISTEMAS, NO SE DETECTARA A TIEMPO LA LLEGADA DE LA AVIACIÓN JAPONESA!? ¿O hemos de sospechar que hubo "negligencia sospechosa", como la ocurrida en la explosión del Maine ¿..? Por intereses concretos, en dicho caso la entrada de los Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial - en el nuestro intervenir en Cuba - como así ocurrió en ambos casos de inmediato, con la característica parafernalia. Este país necesitaba también en dicho caso "una excusa de peso" para intervenir en la guerra que tenía lugar, CONVENCIENDO PREVIAMENTE A LA OPINION PUBLICA DE SUS HABITANTES. El ataque, al igual que en el caso Maine, se usó como pretexto, y la prensa realizó, una vez más, su trabajo: la tarea de adoctrinamiento masivo necesaria.
Otro hecho similar, igualmente sospechoso y bastante coincidente, fue con ocasión de la guerra de Texas (1836). El Ejército mejicano del general Santa Ana, en uso de total legitimidad para someter el territorio de Texas usurpado por miles de norteamericanos afincados, pone sitio al fuerte El Álamo, el 6 de mayo de aquel año; resultaron prácticamente asesinados todos los moradores, doce días después a pesar de que se recurrió al General Sam Huston, que se hallaba con unos destacamentos militares en lugar próximo. ¿Cómo es posible y por qué, el ejército estadounidense se negó frontalmente a acudir en auxilio de los sitiados? Sí acudió posteriormente a San jacinto dónde derrota a Santa Ana, creemos que con motivo y pretexto, no sólo para usurpar el estado de Texas en el mismo año, sino para más tarde invadir Méjico al grito de "Remember the Alamo", curiosa coincidencia, puesto que el tratado de Guadalupe Hidalgo (1848), -50 años antes de la voladura- el país vecino ha de ceder a los Estados Unidos los territorios de California (con americanos atraídos por el bulo interesado de la existencia de oro), Arizona, gran parte de la frontera norte y el resto de Texas.
Tenemos otro acontecimiento, éste más reciente y muy comentado en el momento, pero sumamente aleccionador: El día dos de agosto de 1964 el ataque de dos destructores norteamericanos en el Golfo de Tonkín, fue motivo para la Resolución del mismo nombre, por la que el Senado USA autorizó al Presidente para poder emplear en Vietnan cuantas fuerzas militares de Estados Unidos fuesen necesarias. Así, con éste pretexto, se inició la famosa escalada del Presidente Johnson, cuando es sabido que ambos buques se hallaban, probablemente espiando, en el momento de ser atacados, pero de esta forma los Estados Unidos lo usarían para sus intereses bélicos con aquel pretexto. Morse un polémico político y periodista de Oregón, publicó las siguientes palabras en 1968:" EL ASUNTO DEL GOLFO DE TONKIN FUE UNA COPIA EXACTA DEL AFFAIRE QUE HUNDIO AL MAINE... NO TUVIMOS RAZON EN EL GOLFO DE TONKÍN. FUIMOS UNOS PROVOCADORES. ESTUVIMOS ALLÍ TAN EQUIVOCADOS COMO CON RELACION AL HUNDIMIENTO DEL MAINE, EN LA HABANA, 68 AÑOS ANTES". A TODO ESTO SE AÑADE LO QUE EL PERIODISTA JOSEPH I. PUENTE, PUBLICÓ UN ARTÍCULO EN EL "EVENING STAR " DE WASHINGTON, EL DÍA 15 DE FEBRERO DEL MISMO AÑO 1968, DEL QUE EL HISTORIADOR CALLEJA LEAL EN EXCELENTE ARTÍCULO SOBRE ESTE ASUNTO, APARECIDO EN HISTORIA 16, NÚM. 176 DE DICIEMBRE DE 1990, MADRID, EXTRAE :" LA VERDAD SOBRE EL MAINE NOS ES CONOCIDA CINCUENTA AÑOS DESPUÉS, PERO LA SABÍA YA EL DEPARTAMENTO DE ESTADO EN 1898", Y QUE OCULTÓ PARA PODER INTERVENIR EN LA GUERRA CONTRA ESPAÑA, IMPUNEMENTE Y CON LOS GRAVES PERJUICIOS DE TODO TIPO CONOCIDOS” Esta aseveración es sumamente explicativa. N d A extraído de ponencia expuesta en Casa de Colón, Gran Canaria, 1998.

3Policía que en poco tiempo, tras la firma del Tratado de Paris, a mes y medio de la pérdida oficial de la soberanía española en Cuba, cesaba en sus funciones oficiales. Habría de abandonar la Isla corporativamente, ante una Comisión norteamericana de evacuación establecida en La Habana, que era la verdadera dueña de la situación pos bélica en detrimento de los cubanos y en perjuicio de España.
Tal como puntan Camino del Olmo y Cabo Meseguer, en el citado libro La Policía española de Ultramar, Fundación Policía Española, Madrid, 2003, p. 87, “como tantos españoles, los Guardias de Orden Público y también los de la Benemérita pertenecían al paisaje y paisanaje de la isla. De la lectura de la prensa cubana de la época se deduce tal arraigo en todos los campos sociales, vivían en contacto directo con alegrías y problemas de la sociedad a la que servían. En el Diario de La Marina, La Lucha, El País, El Español y otros diarios habaneros era habitual la aparición de los servicios llevados a cabo por estos leales servidores del orden…”.
Como tantos españoles, habían establecido raíces familiares personales en la Isla, y muchos de ellos abandonarían aquella tierra pero otros no. Cuba era ya el verdadero hogar de otros muchos españoles. Era necesario admitirlo, mientras no les esperaba nadie ni nada en la Patria vieja, si tenían un futuro en la nueva que se llamaba República de Cuba. La guerra fue sin duda muy cruel, ninguna guerra deja de serlo, pero no había desarrollado significativamente un sentimiento genérico y de enfrentamiento anti-español, que impidiera la convivencia y menos aún existiendo lazos de parentesco adquirido durante tantos siglos. La mayoría de los dirigentes cubanos en la emancipación eran de ascendencia española y fue también muy importante la presencia de españoles en las filas del ejército libertador cubano…entre ellos muchos “isleños”, como se ha dicho en otros apartados de este libro N d A

4El yate de Hearst estuvo anclado en lugar próximo al acorazado americano, cuatro días antes de la voladura, tomando fotos (otras fotos de la época así lo atestiguan). El magnate de la prensa, con varios corresponsales a su servicio en la Isla, había llegado de forma extraña y sorpresiva, hasta que fue expulsado por fuerzas del coronel español Paglieri, de la Guardia Civil. Nota del Autor.

5Son tantas, como las posibilidades que los saboteadores tienen para burlar la vigilancia o control institucional, y así lo comprobamos en "el fenómeno del terrorismo actual", imposible de controlar o de erradicar desde sus mismas bases, por ese mismo aliado que les permite la premeditación y la actuación "desde la sombra", unido a la persistencia en virtud de objetivos ideológicos que les obliga moralmente para llevar a cabo "lo que sea". Estos sentimientos maquiavélicos ya existían también en 1898 y posiblemente con mayor apasionamiento que ahora.
Aquel país, hoy gran imperio económico, crisol de todo tipo de pueblos y etnias, guarda en su haber desde los mismos inicios del siglo XIX, y hasta fechas actuales, un gran acervo de elementos humanos cuya conducta paranoica o esquizofrénica queda plasmada en graves crímenes que constatamos en su variopinta historia hasta hechos de protagonismo recientes en su propio país. La horca, la silla eléctrica, la cámara de gas o la inyección letal, son testigos mudos que presenciaron el último aliento de ese tipo de personas, cuya conducta patológica apuntamos... Es por todo ello que no podemos dejar como descartada aquella presumible premisa por la que una mano asesina dispuso, ordenó, permitió o actuó directamente en el acto que originó la tragedia del Maine y sus 266 muertos (más tarde 300), aún aceptando que imprevisiblemente desconocieran a priori los resultados criminales del mismo en cuanto a muertos y heridos pero sí las consecuencias políticas que se cumplieron según las previsiones que tanto en medios de prensa, políticos, económicos o de opinión pública, anunciaban y exigían como algo inaplazable e irreversible: "un argumento de peso para la entrada de los Estados Unidos en la guerra de Cuba, aspecto considerado como necesario y hecho evidente", para darle una solución definitiva, incluso por las propias autoridades españolas, que llegaron a desearla como mal menor. España acepta la guerra por dignidad y para salvar la Monarquía y el prestigio como potencia mundial, que aún era, aunque sabe que es una guerra perdida. Los norteamericanos llevan a cabo otro acto más de claro dominio imperialista a través de aquella política, mantenida hasta hoy, en actos claros y en diversos lugares de la geografía planetaria, aun considerando un claro deseo de paz mundial a su modo. Lo ocurrido en febrero de 1898 ocasionó la quiebra moral y de la dignidad de España en América, en cuantiosas pérdidas en hombres, material y dinero.
Hoy, se intuye lo ocurrido al Maine, pero nada es totalmente probatorio. Las cosas parecen igual,- no para el autor de este artículo- , sin embargo, debemos condenar a los EEUU por alevoso proceder en su incipiente imperialismo, y, por el contrario, ennoblecer la reacción laudatoria, consecuente y patriótica de España y de su gobierno liberal, a través de Sagasta y de la propia Reina Regente. No olvidemos que el propio presidente Mac Kinley, dudando si las potencias europeas pudieran ser contrarias a las intervenciones de Estados Unidos en el Caribe, o que pudieran proteger a la todavía "notable España", intentó un ultimátum final ofreciendo directamente a la Reina María Cristina la compra de la Isla de Cuba – y Puerto Rico – por 300 millones de dólares reservando un millón para los intermediarios, operación no aceptada por prestigio, y sobre todo al temor que la situación pudiera derivar para la propia Monarquía y su previsible caída, ya afectada por partidos claramente republicanos, al igual que para el propio gobierno y status creado desde la Restauración. Nota del Autor.

6Ponencia, con amplia documentación, de la historiadora cubana Dra. Matilde Fernández Muñiz en los cursos internacionales sobre el aniversario de estos hechos, celebrados en La Habana en agosto de 1994.

14 de enero de 2010

WEYLER: HOMBRE O DEMONIO

WEYLER: HOMBRE O DEMONIO
Por Miguel Leal Cruz
Proyecto de libro a editar por el autor.
Determinados contenidos aparecidos en el libro de reciente publicación “Los últimos de Cuba” del periodista palmero Carlos Fuentes (Editorial Idea-Quinta Columna), obliga a reconsiderar la figura de este militar español con protagonismo en Canarias y sobre todo en Cuba: Valeriano Weyler y Nicolau. El autor, recopilador de eventos canarios en la perla antillana, al hilo de lo que apunta uno de los entrevistados, añade “también lamentar que, a día de hoy, la plaza más noble de Santa Cruz de Tenerife tenga el nombre de uno de los personajes más infames que ha llevado España a Cuba, como es Valeriano Weyler, y que no haya un sitio público que reconozca la importancia que ha tenido Canarias en Cuba, y no se sepa quién es José Martí, o Ernesto Lecuona". Se considera, no obstante, que los mencionados sí son conocidos y bien, a tenor de lo escrito y divulgado sobre su protagonismo…
No es fácil ahondar en la personalidad de este militar español a la vieja usanza. Si bien, como se han abordado aspectos de él mismo en virtud de alguna investigación al efecto (publicada), procuraremos “un retrato” lo más objetivo posible, siempre teniendo en cuenta la fecha y circunstancias en que le tocó vivir (y actuar).
Como se dijo en otro momento, la nueva Ley de Defensa, puesta en vigor por el gobierno socialista (hoy se aplica con rigor) para regular la participación o envío de unidades de nuestras Fuerzas Armadas en intervenciones en el exterior (que se conoce por parentesco con estos profesionales), nos retrotrae a otros eventos pasados y a sus responsables políticos o militares, que causaron nefastos perjuicios a España: Guerra de Cuba (Reconcentración), Marruecos (Annual)…
Los que creen conocer la Historia (con mayúscula), consecuencia de profunda ordenación y estudio a la par que objetividad, les resulta difícil definir la actuación de determinados personajes, ya inmersos o que forman parta de ella por su destacado protagonismo en alguno de sus entramados. Nos referimos, en concreto, a este militar que con grado de general ha quedado vinculado a Canarias y en particular a la Isla de Tenerife, por destinos en esta región (a él se debe la creación del edificio de Capitanía y aledaños), premiado con un marquesado que lleva el título y nombre de dicha isla concedido a propuesta de los más destacados representantes locales e institucionales, en aquel momento. Era apreciado igualmente por otros profesionales subordinados e incluso por los soldados (a los que concedía permisos semanales por prestaciones extras al Ejército)
Sobre su polémica intervención en la campaña cubana se contraponen diversos
criterios que la misma la historia en sus pronunciamientos universitarios ha definido lo más objetivamente posible (es deber de todo historiador). Se ha dicho que Weyler fue ante todo un militar de su época y, por ello, consecuente y efectivo como tal, de que hizo gala en todos los actos profesionales en los que participó (no es lo mismo una actuación en el siglo XIX que en el XXI, al menos en España). Así parece probado tanto como subordinado o con el mando supremo que ostentará en la definitiva guerra cubana alentada por intereses ajenos a España desde una potencia emergente: Estados Unidos.
Distinto puede resultar su carácter y personalidad, que es propia de cada ser humano
considerado individualmente, por la fama de “duro” que como tal aún se le recuerda. Militar de profesión en el más amplio sentido en que esta actividad era considerada en su tiempo, por la concepción que se tenía de la guerra y las circunstancias que la acompañaban durante un siglo de variadas intervenciones propias en África y América a más de las habidas en territorio español. O las que tuvieron lugar en el ancho mundo como las napoleónicas, franco-prusiana, yanqui-confederada o hispano-cubano-norteamericana, entre otras que vendrán más tarde…
El concepto honor militar y valor militar eran comunes en la época y tenido en alta estima dentro del régimen clasista implícito a aquella casta que, con ordenamiento propio, disponían estos profesionales de la guerra. El permanente antagonismo entre políticos y militares fue otra constante del siglo XIX, decisivo a la hora de imprimir carácter a este estamento privilegiado. Actuaba, a veces, con plenos poderes y decisiones, en clara desobediencia y enfrentamiento con la autoridad política. Se llevaba a cabo en variadas ocasiones a través de los acuñados “pronunciamientos” tan en boga en España. Acción ésta que resultará, en su concepto y en su plasmación, extensiva a los países del área iberoamericana que por cultura común dieron nombre global a esta conducta, para convertirla en tópico universal por otros ejércitos en la asunción del poder civil: “los pronunciamientos militares” (al igual que el de “guerrilla”)
Pero ¿Qué ocurría en Cuba, tras el enconamiento de la guerra a partir de 1895?
Los relativos éxitos del General Martínez Campos tras El Pacto de Zanjón, complicaron la situación social en aquella posesión querida y arraigada con España desde mucho antes. El mismo Martínez Campos, que ya intuye la pérdida de la isla, solicita sea sustituido en el gobierno y jefatura del ejército por otro general de prestigio que también conocía Cuba; el mismo Weyler, que asumirá las riendas del mando supremo el 12 de febrero de 1896 en breve acto de toma de posesión en la Capitanía General de La Habana, sin apenas acto protocolario alguno.
Con táctica netamente militar intenta cambiar, por todos los medios, el signo adverso de los acontecimientos al aplicar nuevos métodos, considerados bárbaros (pero ya puestos en práctica en las reservas indígenas de Norteamérica), contra los insurrectos y elementos no adictos a la causa española; llegaron a su punto culminante en el Bando de Reconcentración firmado, el 21 de octubre del mismo año, pero con efecto mucho después de su toma de posesión al ver clara la concomitancia entre población civil con rebeldes y yanquis, orden que disponía: todos los habitantes en los campos o fuera de las líneas de fortificación (se refería ya a la creada por él desde Mariel a Majana, fortificada y electrificada) y de poblados, se reconcentrarán en el término de ocho días en los pueblos ocupados por las tropas, proceder encomiable como táctica militar Era previsible la sospecha que ahondar en la figura de este polémico militar decimonónico producía ampollas, entre cubanos fundamentalmente. Se recibe nota de un exilado cubano en Suecia, escritor y editor, Carlos Estefanía, director de la Web CubaNuestra, en la que alaba el artículo (y La Gaceta de Canarias, que lee en Pdf) cuando apunta que el debate aparece controvertido para españoles, “que no para cubanos”, aclara.
En efecto es entre historiadores (contemporáneos) cubanos donde más abundan los detractores en torno a la figura y actuación en Cuba del General Weyler como militar profesional y su política bélica en la Isla.
Se analizan desde diversas fuentes estimaciones sobre el número de fallecidos en estas concentraciones, difícil de cuantificar toda vez que no existían registros de los muertos y sus causas. Carlos M Trelles y Govín, historiador cubano, afirma que por estas causas murieron "no menos de 300.000 ", incluyendo al parecer los residentes habituales de las ciudades, antes de la medida, y que no fueron reconcentrados como tales, y los que murieron "por incumplir la orden" y quedar a merced de las dificultades de subsistencia derivadas de la propia guerra (política de tierra quemada en ambos bandos)
La mayor parte de las fuentes de la época están de acuerdo en la cifra de 50 mil desaparecidos sólo para la provincia de La Habana. El político y abogado español Álvaro de Figueroa, conde de Romanones, habla de 300 mil reconcentrados agonizantes y famélicos muriendo de hambre y de miseria alrededor de las poblaciones en las que fueron reagrupados (fuente esta creíble). Otro célebre político e intelectual de ideas progresistas, en la contienda por el poder en España a principios del pasado siglo, José Canalejas, afirmó en un contexto político "que aún antes de terminada la guerra cubana, entre los muertos caídos en el campo de batalla, por hambre, enfermedades y la reconcentración decretada por Weyler, ascendían aproximadamente a la tercera parte de la población rural de Cuba".
A este respecto, otro historiador cubano actual, José Cantón Navarro, en edición “El Yugo y La Estrella”, apunta que “la monstruosa medida no dio los resultados que España esperaba”. Si bien es cierto que aniquiló gran parte de la población civil y causó estragos entre las filas insurrectas. También obligó a miles de hombres, cubanos o vinculados a Cuba, a tomar las armas contra la metrópoli y provocar a su vez una ola de “indignación contra España en muchos países del mundo”. No obstante, no menciona la ingerencia norteamericana, y sí afirma que el curso de la guerra siguió favoreciendo a las armas cubanas, cesando la reconcentración hacia marzo de 1898 una vez sustituido Weyler, en pro de la política pacifista (del gobernador Blanco) impuesta desde Madrid por las circunstancias.
Es evidente que la estrategia bélica seguida por nuestro general en jefe, nunca puede constituir una solución ideal, al menos en el momento avanzado de la guerra en la que fue dispuesta. No hizo más que exacerbar el ánimo de aquellos que combatían con el ideal de la Cuba independiente, azuzados por propios intereses de los Estados Unidos, y a la par de los que mantenían la españolidad de la Isla.
El sufrimiento de sus familiares recluidos, reconcentrados o abandonados a su suerte, no habían hecho otra cosa que incentivar aún más el esfuerzo para expulsar a los españoles de la isla. Estos métodos expeditivos nunca han obtenido el resultado deseado y así lo hemos visto en otros momentos de la Historia: Las reservas indias en Norteamérica, años antes, o los campos de exterminio nazis, régimen sudafricano o camboyano…, después…
Esta política, netamente militar del general Weyler, haciendo uso del maquiavelismo más extremo con un objetivo y finalidad: ganar la guerra a la que los políticos españoles enviaron como general en jefe; Es claro, no obtuvo el resultado deseado por distintas circunstancias adversas. La suspensión de las labores agrícolas y el abandono de la vida en el campo, incrementó el número de adeptos que se suman a la causa cubana, a lo que añadimos la destrucción económica de todos los factores de producción que perjudicaba a ambos bandos. La desesperación, miseria, muerte y caos que sigue es "el caldo de cultivo" esperado y deseado por la caterva de periodistas yanquis afincados en la isla que servían puntualmente la noticia, claramente interesada y partidista, a sus rotativos norteamericanos, especialmente al notable The Word , y que como agencias de noticias de la época catapultaban sesgadas observaciones al mundo más desarrollado de la época, especialmente Europa y América. Es claro producen el efecto que buscaban desde el inicio: "el tópico de la crueldad española en América desde la conquista cuatro siglos antes y que tan claramente tenía, a su manera, el mundo anglosajón en la versión propia de las obras del padre Fray Bartolomé de Las Casas en su denuncia “Brevísima relación de la destrucción de las Indias” ". Mas ¿qué diferencia con la practicada por ingleses…, entre otros imperios coloniales de la época? Esta es la realidad histórica y sus conexos.
La presión periodística, diplomática y política sobre Valeriano Weyler, a lo que se une el acontecimiento nefasto para la historia de la España contemporánea como fue el asesinato de Canovas del Castillo (cometido por el anarquista italiano Angiolillo que días antes había contactado en Londres con agentes cubano-yanquis…), dio totalmente al traste con el deseo de este general, encomiable desde cualquier opción lógica para un militar de la época (Napoleón en Austria, a principios del siglo, ante los 300 mil cadáveres del campo de batalla, no se inmutó) cual fue su propósito de ganar la Guerra de Cuba prácticamente perdida cuando tomó el mando de las operaciones el 12 febrero de 1896; en cuya misión (por dos años) puso el máximo empeño cumpliendo órdenes superiores como militar en jefe… Una vez que regresa de Cuba, volvió a desempeñar importantes cargos militares; actuó con energía en el levantamiento civil que tuvo lugar en Barcelona en la conocida Semana Trágica (1909) contra la guerra de África, y murió en Madrid próximo al siglo de existencia, que denota la excelente salud de que siempre hizo gala. Llegó por ascenso escalafonal al grado de Capitán General. Escribió y editó en torno a 1910 “Mi mando en Cuba”, donde trata de justificar su actuación militar en aquella Isla, al tiempo que acallar la crítica a su gestión durante su mando

WEYLER: HOMBRE O DEMONIO (CONTINUACIÓN)

WEYLER EN CUBA

Tropas militares españolas en Cuba

La Guerra de independencia de Cuba (1895-1898), como se ha dicho, definitiva a pesar del esfuerzo de los españoles adictos y de los mandos militares en la isla, se extiende rápidamente desde Oriente hasta la provincia de Pinar del Río, en acción combinada de fuerzas insurrectas cubanas que asombraron al mundo de la época en el mismo año 1895. La opinión pública fue hábilmente movilizada a través de la prensa, único y eficaz medio de comunicación de masas y
que constituía un factor influyente, quedando amenazada, por último, la propia Habana sede suprema de la administración civil y militar españolas, en estado de alerta desde finales de dicho año y dos meses antes de la llegada del nuevo Capitán General: Valeriano Weyler y Nicolau, Marqués de Tenerife[1].

Con táctica netamente militar intenta cambiar, por todos los medios, el signo adverso de los acontecimientos, aplicando nuevos métodos, considerados bárbaros, contra los insurrectos y elementos no adictos a la causa española que llegaban a su punto culminante en el bando de reconcentración firmado, pero que tiene efecto mucho después de su toma de posesión, el 21 de octubre del mismo año, al ver clara la concomitancia entre población civil con rebeldes y yanquis, orden que disponía: «... todos los habitantes en los campos o fuera de las líneas de fortificación —se refería ya a la creada por él desde Mariel a Majana— y de poblados, se reconcentrarán en el término de ocho días en los pueblos ocupados por las tropas. Será considerado rebelde y juzgado como tal, todo individuo que transcurrido dicho plazo se encuentre en despoblado...». Como apunta el profesor cubano José Cantón Navarro[2], la citada orden motivó que «miles de cubanos tuvieran que abandonar sus hogares, fincas y demás propiedades —salvo los animales domésticos y enseres personales— y se trasladarían hasta los lugares designados por el bando. Los concentrados, sin medios de vida vagaban por los portales, parques y calles de las poblaciones, durmiendo a la intemperie y subsistiendo de la caridad pública», puesto que el ejército español poco o muy poco hacen por ellos, sólo vigilarlos.

Esta política de concentración en múltiples campos independientes, donde se fusilaba bajo mínimo pretexto a aquellos de sospechosa conducta de no afección —mujeres, niños, e incluso hijos de ilustres militares españoles, que resultaran sospechosos—, produjo la crítica de la prensa yanqui con el consiguiente daño a España y a su política colonial, al quedar afectados por dichas medidas la población campesina formada principal mente por ancianos, mujeres y niños al hallarse muchos de los adultos huidos o en el bando insurreccional ya nominado Ejército Liberador de Cuba y en abierta guerra contra el Ejército Español en la isla.

La situación de guerra desesperada en que desembocó, dio lugar a excesivos gastos a la hacienda española que llegado el momento devaluó la peseta cuando su cotización en el mercado internacional aún era superior a la del mismo dólar norteamericano.

La tópica frase «España pondrá en Cuba el último hombre y gastará la última peseta», no la pronunció solamente Cánovas del Castillo, también la usó, para sus intereses azucareros en la isla, Romero Robledo, político conservador vinculado por matrimonio a la familia cubana de los Zulueta propietario de varios ingenios azucareros, que repitió insistentemente: antes de transigir daremos la última gota de nuestra sangre y gastaremos el último escudo de nuestros bolsillos. Asimismo, al juicio de la guerra, en 1895, el entonces líder de la oposición liberal, Práxedes Mateo Sagasta con apasionamiento inusitado previno ante el parlamento que el gobierno español estaba dispuesto a invertir el último hombre y la última peseta para aplastar la rebelión cubana. Más tarde, a la vista de las circunstancias en Cuba y en el mismo territorio español, modificó totalmente aquella premisa, puesto que llegado el momento de reflexión, ante la proximidad de la derrota que se intuía en aquel verano de 1898, aparece en un artículo editorial de El Nacional, respecto a aquella defensa a ultranza para conservar Cuba, lo siguiente: cueste lo que cueste se transforma en pérdida de los fundamentos integristas preconizados, para acercarse más al sentido lógico y de racionalidad.., con una deuda que alcanza los 3.000 millones de pesetas, una inevitable guerra con los EEUU y todo perdido, y con la autonomía radical (en Cuba) que es igual a la independencia, que además los cubanos terminaron por no acatar, lo que supone la anarquía, y se pregunta ¿es que nadie ha pensado en una anexión pactada y beneficiosa para España o la venta en firme proyectada, pero no posible que garantice las propiedades de los peninsulares y nos redima de la deuda?

Todo este buen deseo se esfumó puesto que el escenario cambia de forma radical con en el estallido de la guerra hispano-americana, que provocada por los intereses yanquis, conduce irreversiblemente a la derrota..

GUERRA TOTAL A LA DESESPERADA: MACEO Y GÓMEZ

Waleriano Weyler y Nicolau[3], Marqués de Tenerife desembarca en el Puerto de La Habana, el día 10 de febrero de 1896, confirmado en el mando.

Asumirá amplios poderes de actuación, tanto civiles como militares, y es recibido con multitudinaria manifestación de apoyo en el mismo puerto y por las calles hasta el Palacio de Capitanía. Las principales peripecias de carácter oficial, desde su propuesta en España hasta su toma de posesión en Cuba, aparecen recogidos con carácter exhaustivo en los periódicos de la época nacionales, entre ellos Diario de Tenerife (Canarias)[4] y muchos extranjeros.

Como ya habían previsto los principales jefes cubanos en la ya considerada guerra como tal, generales Maceo y Gómez, la llegada del notorio general español inicia una fase nueva en la estrategia española. Weyler sentía total desprecio por la mucha “benevolencia” usada por Martínez Campos, que dio lugar a la llamada “invasión del oeste” y a las correrías de los principales jefes insurrectos cubanos en las mismas puertas de La Habana desde las provincias limítrofes, antes de la llegada y toma de posesión del General. Su primer comunicado a Madrid reflejaba claramente la gravedad de la situación, del que entresacamos:

«Cuando tomé el mando de esta Isla, Maceo estaba todavía en Pinar del Río —parece discrepar con otras fuentes— concretamente en Sabana del Mar, y el 11 en el molino de azúcar Laborí, cerca de Artemisa. Máximo Gómez, desde Oriente, se dirigía hacia Guayabal, a sólo 32 kilómetros de La Habana, por el Oeste, desde el molino Jamaica. Estaba acampado cerca del molino Portugalete, famoso por ser propiedad de Manuel Calvo, financiero que en la guerra anterior, había sido representante de los voluntarios, y por estar muy próximo a la capital.., donde reinaba el terror: mi predecesor, Martínez Campos, había tomado medidas contra un ataque enemigo... en Correos y en los principales edificios públicos, con equipos de «voluntarios» y de bomberos, y cada noche este admirable cuerpo vigilaba el sector externo de la ciudad, para impedir un ataque... La comida sólo podía llegar desde el campo a condición de «pagar a los rebeldes el impuesto que ellos pidieran... Al día siguiente de mi llegada, ellos, impidieron el aprovisionamiento de leche. Debería añadir que en la propia capital había conspiraciones, que entraban y salían municiones de diferentes tipos, y que... se había desvanecido todo respeto por la autoridad, y en todas partes se murmuraba contra España, en todas partes críticas y quejas... Nuestras distintas columnas, constituidas por contingentes aislados procedentes de cuerpos diferentes, y dirigidas por oficiales que no conocía, estaban deprimidas y no recibían alimentos de un modo regular. Había tal anarquía que, cuando los oficiales por un puesto militar, dejaban allí a algunos hombres y cogían otros nuevos. Las tropas tenían que abarcar un número enorme de granjas y pueblos... o sea que cuando un contingente era atacado, por los rebeldes, no contaba con ningún refuerzo positivo, y así se veían obligados a contemplar como ardían los cañaverales ante sus mismos ojos. Finalmente, la facilidad con que podían formarse guerrillas y fuerzas de voluntarios, para el bando español, “concediéronse” (sic) el grado de capitán o de comandante a cual quiera que lo pidiera, producía... una gran falta de unidad en el mando, desistiendo muchos de ellos al cabo de poco, y lo que es más grave pasándose al enemigo con armas y municiones... Y cómo en el cuartel general no se tenía un conocimiento suficiente de todo esto, se comprenderá que el trabajo que me aguardaba era difícil e ímprobo[5]”

Para agravar más aún la situación, la política yanqui-norteamericana “incentivaba”, más claramente ahora, la ayuda a los rebeldes en armas, dinero e iniciativas. Las fuerzas del General Máximo Gómez, a quien Weyler conoció[6] personalmente en Santo Domingo en 1865 durante una acción bélica conjunta, hacían gala de su capacidad militar en las mismas puertas de La Habana, burlando a las columnas enemigas que el nuevo mando envió en su persecución, con marchas y contramarchas, casi paralelas, que “despistaban” a los españoles. Maceo, el otro gran líder cubano de la guerra, que también luchó en la anterior contienda, “Guerra de los Diez años”, llevaba a cabo planes de estudiada estrategia militar para desacreditar a Weyler ante la gran expectación creada con su llegada y sobre todo influir en los periódicos de la época, que trataban en sus primeras páginas la cuestión cubana, sabido como era que el nuevo general venía a “pacificar” la isla a “sangre y fuego”. Evitar que V. Weyler se pudiera vanagloriar de posibles éxitos militares para ahogar la rebelión convertida en abierta guerra para toda la isla de Cuba, constituía el plan estratégico ideado por el General de color, llama do por ello “El Titán de Bronce”.

El cubano José Miró Argenter su compañero infatigable, protector y lugarteniente a más de cronista en la campaña de Maceo, claramente explica en sus memorias la forma en que llevó a cabo el citado plan, puesto en marcha desde antes de la llegada del nuevo y temido Capitán General.

Consistía en: Primero: lidiar contra todas las columnas españolas que guardaban la comarca central del Pinar del Río; segundo: abrirse paso a mandoble allí donde encontraran resistencia sólida, y tercero: encaminarse a la Provincia de La Habana, donde pensaban unirse a las columnas de Gómez, y hacer coincidir su presencia con las fechas de toma de posesión de Weyler en el mando del ejército español en Cuba.

Siguiendo la magnífica descripción militar que de este momento de la guerra aparece en el Libro Fuerzas Armadas, Cuba, 1972, extraemos aquello que más concierne a nuestro protagonista: El marqués de Tenerife y su vinculación bélica en la Mayor de las Antillas.

Para poner en práctica el plan ideado contra Weyler, Maceo encamina sus fuerzas hasta el Paso Real de San Diego de la provincia pinareña, en enero del mismo año 1896, entablando combate con la fuerte columna española de más de 2.000 hombres al mando del general García Navarro, quien, siguiendo órdenes superiores, las últimas de Martínez Campos, se retiró precipitadamente hacia La Habana, sin presentar batalla a los insurrectos, a donde habrían de reconcentrarse las tropas hasta la llegada del nuevo general en jefe.

Maceo le persiguió, siento interceptado por las columnas del general Luque, y con una carga a «machete», famosa, y pérdidas para ambas partes, logró proseguir la marcha. Conquistada fácilmente la población de Candelaria, cuyos defensores, los llamados “voluntarios”, se unieron a las fuerzas de Maceo en mayoría, tal vez para salvar la vida, continuó el avance hasta La Habana, en cuyas proximidades esperaría hasta el día doce de febrero, fecha anunciada para la llegada de Weyler, que viajaba en barco desde España.

Maceo ansiaba mostrar al mundo, y especialmente a la prensa, que resultaría fácil aparecer con sus fuerzas en las mismas puertas de la capital en el preciso momento en que llegara el legendario general. Contaba con unos dos mil hombres el día 17 de enero, situados a sólo cinco leguas de su extrarradio. A los efectos de acallar las manifestaciones de júbilo prodigadas por los citados voluntarios ante la llegada de Weyler, determinó atacar el poblado de Jaruco, fácilmente conquistado con la incautación de valioso material de guerra en fusiles, municiones y otros.
(Continuará)


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[1] Carlos Estefanía, director de una publicación cubana en Suecia Cuba Nuestra ha dicho: A principio de los años noventa el enfoque de la historia fue revisado en Cuba. Por primera vez se habló de españoles como corajudos soldados que enfrentaron al poderoso ejército norteamericano; así lo recordamos en las palabras con las que el historiador Eusebio Leal Spengler presentó un documental sobre el Contra Almirante Cervera y el hundimiento, frente a Santiago de Cuba, de la Escuadra de Operaciones de Las Antillas bajo su mando.
La llegada en 1996 del Partido Popular al poder en España y sus críticas a La Habana significó una inversión en esta tendencia. Muestra viva la dio Librínsula, publicación de Biblioteca Nacional. En su edición correspondiente al Año 1, No.47, viernes, 26 de noviembre del 2004, apareció un artículo titulado San Valeriano Weyler, donde se ataca duramente la Ponencia sobre “Weyler y la Guerra de Cuba”, enviada por el historiador canario Miguel Leal Cruz a la III Conferencia Internacional de Historia, celebrada en La Habana en 1998, y se trata de vincular su contenido con la ideología del Partido Popular, lo cual no era cierto. Hemos decidido dar a conocer en esta edición de Cuba Nuestra, la controvertida ponencia, no porque tengamos el menor interés de reivindicar a Weyler, cuyos crímenes contra la población civil cubana consideramos injustificables, sino por lo importante que es conocer como nos ve el otro, en este caso un español, y por las enseñanzas que aún podemos extraer de la tragedia desencadenada en Cuba hace 110 años por el general español, cuando puso en práctica las medidas recomendadas por su predecesor, Arsenio Martínez Campo; la de concentrar a los campesinos en ciudades y poblados , a fin de que no pudieran respaldar a los independentistas. Sólo podremos valorar en su justa medida el trabajo investigatorio de Miguel Leal que ahora presentamos, contraponiendo su ponencia a obras de claro hispanocentrismo, como Weyler: Nuestro Hombre en La Habana, de Gabriel Cardona y Juan Carlos Losada; es aquí donde encontramos la auténtica apología del espadón y donde la irreverencia ante sus muertos llega a limites inconcebibles, mientras se alaba su eficacia como estratega militar.
Y es este concepto weyleriano de “eficacia” sobre el que se construyen en general las guerras, paridoras eternas de “Weylers”. Ocurre que todo ejército, no sólo el de la España colonial, lleva Weylers en ciernes. Weylers fueron los generales que durante la guerra Anglo-Bóers crearon en Sudáfrica inmensos campos de concentración, donde murieron miles de mujeres y niños descendientes de los primeros colonos holandeses. Weylers fueron los generales del Ejército Rojo que aplicando la contingentación (sic) y colectivización de los campesinos rusos, desataron verdaderas hambrunas. Weylers concibieron los campos de concentración nazis. Y Weylers dejaron caer bombas sobre Hiroshima y Nagasaki. Como Weylers son los generales aliados que en la caza de Sadam Hussein permitieron el bombardeo de objetivos civiles. Y no menos Weylers son los llamados resistentes que, en nombre del Alah, el anti sionismo o el antiimperialismo, degüellan inocentes ante las cámaras de televisión o envían hombres-bombas arrancando la vida de todos cuantos andan por las calles, tengan culpa o no esos transeúntes de lo que hagan los sionistas y los imperialistas.
Solo hay una forma de conjurar a los Weylers de cualquier naturaleza; conjurando las guerras que los desencadenan, sean “buenas” o “malas”, y esto se logra de un solo modo, enterrando bajo una montaña de razones y palabras, apenas aparezca, la intransigencia. Carlos M. Estefanía, Estocolmo (S), febrero 2006, Cuba Nuestra.
[2] Cantón Navarro, José, El Desafío del Yugo y la Estrella, La Habana, 1995, citado, desde aspectos generales.
[3] Valeriano Weyler y Nicolau, Marqués de Tenerife nació en Palma de Mallorca, 1838 y falleció en Madrid, 1930. Capitán General de Canarias y de Filipinas. Fue designado por Cánovas del Castillo para reprimir la insurrección cubana en 1896. Posteriormente fue Ministro de la Guerra de 1901 a 1905, y 1907, y Capitán General de Cataluña (segunda vez), donde reprimió duramente los sucesos de la Semana Trágica de Barcelona (1909), que fue motivo para su cese posterior.
Militar enérgico y valeroso cuyos destinos en los lugares más conflictivos eran a petición propia. Abandonó Santo Domingo en 1865, en cuya ciudad conoció personalmente a Máximo Gómez, el futuro contendiente en la Guerra de Cuba, alcanzando el grado de Teniente Coronel de Caballería. Después de corta estancia en la Península volvió a Cuba donde en las primeras operaciones de 1868, a las órdenes del conde de Valmaseda, alcanzó el grado de Coronel por su heroico comportamiento en la toma de Bayazo a los rebeldes.
Fundó para esta guerra una especie de «legión extranjera» aceptando a negros, blancos, cubanos y todo tipo de «elementos» de cualquier origen, que constituyó el germen de lo que sería La Legión española.
Regresó a España y luchó contra las fuerzas carlistas —a las que más tarde, destituido en Cuba, quiso capitanear—, y por ello ascendido, el 23 de enero de 1878, con sólo 39 años de edad, al empleo de Teniente General. Destinado en Canarias hasta 1883, contribuyó con su mando a la edificación de obras militares, con repercusión en lo civil. Su mando revestía dureza pero fue apreciado por muchos de sus soldados. Construyó la Capitanía General en Santa Cruz de Tenerife, frente a la Plaza que aún hoy lleva su nombre, y el Hospital Militar, sin que «al Estado le costase un duro», al menos sin excesivos costes, para lo que concedía permisos extras a los soldados canarios a cambio de “prestaciones” en las obras. Cuando cesó en el mando, algunos tinerfeños solicitaron para él el título de Marqués de Tenerife que le fue concedido.
Más tarde, hallándose en Barcelona como Capitán General y en férrea lucha contra los anarquistas, fue nombrado por Cánovas para General en Jefe del Ejército en Cuba, a cuya isla llegó en febrero de 1896 con bien estudiado plan de operaciones, que puso en práctica inmediatamente con algunas victorias en el oeste. Creyendo tener pacificada a Cuba en el verano del 96, hubo de retomar la lucha. Mas, tras la pertinaz presión yanqui-norteamericana contra su política bélica y el asesinato de Cánovas del Castillo en circunstancias aún no totalmente aclaradas, motivó su cese en el mando, agosto de 1897, siendo sustituido por el General Blanco, obediente al nuevo presidente Práxedes Mateo Sagasta.
Regresó a España pero no decayó su carrera militar, puesto que en 1909 sofocaría el levantamiento de la Semana Trágica de Barcelona, con su sola presencia, según algunos de sus biógrafos, y llegó por ascenso en el escalafón de su clase al grado de Capitán General.
Escribió Mi mando en Cuba, tratando de justificar su actuación militar, al tiempo que acallar la crítica a su gestión de la que siempre ha sido objeto. Murió próximo a los cien años de edad que explica la excelente salud de que siempre hizo gala. Su nieto Wyler y Puga analiza la vida militar de su ancestro en la isla antillana. N d A.
[4] El prestigioso periódico Diario de Tenerife, Santa Cruz de Tenerife, Islas Canarias, a través de telegramas al director y otras diversas fuentes, recoge la crisis cubana en sus páginas, desde la caída de Martínez Campos hasta la toma de posesión del General Weyler en el mando de la Isla, y que resumimos:
Viernes, 17 enero 1896. Telegrama de nuestros servicios particulares.
Madrid, 16 -5,30 t.- El Consejo de Ministros celebrado hoy bajo la presidencia de la reina regente, sólo duró 25 minutos. El Presidente del Gobierno, Sr. Cánovas del Castillo, llegó algo retrasado. Salió un cuarto de hora después que sus compañeros. Los ministros desmintieron al salir, como falsos los rumores que han circulado, relativos al Capitán General Sr. liI Campos. Aseguraron que el Sr. Cánovas en su discurso de siempre, sólo se ocupó de la cuestión de Cuba. El ministro de la Guerra Sr. Azcárraga puso a la flama de la regenta vatios decretos de recompensas por méritos contraídos en la campaña de Cuba.
Después del Consejo, conferenciaron y almorzaron juntos los ministros de Estado y de Hacienda Sres. Duque de Tetuán y Navarro Reverter. Está siendo muy comentado, y en distintos sentidos, el consejo de hoy. Todos, sin embargo, convienen en atribuirle importancia. Los ministros se muestran sumamente reservados. Algunos parecen malhumorados.
Madrid, 16 -6 t.- Continúa habiendo gran animación política. En todos los círculos se considera que tendrá gran importancia el Consejo de Ministros que dice se celebrará mañana.
Supónese inminente el planteamiento de la crisis, con motivo del estado de la cuestión en Cuba. En las operaciones de hoy, en la bolsa se han acentuado la baja de todos los valores públicos.
Madrid, 16 -8,40 n.- Nuestro primer telegrama de esta tarde se trasmitió suprimiéndose el párrafo en que el Capitán General, Sr. Martínez Campos, comunica que las partidas —de insurrectos— que se hallaban en el Departamento de Oriente han engrosado la invasión en la parte occidental de la Isla. Con tal motivo alteró la distribución de las tropas, reuniendo 15.000 soldados que operaban en occidente.
Madrid, 16 -9 n.- Se asegura que el gobierno está decidido a acordar el relevo del Capitán General de la Isla de Cuba, Sr. Martínez Campos, aceptándolo la reina regente. En el caso de que los ministros Duque de Tetuán y Navarro Reverter, que continúan defendiéndole, se opusieran a aquel acuerdo, sur la crisis total. En los círculos políticos todos están animadísimos. En ellos nadie duda que se acordará el relevo del General.
Madrid, 16 -9,100.- Se ha recibido un telegrama particular de La Habana, participando que los insurrectos habían atacado nuevamente la población de Bejucal. La columna que manda el general Linares los derrotó completamente, causándoles muchas bajas.
Madrid, 16 -11,20 n.- El periódico El Heraldo de Madrid ha recibido un telegrama, diciendo que el Gobierno ha accedido al regreso para la Península al Capitán General Sr. Martínez Campos, por su falta de salud, el malogro de sus operaciones y la confesión de sus errores. El Sr. Cánovas del Castillo ha desmentido semejantes noticias.
Madrid, 17 -2,15 m.- De Partes telegrafían las siguientes noticias: «Ha causado gran impresión el telegrama publicado por Le Temps sobre la actitud de los voluntarios españoles de La Habana contra el Capitán General de Cuba Sr. Martínez Campos». Madrid, 17 -2,30 m.- Se lee que habiéndose enterado el General Luque de la presencia de insurrectos en dirección a Migostura, tras la lucha abandonaron los rebeldes cien caballos. Es de hacer constar que en la Provincia de La Habana, y proximidades de la capital, la actitud de rodeo y evasión de las fuerzas insurrectas, mandadas por el mismo Maceo, con relativos y efectivos triunfos, a más del efecto psicológico, fue principal causa de la crisis, que favoreció la destitución del Capitán General.
Madrid. 17 -3,25 m.- El Teniente General Sr. don Camilo Polavieja se ha presentado hoy a la reina regente.
El Sr. Cánovas del Castillo ha dicho que el cablegrama del Capitán General de Cuba, en que se comunica al Gobierno la discrepancia. El Sr. Cánovas del Castillo ha dicho que el cablegrama del Capitán General de Cuba, en que se comunica al Gobierno la discrepancia surgida entre los partidos políticos de La Habana. le obliga a plantear al Consejo de Ministros la cuestión del relevo del General Martínez Campos.
Madrid, 17 -5,45 t.- La noticia del relevo del General Martínez Campos de la Capitanía General de Cuba y dirección de la campaña, ha impresionado favorablemente a la opinión pública. El Sr. Cánovas, contestando a los periodistas que le preguntaban, ha manifestado que considera todavía algo prematuro decir nombre alguno de quien haya de sustituir al General Martínez Campos.
Madrid. 17 -7,30 t.- Acaba de terminar el Consejo de Ministros y por unanimidad ha acordado autorizar a don Arsenio Martínez Campos Capitán General de Cuba y a don José Arderius y García, Segundo Cabo de la misma, para que regresen a la Península.
Con el carácter de interinos les sustituirá, respectivamente, los Tenientes Generales don Luis Pando y don Sabas Martín. El motivo en que se funda el acuerdo, es la hostilidad manifestada al Sr. Martínez Campos por el partido de La Unión Constitucional de Cuba. Al finalizar, el Sr. Cánovas ha ido a Palacio para dar cuenta a la reina regente.
Créese (sic) que para reemplazar en propiedad al General Martínez Campos, se nombrará al General Weyler o al General Polavieja.
Madrid, 17 -11,40 n.- También esta noche han estado y están animadísimos los círcu los, principalmente los frecuentados por militares.
Coméntase el relevo del General Martínez Campos y las graves responsabilidades que tiene que afrontar el que le sustituya, por el gran avance de la insurrección cubana. Son numerosos y variadísimas las combinaciones que se hacen para los mandos militares.
Lo único que parece cierto es que el Gobierno prefiere para el del Ejército en Cuba al General Weyler. Créese que ya se le ha dirigido alguna consulta. En el caso de que vaya el General Weyler, es el Teniente General don Eulogio Despujol, Conde de Caspe, qnien probablemente le sustituya en el mando de Cataluña. Para mañana ha sido citado nueva mente el Consejo de Ministros.
Madrid, 18 -3,10 m.- Asegúrase que el General Weyler ha contestado al Gobierno que está dispuesto a ir donde se le ordene, pero que para el mando de Cuba necesita que se le revistiese de amplias facultades. De ir a Cuba, dícese que llevará consigo a otro Teniente General.
Madrid, 18 -3,30 t.- El General Martínez Campos, despechado, ha calegrafiado diciendo que él no dimitió, que se limitó a exponer al Gobierno lo ocurrido en la reunión de los jefes de los partidos políticos cubanos; que no le asustan los conflictos y que siempre los afrontó delante del enemigo; que, por eso, ha tomado el telegrama del Gobierno como una orden de destitución, y que se felicitará que la resolución tomada pueda resultar provechosa para España.
Es de hacer notar que Martínez Campos, a través de correspondencia con el Presidente del Gobierno, ya le había propuesto que fuese relevado en el mando por Weyler para contener la creciente insurrección cubana.
Madrid, 18 -6,30 t.- Dícese que el Capitán General Sr. Martínez Campos ha publicado en La Habana una alocución activa y violenta, dirigida al Ejército y a los habitantes de la isla de Cuba. Existe gran agitación en los círculos políticos.
Madrid, 18 -7,45 t- Urgente. Dimite el Duque de Tetuán, ministro de Estado, no el de Hacienda,.. Mañana se celebrará Consejo, en el que se decidirá quien ha de sustituir en la Capitanía General de Cuba, al Sr. Martínez Campos y se acordarán los demás nombramientos necesarios,
Barcelona, 18 -11,30 n.- Llamado por el Presidente del Consejo de Ministros, Sr. Cánovas del Castillo, esta noche ha salido para Madrid el Comandante en Jefe de este Cuerpo de Ejército. Marqués de Tenerife. A despedirlo acudieron a la estación de ferrocarril, las autoridades y muchos amigos. El General estaba conmovido. Aseguró que aún no estaba decidido que él fuera a Cuba y que hasta ahora sólo se le ha llamado a Madrid para conferencjar con él respecto a aquella guerra. Créese que el General Weyler, regresará el martes a esta Capital.
Si llegase a ir a Cuba el General Weyler, le acompañaría el Teniente General Don Federico Ochando y Chumillas. Se anuncia que el General Weyler considera que será necesario un refuerzo de 25.000 hombres para la más pronta finalización de la insurrección cubana. Dícese también que trataría de dividir el territorio de la Isla en tres distritos mili tares. Oriente, Centro y Occidente.
Madrid, 19 -8,10 n.- Se ha firmado por la reina regente, entre Otros decretos, el de nombramiento del Teniente General don Valeriano Weyler y Nicolau, Marqués de Tenerife, para el Gobierno y Capitanía General de la Isla de Cuba.
Madrid, 19 -11,10 n.- En el vapor correo que saldrá mañana de La Habana, debe embarcarse el General Martínez Campos. El Gobierno le reserva la presidencia del Consejo Supremo de Guerra y Mamia, vacante por el General Despujol destinado a Cataluña.
El Teniente General Weyler embarcará probablemente el 23 para la isla de Cuba. Créese que irán destinados con él para aquella isla, los Tenientes Generales don Emique Bargés y Pombo y don Francisco Javier Girón y Aragón, Marqués de Ahumada.
Madrid, 20 -11,00 m.- Telegrama de La Habana -entre otros asuntos-, que unos 150 familias salen de la isla y se dirigen a Tampa, temiendo la llegada de Weyler.
Barcelona, 21 -12 t.- De regreso de Madrid ha llegado a esta Capital, el General Weyler, Marqués de Tenerife. Se embarcará el sábado en este puerto en el vapor Santo Domingo, de la compañía Transatlántica. En Cádiz se transbordará al vapor Buenos es, de la misma empresa. Por todas las clases sociales se proyecta hacerle una cariñosa despedida.
Crónica del Diario de Tenerife, 21 enero 1896. Se lee entre otras gacetillas, «además de los telegramas dirigidos al General Weyler, Marqués de Tenerife, aparecidos en el día de ayer, firmados por el Alcalde y el Presidente del Cabildo, se han transmitido muchos más por diferentes asociaciones, sociedades y particulares de esta isla de Tenerife. No podía ser menos desde las muchas relaciones que cuenta en este pueblo agradecido el Marqués de Tenerife».
E igualmente, «La sociedad La X felicita al General Weyler ilustre hijo adoptivo de esta Capital por la confianza depositada en él en estas gravísimas circunstancias y deseándole éxito completo». Firmado: El Presidente. Rafael Hardissón».
Año X, núm. 2758, Diario de Tenerife, sábado 25 de enero de 1896.
Telegrama de nuestro servicio particular.
Barcelona, 24 -4,40 t.- Al Director del Diario.
En toda la ciudad reina gran animación para despedir mañana al general, Marqués de Tenerife y a las tropas que le acompañan... Ante los vivas de la multitud el General contestaba siempre «viva la integridad de La Patria»... El tiempo era bueno y la mar muy tranquila... Weyler marchaba a Cuba animadísimo y satisfecho».
Madrid, 28 -5,45 t.- Ha salido de Cádiz para Cuba el nuevo Capitán General de aquella isla el General Weyler. Manifestó que sólo ve dificultad para la rápida victoria en Cuba, la proximidad de la época de lluvias que podrá impedir las operaciones rápidas y en la gestión económica por la situación ruinosa que han creado los incendios en las fincas, la destrucción de ferrocarriles, la paralización del comercio y la falta de trabajo, sobre todo en las gentes de los campos.
Si a pesar de estos inconvenientes y de la extensión que han tomado los insurrectos, no lograse vencer y extinguirla dentro de dos años, se consideraría fracasado.
Madrid, 28 -10,25 o.- Se menciona la persecución, a instancias del representante español en Washington, por cinco buques de guerra al vapor Halding, que zarpó de Filadelfia para Cuba al frente de Calixto García, llevando anuas y municiones para los insurrectos... El citado buque se hundió posteriormente, ignorándose causas, sin embargo el día 30 la comisión norteamericana de Negocios Extranjeros, en el Congreso, se reúne para que se gestione ante el gobierno español y se conceda a los separatistas de Cuba los derechos y la condición de beligerantes. Y con un solo voto particular se propone se solicite de España que reconozca la independencia de Cuba... Más tarde esta propuesta alcanzaría mayoría en el Congreso.
Madrid, 2 de febrero 1898 -11 n.- Ha llegado a La Coruña el vapor correo de Cuba en el que regresa el General Martínez Campos. Ocasionará disturbios su presencia en Madrid.
Madrid, 6 -11,15 n.- En el Ministerio de la Guerra dicen que ningún dato oficial hay que autorice la creencia de que varios de los generales que están en Cuba, regresarán, cuando llegue allí el General Weyler (ahora en alta mar).
Madrid, 8 -5.45 t.- Hay noticias de haber llegado a Puerto Rico el vapor que conduce al General Weyler y a los demás generales que le acompañan. Se dice que hasta que Weyler, después de posesionarse del mando en Cuba comunique sus impresiones, no planteará el Sr. Cánovas la cuestión de disolución de las actuales Cortes.
Madrid, 10 -11,00 o.- Se sabe del gran recibimiento que se prepara al General Weyler en La Habana y se insiste en hablar del regreso de varios generales a la llegada de Weyler.
Madrid, 11 -3 t.- El General Weyler llega a La Habana... Numerosos vaporcitos y botes rodean al transatlántico, cruzándose patriotas vivas... El General dijo que no quería que se le hiciesen honores militares.
Al desembarcar y en el trayecto hasta el Palacio de la Capitanía, en la Plaza de Armas, fue constantemente aclamado por la inmensa muchedumbre que lo invadía todo. En el acto tomó posesión y recibió a numerosas comisiones y personas entre ellas a los jefes de los Partidos y a los Cónsules. El General ha dicho que en las actuales circunstancias por que atraviesa la isla, sólo era admisible la política española, y que no había más diferencia que «españoles y anti españoles». Era una clara advertencia que cumpliría más tarde con “tibios” y traidores.
Los telegramas de La Habana indican la creencia de que el General Weyler se proponía salir personalmente a las operaciones tan pronto como se enterara de la situación de las distintas fuerzas de nuestro Ejército.
Madrid, 11 -5,45 t.- El General Ochando ha sido propuesto por Weyler para Jefe del Estado Mayor del Ejército en Cuba.
Barcelona, 12 -5,50 t.- El vapor San Francisco ha embarcado hoy para Cuba un batallón de 1.000 plazas del Regimiento Otumba y 200 mozos rezagados... (estrategia prevista para su política en Cuba).
Madrid, 14 -5,30 m.- El senador por La Habana Sr. don Ramón Herrera, Conde de La Mortera, Jefe del Partido Reformista de la Isla de Cuba, que se encuentra en esta Corte, ha manifestado a varios periodistas.., y rogando que lo hicieran público.., que es inexacto que los reformistas cubanos opinen, como han dicho algunos diarios, en favor de la posibilidad de efectuar unas elecciones generales en Cuba..., ante las circunstancias dolorosas y excepcionales por que atraviesa la isla.., prácticamente, con todas las provincias en estado de guerra..
Los datos hemerográficos y comentarios que anteceden han sido extraídos del periódico Diario de Tenerife, citado, Biblioteca de Guajara, Universidad de La Laguna, Comunidad Autónoma de Canarias, España. N del A.
[5] Armiñan Pérez, Luis: Weyler, Ed. Gran Capitán, Madrid, 1940, y que igualmente apunta en las memorias que Weyler y Puga recoge en el libro En los archivos de mi abuelo. Madrid, 1946, referidas a su abuelo.
[6] Gómez, Máximo. Nació en Baní —República Dominicana—en el año 1836 y falleció en La Habana en 1905. Comandante de la reserva dominicana, que el Gobierno español trasladó a Cuba en 1865. Se unió a los rebeldes cubanos incorporándose a la guerra de «Yara» con grado de sargento mambí, finalizando en la misma como Jefe máximo del ejército cubano en 1878. Intervino en todos los intentos de insurrección habidos, posteriores contra España, hasta 1895. Año en este que asumió, a requerimiento del ideólogo cubano José Martí, el mando de los insurgentes levantados en armas en Baire el 24 de febrero. Dirigió la guerra en calidad de Generalísimo del Ejército Libertador, planteando la «invasión de Cuba» junto a Maceo, desafiando el poderío militar español representado por más de 200.000 hombres, en el momento cumbre de rivalidad contra Weyler, al que había conocido y junto al que lució en Santo Domingo, en el bando español como se dijo.
Imprimió una disciplina austera al ejército mambí y logró, tras variadas peripecias que le favorecieron —ayuda USA, muerte de Cánovas, voladura del Maine, entre otras fatídicas circunstancias.— la independencia de Cuba como territorio español en 1898, bajo dominio ahora norteamericano. Llegó a Presidente de la joven república, en 1901, a pesar de su origen extranjero.


Informados los españoles que las fuerzas de Maceo y Gómez, se habían reunido en la Finca El Boniato, lanzaron contra ellos cuatro fuertes columnas, concentradas en La Habana, obligando a las fuerzas mambisas a retirarse, decidiendo sus jefes desplazarlas hasta la provincia de Matanzas limítrofe, a la espera de las decisiones que tomará Weyler. Efectiva mente, el nuevo Capitán General, a su llegada, procedió a la reorganización del ejército español en Cuba, tal como había previsto. Creó tres cuerpos y un buen servicio de información y espionaje, sin olvidar la fundamental naturaleza defensiva usada como estrategia militar española a lo largo de la guerra cubana, así como la división de la isla en tres zonas.

Su meta fundamental era asediar a las fuerzas de los insurrectos en las provincias occidentales, especialmente Pinar del Río, para aplastarlas contra la línea de las trochas, sobre todo en la que él creará entre Mariel y Majana. Proceso que repetirá contra la de Morón-Júcaro, mandada construir por Martínez Campos y así controlar y derrotar a las fuerzas mambí entre ambas trochas, y finalmente, confinados los insurrectos en el extremo oriental, serían finalmente derrotados por el ejército español mayoritario y mejor dotado que el revolucionario cubano. Mientras tanto, la política de reconcentración ideada, continuaría funcionando para privar a los rebeldes del apoyo de los campesinos, “yanquis”, así como por la falta de información a lo que se sumaba la miseria creada entre ellos, lo que harían disminuir el deseo del pueblo cubano[7] por resistir.

Estos magníficos augurios de Weyler, estuvieron a punto de confirmarse en el verano del siguiente año, 1897, de no haber surgido el acontecimiento político, que sin duda marcó y cambió radicalmente el devenir de la guerra y su resultado político final: el asesinato del presidente del Gobierno español Cánovas del Castillo, en San Sebastián, el 8 de agosto de dicho año en circunstancias extrañas y que influiría en el curso de la guerra.

Con aquel objeto preconcebido Weyler, una vez comprobado “in situ” lo grave de la situación, publicó una serie de bandos que afectaban prácticamente a todos los aspectos del quehacer cotidiano de los habitantes de Cuba, especialmente el de la reconcentración, definitiva a fines del año, ya ideada por Martínez Campos y que nunca puso en práctica, y al que dedicamos un apartado sobre las consecuencias y resultados de esta política de desplazamientos humanos masivos. El 19 de febrero, dos días después de la firma de tales bandos, sus principales enemigos en la contienda los generales cubanos Antonio Maceo y Máximo Gómez, se entrevistaron en Soto para discutir las órdenes dictadas por Weyler, llegando a la conclusión que tales medidas, que afectarían mayoritariamente al pueblo cubano más pobre y miserable, serian a la larga beneficiosas a la causa, al comprender los mismos cubanos que el enemigo común a batir era el ejército español y su administración en la isla. Si bien no fue esta predicción la que cambiaría el curso de la guerra, sino el asesinato del presidente español Cánovas del Castillo y destitución del General.

Ambos acordaron que a partir de aquel momento evitarían los encuentros con las tropas que Weyler formaba en las cercanías de La Habana; en su virtud modificaban la táctica a seguir y los lugares en que operarían, de tal forma que Gómez actuaba en las provincias centrales de la isla y Maceo continuaría la guerra en la región occidental. El día 23 de febrero, El Titán de Bronce ya estaba operando en el valle del Guamacaro de la zona de Matanzas, y en el molino La Perla celebraron el primer aniversario de esta Revolución con una fiesta.

La desaparición del general de color en la Provincia de La Habana produjo el consiguiente rumor sobre su muerte, táctica que los españoles ya habían usado, pero la acción protagonizada por él mismo en el lugar conocido por La Perla, el 25 de febrero, hizo ver que no era cierto.

El 10 de marzo, Maceo y Gómez se encontrarían de nuevo, esta vez en el lugar conocido como El Galeón, última en que ambos próceres de la independencia cubana se unieran, toda vez que Maceo moriría más tarde en lo que parece fue una emboscada. Ratificaron sus anteriores acuerdos sobre la guerra a seguir y Maceo se dirigió a Pinar del Río, atravesando la provincia de La Habana con gran burla (sic) para las tropas españolas, y al propio Weyler que había prometido pacificar la provincia de Pinar del Río, como primera medida de carácter militar.

Pero el general español, no aceptó tal afrenta con ligereza, y decidió encerrar a Maceo al construir la nueva trocha, que tenía ideada desde su salida de España, modernizada, y equipada con luz eléctrica, a través de la estrecha cintura de la isla que va de Mariel a Majana, situada en el limite provincial entre La Habana y Pinar del Río; en su afán de vencer a Maceo concentró gran número de tropas con olvido para otros puntos claves y estratégicos de la isla en guerra general. Las acciones continuaban con singular ferocidad. Desde la región central, Máximo Gómez enviaba una circular, el 15 de abril, desde su cuartel general ambulante, declarando las órdenes a seguir en torno a la zafra del azúcar: “Los propietarios de los molinos que continúen moliendo.., serán ahorcados inmediatamente. Sólo es necesario identificarlos”. La función desempeñada por la «tea bendita», como la llamó el apóstol de la independencia cubana José Martí, muerto en combate en la localidad de Dos Ríos al inicio de la guerra, continuaba por sembrados, campos y haciendas, al objeto de hacer ver a cubanos y no cubanos que la guerra era total y definitiva. Maceo esquivaba en la provincia pinareña la batalla campal como táctica a seguir ya acordada, si bien a veces se enfrentaba irremediablemente, obligado a librar encuentros esporádicos contra el acoso de los españoles, cual fue el caso de la batalla de Cacarajícara, el 30 de abril. Allí perdió 200 hombres y más tarde 39 en Las Lajas, consecuencia del sistema defensivo y ofensivo ideado por Weyler desde la nueva trocha. Máximo Gómez desde su cuartel oriental, igualmente permanecía a la expectativa sin deseo de enfrentamientos directos, pero no por ello inactivo, puesto que la táctica de “tierra quemada” asombraba al mundo por su incidencia negativa para la subsistencia y para la infraestructura económica, ya casi totalmente destruida.
General Arsenio Martínez Campos

A mediados de 1896, Cuba presentaba un aspecto desolador con las haciendas azucareras inactivas. La mayoría de la población masculina se había unido a los rebeldes o a las fuerzas españolas de guerrillas para no morirse de hambre. Sin medidas sanitarias la viruela se extendía por todas partes, a la que se unía las fiebres típicas del verano en esta región tropical, anidando fácilmente con el hambre y la miseria.

Weyler luchaba contra todo tipo de adversidades además de otra seria dificultad en el interior mismo de La Habana por falta de verdadera adhesión a la causa española. Él mismo, dejó escrito: Muchos gérmenes de separatismo, que conspiran para ayudar a los rebeldes por todos los me dios. Las fábricas de tabacos son sus centros oficiales, pues allí, los lectores leen libros y artículos separatistas, junto con noticias, falsas o exageradas, del transcurso de la guerra, fomentando así entre los trabajadores el odio hacia España... Los sábados, después de recibir su paga semanal, se hace una colecta a favor de los rebeldes. Todo esto, dada la destrucción de las plantaciones de tabaco, sobre todo en Pinar del Río... y los empleados en paro, influidos por la propaganda, van, de un modo natural, a sumarse a las filas de la insurrección.

El duelo de Weyler y Maceo continuaba en el otoño, sin que las fuertes lluvias de aquel año lo impidiera (sic), según F. Foner. El general de color permanecía en las montañas de Pinar del Río, sin atreverse, o por que no lo consideraba conveniente, a romper la línea fortificada de Mariel-Majana. Valeriano Weyler, el 21 de octubre, dictó una de las primeras órdenes de “concentración”, para la región que controlaba Maceo que rezaba: “toda la población de Pinar del Río que viviera fuera de las fortificaciones de las ciudades habría de trasladarse en un plazo de ocho días. A partir de entonces se consideraría rebelde a todo el que se encontrase fuera de una ciudad fortificada y se le trataría como tal. Los que tuvieran ganado habrían de llevarlo a la ciudad más próxima”. Dos semanas más tarde el propio Weyler comenzaba “la cacería” del que fue su más feroz enemigo en la guerra cubana: José Antonio de la Caridad Maceo y Grajal[8], general mambí de Santiago, tez oscura, al que los cubanos llamaron y llamarán siempre “El Titán de Bronce”, biografiado con variedad de detalles por el historiador cubano José L. Franco en Apuntes para una historia de su vida, 3 tomos, La Habana 1973. De él dice: “El general Maceo representa el sentimiento de lucha, el espíritu de sacrificio, la generosidad humana, la nobleza, el orgullo nacional y la intransigencia revolucionaria, en un siglo de combates”.


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Foner, Philip S.: La guerra hispano-cubano-norteamericana, 1895-1898 y el nacimiento del imperialismo norteamericano, Madrid, 1975, aludiendo a la obra que dejó escrita el mismo General Weyler: Mi mando en Cuba. Madrid, 1910, vol. II, p. 538- 540, y que su nieto Weyler y Puga comenta.
[8]Antonio María de la Caridad Maceo y Grajal, nació en Santiago en 1845 y murió combatiendo en San Pedro. Punta Brava, La Habana, en diciembre de 1896. De ascendencia africana como tantos cubanos, se incorporó a la guerra de Yara, en 1868, con toda su familia luchando durante los diez años que duró hasta el pacto de Zanjón, que no acató, protestando ante el mismo Martínez Campos en Baraguá antes de marchar al exilio. Asumió la dirección de la nueva y definitiva guerra de 1895 junto a Máximo Gómez y José Martí, liderando la campaña denominada como la Invasión del oeste, desde oriente y que culminó en Mantaña la parte más occidental de la isla, provincia de Pinar del Río. Requerido por Máximo Gómez desde Camagüey, tras un recorrido suicida por territorio que dominaba Weyler, murió combatiendo cuando fue sorprendido, en diciembre de 1896, próximo a La Habana centro neurálgico de la administración española, cuando intentaba atacar la localidad de Marianao.
Su padre, Marcos, era de origen venezolano y también había muerto en combate duran te la toma de Santa Cruz del Sur, en septiembre de 1873.

Las medidas tomadas por Weyler, no amilanaban a los mambises de Maceo, que habían recibido material de guerra —expedición de Leyte Vidal— y se hallaban dispuestos para combatir en una gran batalla contra las fuerzas españolas venidas a su encuentro desde la trocha de Mariel. El 14 de octubre, sólo unas días antes de las “duras” instrucciones de Weyler, un corresponsal escribía: “En el presente, estando mejor organizados y bien abastecidos con armas y municiones —se refiere a los rebeldes bajo las órdenes de Maceo que han alterado sus tácticas, casi estáticas hasta aquel momento— y están ofreciendo resistencia a las tropas españolas. En los últimos días han tenido lugar cinco choques bastante serios... la crudeza con la que ambos bandos combaten, es una indicación de que la guerra ha entrado en una fase nueva y más activa”.

Estas circunstancias, contribuirían sin duda a la decisión tomada por el General Weyler para dictar órdenes de carácter más represivo al objeto de “controlar la situación adversa”.

El primer combate de Maceo, tras recibir los nuevos suministros, tuvo lugar el 23 de septiembre en la localidad de Montezuelo. Los españoles se retiraron del campo de batalla con 68 bajas, pero fue en el decisivo combate de Ceja del Negro, el primero de octubre en el que los españoles, a pesar de la superioridad numérica, sufrieron una importante derrota, puesto que sus columnas fueron barridas por la eficaz artillería de Maceo —nuevos cañones de construcción norteamericana traídos a Cuba por filibusteros yanquis, como se apuntó—. No obstante, la victoria de Maceo le supuso doscientas y más bajas, la mitad de sus efectivos en aquel momento, con que se mantuvo frente a los continuos ataques del ejército español, más organizado y mayor en número; si bien su optimismo y espíritu de victoria no decaía, y de lo que siempre hizo gala el general mambí[9] hasta su heroica muerte más tarde…

El 29 de octubre recibió órdenes de Máximo Gómez, pidiéndole que atravesara urgentemente las trochas y regresara a Camagüey en su ayuda. No era la primera vez que el general en jefe del ejército rebelde le hiciera tal petición, que siempre logró sortear por entrañar claro peligro. Esta vez la cosa era más seria, debido a las graves disensiones en la cúpula política del gobierno revolucionario cubano a la cabeza de Cisneros Bethencourt, otro isleño, con el que Gómez discrepaba militarmente y por su forma de ser: individualista y egocéntrica; también por que el signo de la guerra cambiaba, favorable para el ejército español consecuencia de la nueva táctica empleada por Weyler en el mando.

Como bien apunta Philip Foner, citado: No había nada nuevo, en estas incongruencias del mando civil y militar cubanos. Durante muchos meses ciertos miembros del gobierno civil habían llegado a irritarse extremada mente por su propia falta de importancia a causa de la fuerte individualidad de Gómez; éste insistía obstinadamente en vigorizar la política que consideraba esencial para la victoria. Cada vez estaban más reticentes sobre la forma en que Gómez sumariamente desechaba sus planes para obtener dinero, haciendo excepciones para su política de destrucción... su política terca de destruir toda la riqueza. Hubo momentos de verdadera división entre los líderes revolucionarios. Sin embargo, el general en jefe dominó la disputa y sus oponentes renunciaron, obedeciéndole.

Máximo Gómez, al solicitar la comparecencia de Maceo, era plenamente consciente de la importancia que para la causa llevaba a cabo el general de color en la zona del oeste de la isla —pero también el peligro que implicaba cruzar las líneas españolas—. Como el mismo Gómez señaló a Estrada Palma, el hecho de que los españoles tuvieran que concentrar tantas fuerzas contra Maceo les había debilitado en muchos otros lugares estratégicos, dando lugar a que se reorganizaran y se hallaran a punto operaciones militares en Guantánamo, Santiago o Camagüey. También Maceo había llevado a cabo una organización militar eficaz “con hombres bien entrena dos” y en su tomo “el mito de la invulnerabilidad del sistema de la trocha que creara Weyler”.

A la vista de estas circunstancias, queda claramente descubierta la existencia de una gran crisis que ponía en peligro la misma Revolución, que tan firme parecía unos meses antes, circunstancia que no es ajena a la táctica militar de Weyler. Maceo, que se dispuso a acatar la orden cuyo cumplimiento le costaría la vida, conociendo al viejo general dominicano, intuyó la gravedad de la situación y que tal requerimiento fue decidido sólo después de un cuidadoso análisis por Máximo Gómez.

Antonio Maceo, dispuesto a cumplimentar el llamamiento de su superior, comenzó la marcha hacia sofisticada trocha de Mariel, que obligatoriamente habría de sortear. Era esta la línea preferida de Weyler transformada en un formidable obstáculo militar, equipada con luces eléctricas, torreones con vigilancia y guardada por cerca de 15.000 soldados españoles; no era, sin embargo, un obstáculo insalvable, puesto que el 18 de agosto, el asistente negro de Maceo, Quintín Banderas, sigilosamente la había atravesado con cien hombres, aspecto éste que animó a Maceo, sin duda. La historiografía cubana aporta todo lujo de detalles en torno a estos sus “heroes”, la mayoría muertos en combate.

El 9 de noviembre el líder de color en su avance se encontró con las columnas de vanguardia de Weyler que logró sortear con habilidad y esfuerzo, con pérdida de un tercio del contingente que le acompañaba. Al día siguiente quedó rodeado por el grueso de la fuerza española —18 batallones de infantería y 6 batallones de artillería, un total de 6.000 hombres— al mando directo del propio general contra el que Maceo, sólo podía enfrentar unos 150 hombres al haber perdido otros tantos en choques habidos con el enemigo, como así apuntan fuentes cubanas.

El 11 de noviembre, después de burlar el acoso, Maceo se encontró ante la línea fortificada, totalmente contrariado, puesto que marchaba con retraso a lo previsto y al comprobar la verdadera fuerza de la trocha, que le impediría cruzarla con facilidad, se propuso permanecer oculto con sus hombres de máxima confianza, a la espera de información que le llegaría el 25 del mismo mes. Conocida la información optó por rodear la trocha por el mar a la altura de Mariel, en barco, con diecisiete hombres escogidos. En la noche del 4 de diciembre consiguieron pasarla, burlando la guarnición española y la cañonera costera -por la neblina existente-, y se refugia en La Merced, un trapiche abandonado, hasta contactar con unidades rebeldes de la provincia de La Habana, previamente avisadas del plan que había sido puesto en marcha en la localidad de San Pedro. Dicho plan consistía en atacar la población de Marianao, muy próxima a La Habana, y una vez que se obtuviera éxito en la acción, podría significar, a decir de Maceo, la inmediata destitución del general en jefe español, Valeriano Weyler y Nicolau, por el Gobierno desde Madrid…

Sin embargo, es necesario recordar aquí el conocido tópico extraído del refranero español que dice: El hombre propone y Dios dispone, a lo que habríamos de añadir, que es éste otro oscuro acontecimiento que la Historia guarda todavía en sus demasiados secretos o en muchas incógnitas indescifrables[10]; a decir de historiadores cubanos la pérdida del valeroso general, empecinado en liberar a Cuba e independizarla de España[11], texto que lo expresa, a partir del momento que Maceo cruzó la trocha por Mariel, de la forma siguiente: Provisto de caballo, cedidos, por las fuerzas -insurrectas- de la provincia de La Habana al mando de Sánchez Figueroa -coronel jefe de la brigada del sur que había acudido a la localidad de San Pedro de Hernández, Punta Brava-, se dirigió con 72 hombres a dicha población de San Pedro. Sorprendidos por numerosas fuerzas al mando del Coronel español Cirujeda, entablándose (sic) un combate que Maceo estimaba ganado por sus hombres -realmente disponía de pocas fuerzas-. Pero allí moriría cruzado a balazos, el héroe epónimo de la Nación, el revolucionario más consecuente y decidido de nuestras gestas libertadoras. Junto a él también caía -crueldades del destino-, el hijo del General en Jefe, Pancho Gómez Toro, que acompañaba a Maceo para reunirse con su padre a requerimiento de éste. Añade dicho texto que con esta muerte perdía la revolución del 95 al hombre capaz de librar el Ayacucho cubano, antes de que el imperialismo norteamericano, al que Maceo defenestraba por temor a las apetencias ya desatadas sobre Cuba, desencadenara la intervención armada en el Caribe, y con la seguridad que al igual que en «la protesta de Baraguá”, el 15 de marzo de 1878, ante Martínez Campos -existe el convencimiento de que Maceo, jamás hubiera aceptado la afrentosa Enmienda Platt. El profesor cubano don José Cantón Navarro, en su libro Cuba: El desafío del Yugo y la Estrella, ya citado, sobre la muerte del líder negro, en la página 68, indica: Al morir el Titán de Bronce presentaba en su cuerpo 26 cicatrices de arma de fuego. Había peleado en más de 900 combates y le rodeaba una leyenda de invulnerabilidad, por lo que fue muy difícil para las tropas mambisas aceptar la realidad de su caída. Cuba perdía con él, no sólo a un jefe militar y guerrero extraordinario, sino también a un líder de pensamiento revolucionario radical y de una lealtad extrema a la causa independentista, a la unidad de las fuerzas patrióticas por las que murió y del pueblo en general, así como a los ideales anti-imperialistas, latinoamericanistas e internacionalistas que guiaron su vida. Clásica postura revolucionaria, obtenida, posiblemente, del biógrafo del líder: José L Franco.

Otras fuentes de investigación histórica, profundizan y añaden datos sobre este hecho de gran repercusión en la prensa[12] y en el mundo de la época España lo celebró como triunfo militar e incluso en Canarias, en cuya capital, Santa Cruz de Tenerife sede de La Capitanía General, a cuyo frente estuvo Weyler desde 1878 a 1883, hubo “todo tipo” de celebraciones. Al difundirse por esta capital la muerte de Antonio Maceo, el capitán general, un navarro de bigote felpudo y traza avinagrada, a decir de Raúl Roa, p. 214, ya citado, organiza un ostentoso Te deum y una demostración pública de júbilo. Refiere que muchos isleños permanecen ausentes de estos actos, al igual que ocurriera con la caída y muerte de Agramonte, ya que se sienten canarios y no españoles. Los peninsulares que desfilan al frente del desordenado cortejo portan la efigie del general Weyler. Llenan el aire con insultos, bravatas y groserías. Algunos manifestantes, ebrios de alcohol y de sevicia, proponen a gritos asaltar las casas de Ramón Roa[13], el cubano desterrado a Canarias por orden de Martínez Campos, y de su amiga Aurelia Castillo González. Ramón Roa, dice su nieto, les espero revólver en mano en la azotea de su casa santacrucera, en compañía del amigo isleño, su protector Manuel Rallo, que había desempolvado su escopeta de caza. Los provocadores sólo se atreven a merodear por las inmediaciones. Días después aparece embarrada de inmundicias la puerta del Cabildo Insular, y es a partir de aquel momento cuando la Guardia Civil española (la Policía) perseguiría a Roa a todas partes.

Es lógico, que este singular acontecimiento, desde cualquier perspectiva, produjera en los cenáculos políticos, la prensa y la opinión pública de la época, el consiguiente «revuelo» en cuanto a las opiniones vertidas sobre el hecho y sus consecuencias para la insurrección cubana derivada a plena guerra, que podría derivar más aún a favor de España.

Los corresponsales tergiversaban las noticias a conveniencia de sus líneas de acción periodísticas. En la prensa neoyorquina, la que más de cerca seguía los acontecimientos, se dijo que Maceo había sido asesinado a traición o que le habían invitado a parlamentar y en el acto le habían matado. El Congreso norteamericano se reunió más de lo normal, y sus acuerdos oscilaban desde resoluciones pro-beligerancia como la de Cameron o actitudes más racionales como las del propio presidente Cleveland, tratan do de frenar la oleada bélica, aunque, el día en que murió Maceo, fue obligado a admitir en su mensaje al Congreso el siguiente texto: “Habiéndose manifestado la incapacidad de España —todo lo contrario en aquel momento— para habérselas con la insurrección cubana... nuestro deber para con la soberanía de España será reemplazado por deberes más altos que difícilmente podemos vacilar en reconocer y cumplir”, refiriéndose a la declaración clara de beligerancia, en la que intervendría Norteamérica con ayuda material y humana. Sin embargo añadió: “Si España ofreciera a Cuba una verdadera autonomía (una disposición autonomista) que, manteniendo la soberanía de España, satisfaciera (sic) todas las demandas racionales de los súbditos españoles, no habría un verdadero motivo que impidiera la pacificación de la isla”.

Como era de suponer esta propuesta de Cleveland, no satisfizo a los que realmente deseaban “la guerra y sus consecuencias”, proponiendo el senador Cameron el reconocimiento a la “República Cubana”, que fue aprobada bajo la influencia que la prensa impuso en la versión dada a la muerte de Maceo, “como un crimen más cometido por los españoles en América”, influyendo igualmente, entre los congresistas y opinión en general, las caricaturas grotescas que desde La Habana enviaban al periódico The World, sus dos empleados de confianza Remington y Harding, expresamente enviados para tal fin por el expresado rotativo considerado, a través de la línea editorial[14] seguida por su director Hearst, incitador de la guerra, el más independiente del momento y más anti-español de la prensa norteamericana, a quien España debería recordar la misma política defensiva para “la masacre” de indios en las reservas asignadas en aquellos territorios que fueron españoles. Es conocido que después de la victoria de las denominadas Trece colonias inglesas en el este norteamericano, sobre los ejércitos de la madre patria, sin perjuicio de la presencia anterior de holandeses, los propios indios autóctonos o los españoles al sur, comenzaron la feroz expansión hacia el Oeste y a costa de territorios en Florida que España y Francia han de ceder así como amplios territorios de indios deportados por la Ley de Traslados de Jackson, queda así consolidado un amplio territorio hasta la frontera de Méjico recién independizado de la Corona española, que la política “yanqui” de carácter imperial, hará suyos.



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[9] Estas noticias eran recogidas por cablegrama en toda España enviados desde La Habana y editadas en diferentes periódicos. Se destaca El Diario de Tenerife, ampliamente consultado para esta exposición de hechos.
[10] Nos referimos al hecho valeroso protagonizado por Maceo, en cumplimiento de órdenes superiores, cruzando una línea militar tenida por inexpugnable, sin hombres, sin información, y conociendo que al otro lado le esperaba su mayor enemigo, que tenía como orden del día permanente la caza y captura del general rebelde que más le incomodó en la contienda cubana a la que fue enviado desde España con un único fin: ganarla haciendo uso de su conocida efectividad en el campo militar.
[11] Fuerzas Armadas de Cuba, La Habana, 1972, ya citado. En la p. 436, de forma breve y escueta, se analiza este lamentable hecho para la historia de la Isla. Tal vez de forma chauvinista…que todo país da a sus héroes.
[12] Efectivamente la táctica empleada ahora por España en la guerra, con la intermediación valiosa de Weyler, comenzaba a dar resultados, y sin lugar a dudas la muerte de Maceo fue una importante victoria de los españoles, como antes fue la de Martí, Agramonte o el mismo hermano del líder, que podrían cambiar el curso de la guerra.
Sobre la muerte, gloriosa sin discusión, del general de color, y de las circunstancias en las que tuvo lugar existen numerosas versiones, algunas de ellas verdaderamente epopéyicas.
Foner, describe el hecho de la siguiente forma, tomando referencias del historiador cubano José L. Franco; El valiente y osado Maceo, una vez sorteado la trocha de Weyler por Mariel, y entablado contacto con las fuerzas rebeldes de La Habana —San Pedro—, decidió perseguir y aniquilar a los españoles, instalados en las proximidades y viendo un grupo de infantería enemigo, tras una alambrada a su izquierda, Maceo ordenó cargar a los cuarenta y ocho hombres que estaban alrededor de él. Los jinetes cubanos se vieron detenidos por la valla, y los soldados españoles de a pie concentraron fuego pesado de rifle contra ellos. Maceo ordenó al comandante Juan Manuel Sánchez, cortar la alambrada y envió al general de brigada Pedro Díaz con un pequeño grupo hacia la derecha en un movimiento de flanco. Después de dar estas órdenes, Maceo se inclinó hacia Miró, su ayudante y cronista, y gritó “esto va bien”. Estas fueron sus palabras puesto que una bala le dio en la cara. Dejando caer el machete, el caudillo cayó pesadamente de su silla mientras que al mismo tiempo unos doce hombres de la escolta del comandante Sánchez caían también bajo las balas españolas. Con el fuego enemigo en aumento, algunos de los rebeldes trataron de ayudar a Maceo y otros intentar detener a los españoles. El coronel Nodarse intentó colocar a Maceo, aún vivo, en un caballo y sacarlo de la escena de la batalla, pero mientras dos hombres alzaban a Maceo herido para colocarlo sobre un caballo, el caudillo recibió otra herida de bala, esta vez en el pecho. El jinete que trataba de sujetar a Maceo también fue desmontado por un disparo. El teniente Francisco Gómez Toro, el joven hijo del general en jefe de la contienda Máximo Gómez, acudió en ayuda de Nodarse para trasladar a Maceo cogido por brazos y piernas. Al ser herido el teniente Gómez, el coronel le ordenó que marchara del lugar, negándose, siendo herido de nuevo con mayor gravedad y yendo a caer sobre el cuerpo del general Maceo, exánime. El coronel Nodarse herido logró, no obstante, escapar de los españoles que se acercaban.
Añade el mismo autor que “el cuerpo del Titán de Bronce fue abandonado al enemigo. Los españoles quitaron las ropas y otras cosas de valor del cuerpo de Maceo y de otros rebeldes muertos, Evidentemente no reconocieron que aquel era el cuerpo del fabuloso y legendario líder mambí, porque, de saberlo, hubieran aprovechado la oportunidad de mostrar su cuerpo en La Habana. Los españoles supieron ya tarde que uno de los cuerpos de los rebeldes muertos, y los cubanos, después de hacer huir a las tropas enemigas recobraron los cuerpos. El de Maceo fue llevado a una casa abandonada en las proximidades. A las 3 de la tarde de la mañana del 8 de diciembre de aquel año, el héroe negro de la independencia cubana, en las dos principales guerras, era enterrado, junto con Panchito Gómez Toro, en un lugar llamado Cacahual, en Santiago de las Vegas”.
Días más tarde, el periodista destacado en La Habana, escribía el 14 de diciembre: “Weyler de forma accidental ganó la larga batalla entablada con Maceo. La muerte accidental del líder, a las puertas de La Habana... es sin duda un gran éxito para nuestro general... No se puede negar que este acontecimiento producía un fuerte impacto en la causa revolucionaria, por ser (Maceo) el líder más popular y conocido por su gran influencia entre los cubanos”. A partir de este momento, la guerra contra España la capitaneará totalmente el otro gran líder y viejo general dominicano que luchó junto a Weyler en Santo Domingo contra los haitianos (1864-65), Máximo Gómez, cuyo protagonismo continuará una vez liberada Cuba en 1899, de España, no de los EEUU.
[13] Raúl Roa, Memorias, que fue miembro de la política cubana, en la biografía escrita para conmemorar el centenario de la Guerra, en alusión a su abuelo, lo define “como un mambí de pluma y espada”. Nació rico, peleó por la independencia de Cuba y murió pobre. Es el prototipo del hombre que define el año 1868, pero que en 1895 es desterrado a Santa Cruz de Tenerife por el gobierno español en Cuba, ciudad donde vivió perseguido hasta la paz de París que dio término a la guerra, regresando a Cuba pobre y enfermo, con el alma agradecida a los muchos tinerfeños que le ayudaron en horas muy amargas. Memorias, La Habana, 1998 p. 212 y 213.
[14] La influencia de la prensa en los grandes acontecimientos políticos es notable a partir del siglo XIX. William Randolph Hearst, es considerado el prototipo que puso en práctica dicho máxima durante el expansionismo de su gran país en dicho período decimonónico y especialmente contra España durante la Guerra de Cuba y más tarde en las dos contienda mundiales y posterior periodo de la “guerra fría”. Apreciamos la ambigüedad informativa y nefasto estilo periodístico de este magnate de la prensa que fue el más feroz enemigo de España en la América anglosajona durante la contienda cubana, cuyo enconamiento en parte se le achaca, incluso su presunta relación con la voladura del acorazado Maine en el puerto de la Habana el 15 de febrero de 1898 que sentenció el contencioso.
Continuó en su afán de crear la gran América y su “destino manifiesto” con uso de lo que se llamó “bastón duro” para que su país fuera el líder mundial indiscutible, que, tras la política de buena vecindad de F D Roosevelt, aún mantiene en la actualidad. N d A
Fuerzas militares españolas en Cuba

Tras la muerte de Maceo, el general Weyler muy optimista al considerar pacificada la parte oeste de la isla, puso en práctica su plan preconcebido cual era asediar las fuerzas de Máximo Gómez, que se hallaban estacionadas en la parte central y oriental. Incluso antes de la muerte del líder negro, Weyler creyendo próxima y definitiva la pacificación occidental, dictó una orden el 19 de diciembre, por la que pensaba poner en ejecución la táctica ya planeada de invasión de oriente, de la que entresacamos: ... Mi propósito es que, durante mi estancia en Pinar del Río, no quede un lugar o una montaña sin haber sido atravesada por la correspondiente columna —se refiere a las provincias de Habana y Matanzas, con la intención de operar rápidamente a su regreso de la zona de Pinar del Río—, y que se haya acampado en los sitios real mente sospechosos... Era su objetivo peinar la zona con el propósito de evitar obstáculos en su próxima salida hacia Santa Clara y Camagüey.

En cambio, Máximo Gómez, había recibido la noticia de la muerte de Maceo junto a su propio hijo Francisco, que como se dijo pretendían reunirse con él y a su requerimiento, hallándose en Oriente; creyendo que ambos habían sido asesinados e informado por la prensa de Hearst y a instigación, se dispuso a moviliza sus fuerzas para atacar a los españoles. Con ferocidad y fuerte resentimiento dirigió gran cantidad de cubanos hacia la trocha de Morón-Júcaro, para internarse en Matanzas, cambiando su táctica, estática hasta aquel momento. Efectuará fuertes destrucciones económicas, quema de cañaverales, y pasará a la de la acción directa. Aspecto este que favorecía los planes de Weyler. Pero desde su posición privilegiada en Oriente, controlado eficazmente por el general Calixto García, y desde el cuartel general de Gómez en Camagüey —casi la mitad de la isla estaba controlada en este momento a excepción de las ciudades—, el general cubano llevó a cabo la llamada Campaña de la Reforma entre Las Villas y Camagüey, ocupación que se efectuó con tanta contundencia que las numerosas tropas del general español no pudieron tomar aquel pequeño territorio defendido por un pequeño número de soldados cubanos, a decir del propio General Gómez, pero no el periódico El Diario de Tenerife, citado.

En Oriente, Calixto García obtiene a principios del verano el éxito en la toma de la Ciudad de Victoria de Las Tunas y Guisa, importantes centros de abastecimientos y operaciones del ejército español, ciudades en las que los rebeldes cubanos lograron un importante botín en material de guerra e incluso numerosos prisioneros (comprobado en gran mayoría “isleños).

Máximo Gómez, a principios de junio, siguiendo con su nueva táctica de ataque a los españoles, se desplaza hasta Jinamaguayú en la provincia de Camagüey, desde donde prepara y obtiene la victoria de Saratoga, contra una columna española que le buscaba. Generalizada la batalla, en la tarde-noche del día 9, con fuerte acoso de la artillería española, Gómez dispone que se acose al enemigo durante toda la noche a través de guerrillas, mientras otras cortaban la alambrada que impedía el ataque directo contra las columnas españolas, único modo de cargar a machete. Sin embargo, Gómez ordena la retirada refugiándose en el batey de la finca Saratoga, donde son acorralados durante más de treinta horas, esperando refuerzos, pero sorprendentemente los españoles emprenden la retirada[15] a requerimiento de la Superioridad por el camino real que va a la ciudad de Puerto Príncipe (Camagüey).

Las circunstancias de la guerra hispano-cubana, no marchaban lo bien que deseaban los insurrectos y cubanos favorables a la independencia. Los contundentes éxitos de las fuerzas de Weyler —en número, formación, armamento y disciplina, muy superior— marcaban el curso de los acontecimientos hacia el triunfo en estos momentos, junio, julio y agosto de 1897.

A tal respecto Hugth Thomas apunta que... El optimismo español había crecido... A principios de verano el único cabecilla rebelde destaca do que quedaba en el oeste de Cuba, Quintín Banderas, se hallaba rodea do. Máximo Gómez, en Santa Clara, no tenía muchos seguidores... y sola mente la región de Oriente, fuera de las ciudades, era lo que quedaba a Weyler por someter..., por aquellas fechas[16]. Sin embargo, añade, “el costo de la guerra en hombres y dinero.., y conocido el peligro, siempre latente, de intervención de los EEUU, era motivo para la incertidumbre, aun teniendo en cuenta los claros éxitos militares españoles en Cuba...”, y también en Filipinas.

La carta que el presidente de la junta cubana en Nueva York, Estrada Palma, escribió el 17 de junio al General Calixto García, en contesta a otra suya en que pedía “ayuda” para la guerra contra España, es sumamente esclarecedora: “Comprendo..., le decía, su difícil situación. La verdad es que las fuerzas de Oriente y Camagüey son las únicas que se han movilizado en su totalidad, tanto en esta guerra como en la pasada —de 1868 a 1878—. Recordará Vd. que el general Rolov (padre) tuvo la idea de cruzar desde Las Villas hasta Camagüey para armarse y disponer allí un convoy de municiones. Desde luego, los hombres sin armas no pueden ahora cruzar la trocha.., de no ser así esa habría sido la manera racional de incrementar las fuerzas de las Villas... Ahora estoy haciendo una especial petición de fondos a los emigrados. Tengo poca confianza en el resultado por que, en realidad, aquellos a quienes les ayuda algún valor patriótico tienen unos recursos financieros cada vez más pequeños, y los ricos, con pocas excepciones, son sordos a la voz del deber. Muchos de ellos, sin duda, verían con gusto un nuevo sometimiento de Cuba a España...”.


General Arsenio Martínez Campos

La única ayuda efectiva para la revolución cubana en estos momentos, era la prensa yanqui-americana y las continuas protestas del Secretario de Estado, Sherman, ante el gobierno español por los métodos de Weyler, a la que España contestó indicando “que si bien la guerra era dura, también había sido la civil americana, y se refería, a la invasión de los generales Hunter y Sheridan por el Shenandoah, a las actividades del general Sherman en Georgia, y a otros puntos oscuros de la historia de los EEUU”. El mismo general Sherman, ya anciano, había defendido la política militar de Weyler, justificándola ante la táctica destructora de Máximo Gómez y de sus fuerzas mambisas que le recordaba la presunta actuación “criminal” de las tribus indias americanas.

Al comienzo de julio, este general, impotente, se encamina hacia provincia de Oriente, donde tuvo que mantener la disciplina, decaída desde algún tiempo, acompañado de la conducta ambigua de numerosos comerciantes, poniendo orden y remedio, y procediendo a la destrucción de bienes económicos, que por pertenecer a familias extranjeras, en principio afines a la Revolución, no habían sido destruidos con anterioridad. Regresó nuevamente a Camagüey, después del fatídico mes de agosto para la causa española por el asesinato del presidente del Consejo de Ministros Cánovas del Castillo, día 8 en circunstancias históricas no suficientemente investigadas, para atacar y poner sitio al pueblo de Cascorro en el momento en que el general en jefe Valeriano Weyler, se hallaba ya bajo “la espada de Damocles” para su destitución y relevo, en octubre del mismo año. No lo fue por motivos militares exclusivamente, sino netamente políticos y de presión yanqui-americana. Es digno de mencionar el entendimiento entre el anarquista italiano Angiolillo con elementos cubanos antiespañoles y que tras una previsible entrevista en Londres días antes de cometido el asesinato del político conservador español, hacen que la teoría tome forma. Hoy nadie duda la relación entre el asesinato de Cánovas y la guerra.

A partir de estos momentos, siguiendo los hechos, España perdería la contienda de Cuba a pesar de las medidas de buena voluntad que siguieron a la destitución de nuestro protagonista.

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[15] Fuerzas Armadas Cubanas, La Habana, 1971 p. 449, 450 y s.
[16] Hugth, Thomas: Cuba la lucha por la libertad. Vol. 1, México, 1973, p. 455.


A MODO DE CONCLUSIÓN:

No es fácil ahondar en la personalidad de este militar español a la vieja usanza. Si bien, como se han abordado aspectos de él mismo en virtud de alguna investigación al efecto (publicada), procuraremos “un retrato” lo más objetivo posible, siempre teniendo en cuenta la fecha y circunstancias en que le tocó vivir (y actuar).
Como se dijo en otro momento, la nueva Ley de Defensa, puesta en vigor por el gobierno socialista (hoy se aplica con rigor) para regular la participación o envío de unidades de nuestras Fuerzas Armadas en intervenciones en el exterior (que se conoce por parentesco con estos profesionales), nos retrotrae a otros eventos pasados y a sus responsables políticos o militares, que causaron nefastos perjuicios a España: Guerra de Cuba (Reconcentración), Marruecos (Annual)…
Los que creen conocer la Historia (con mayúscula), consecuencia de profunda ordenación y estudio a la par que objetividad, les resulta difícil definir la actuación de determinados personajes, ya inmersos o que forman parta de ella por su destacado protagonismo en alguno de sus entramados. Nos referimos, en concreto, a este militar que con grado de general ha quedado vinculado a Canarias y en particular a la Isla de Tenerife, por destinos en esta región (a él se debe la creación del edificio de Capitanía y aledaños), premiado con un marquesado que lleva el título y nombre de dicha isla concedido a propuesta de los más destacados representantes locales e institucionales, en aquel momento. Era apreciado igualmente por otros profesionales subordinados e incluso por los soldados (a los que concedía permisos semanales por prestaciones extras al Ejército)
Sobre su polémica intervención en la campaña cubana se contraponen diversos criterios que la misma la historia en sus pronunciamientos universitarios ha definido lo más objetivamente posible (es deber de todo historiador). Se ha dicho que Weyler fue ante todo un militar de su época y, por ello, consecuente y efectivo como tal, de que hizo gala en todos los actos profesionales en los que participó (no es lo mismo una actuación en el siglo XIX que en el XXI, al menos en España). Así parece probado tanto como subordinado o con el mando supremo que ostentará en la definitiva guerra cubana alentada por intereses ajenos a España desde una potencia emergente: Estados Unidos.

Distinto puede resultar su carácter y personalidad, que es propia de cada ser humano considerado individualmente, por la fama de “duro” que como tal aún se le recuerda. Militar de profesión en el más amplio sentido en que esta actividad era considerada en su tiempo, por la concepción que se tenía de la guerra y las circunstancias que la acompañaban durante un siglo de variadas intervenciones propias en África y América a más de las habidas en territorio español. O las que tuvieron lugar en el ancho mundo como las napoleónicas, franco-prusiana, yanqui-confederada o hispano-cubano-norteamericana, entre otras que vendrán más tarde…

El concepto honor militar y valor militar eran comunes en la época y tenido en alta estima dentro del régimen clasista implícito a aquella casta que, con ordenamiento propio, disponían estos profesionales de la guerra. El permanente antagonismo entre políticos y militares fue otra constante del siglo XIX, decisivo a la hora de imprimir carácter a este estamento privilegiado. Actuaba, a veces, con plenos poderes y decisiones, en clara desobediencia y enfrentamiento con la autoridad política. Se llevaba a cabo en variadas ocasiones a través de los acuñados “pronunciamientos” tan en boga en España. Acción ésta que resultará, en su concepto y en su plasmación, extensiva a los países del área iberoamericana que por cultura común dieron nombre global a esta conducta, para convertirla en tópico universal por otros ejércitos en la asunción del poder civil: “los pronunciamientos militares” (al igual que el de “guerrilla”)
Pero ¿Qué ocurría en Cuba, tras el enconamiento de la guerra a partir de 1895?
Los relativos éxitos del General Martínez Campos tras El Pacto de Zanjón, complicaron la situación social en aquella posesión querida y arraigada con España desde mucho antes. El mismo Martínez Campos, que ya intuye la pérdida de la isla, solicita sea sustituido en el gobierno y jefatura del ejército por otro general de prestigio que también conocía Cuba; el mismo Weyler, que asumirá las riendas del mando supremo el 12 de febrero de 1896 en breve acto de toma de posesión en la Capitanía General de La Habana, sin apenas acto protocolario alguno.

Con táctica netamente militar intenta cambiar, por todos los medios, el signo adverso de los acontecimientos al aplicar nuevos métodos, considerados bárbaros (pero ya puestos en práctica en las reservas indígenas de Norteamérica), contra los insurrectos y elementos no adictos a la causa española; llegaron a su punto culminante en el Bando de Reconcentración firmado, el 21 de octubre del mismo año, pero con efecto mucho después de su toma de posesión al ver clara la concomitancia entre población civil con rebeldes y yanquis, orden que disponía: todos los habitantes en los campos o fuera de las líneas de fortificación (se refería ya a la creada por él desde Mariel a Majana, fortificada y electrificada) y de poblados, se reconcentrarán en el término de ocho días en los pueblos ocupados por las tropas, proceder encomiable como táctica militar…

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